Esta situación tiene un antecedente histórico en los años 90, cuando el tipo de cambio favoreció la llegada de carne importada al país. Hoy, con un dólar retrasado, el negocio vuelve a ser rentable para los importadores, pero se da en un contexto muy distinto que afecta gravemente al sector productivo nacional.
La producción porcina argentina ha mostrado un crecimiento ininterrumpido en los últimos 20 años, producto de importantes inversiones que han mejorado la eficiencia del sector. En 2024, la producción de carne porcina creció otro 3%, con destino casi exclusivo al consumo interno. De acuerdo con datos oficiales, el consumo per cápita de carne de cerdo en Argentina fue de 17 kilos el año pasado. Sin embargo, estimaciones privadas, basadas en la venta de insumos, elevan ese número a 23 kilos, señalando una importante comercialización informal del producto.
El aumento de las importaciones, sumado a la falta de medidas que corrijan las distorsiones del mercado, como el diferencial de IVA entre las inversiones y la venta de carne, genera incertidumbre en el sector. Los productores advierten que esta situación puede frenar el crecimiento de la actividad y afectar la sustentabilidad de las inversiones realizadas en los últimos años.
"Siguen apareciendo nuevos importadores con casi 0% de mano de obra local que están socavando un desarrollo normal del sector y cuestionando muchas de las inversiones que se vienen realizando. Algunos seguirán, pero muchos han decidido hacer un Stand by (modo de espera). En esta operación de febrero salieron del sistema mas de 12 millones de dólares, algo que a la Argentina se ve que le sobra (que no se entere el FMI)", remarca Uccelli en su reciente estudio.
Por su parte, las exportaciones del sector porcino subieron en febrero, cuando se comparan tanto el mes anterior, como el mismo mes del año pasado.
"Hay un esfuerzo muy grande de parte de los exportadores ya que los negocios son de poco a nada rentables y el objetivo es mantener el mercado abierto. El 14% fueron carnes de cerdo con un promedio muy bajo de menos de 1.000 dólares la tonelada. El resto fueron despojos con un valor promedio de 350 la tonelada. No son valores que permitan avanzar en las cantidades que debemos exportar. El dólar no tiene el precio correspondiente y las consecuencias se ven en la imposibilidad de ser competitivos, con una carga impositiva descomunal", detalla el especialista.