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Cajón de Ginebra Grande: el pueblo fantasma de Patagonia con historia ganadera y nombre insólito

En la meseta patagónica sobrevive un pueblo casi desierto cuyo nombre nació de una carreta, una tormenta y una caja de ginebra.

En plena meseta de la Patagonia, sobre el kilómetro exacto en que la Ruta Nacional 25 corta el centro-oeste de la provincia de Chubut, existe un paraje cuyo nombre detiene a cualquier viajero: Cajón de Ginebra Grande. Sus calles están vacías, sus construcciones resisten el frío con paredes que se inclinan sin caer, y el silencio solo lo rompe el viento que baja desde la cordillera.

Es, en toda la extensión del término, un pueblo fantasma. Sin embargo, detrás de ese abandono se esconde una historia productiva de más de un siglo, profundamente ligada al comercio carretero y a la ganadería ovina que todavía define la economía de la región.

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Las construcciones originales del pueblo resisten el paso del tiempo en plena meseta patagónica, sobre la Ruta 25.

Un nodo estratégico

La historia de Cajón de Ginebra Grande se remonta a la última década del siglo XIX. Durante los años 1880 y 1890, la región fue escenario de un intenso tráfico de trabajadores y mercaderes que recorrían el largo trayecto entre el Valle 16 de Octubre y el valle inferior del río Chubut. Las carretas tardaban días en completar esa travesía por la estepa, cargadas con materiales de construcción y provisiones destinadas a los primeros asentamientos que surgían al pie de los Andes.

Esa realidad logística convirtió al paraje en un punto obligado de abastecimiento. A lo largo de la ruta se instalaron proveedurías para atender las necesidades de los viajeros, y Cajón de Ginebra Grande creció alrededor de esa función. En 1908 abrió el almacén de ramos generales conocido como "Los Mellizos", que se convirtió en el centro neurálgico del pueblo.

Catorce años más tarde, en 1922, el Estado nacional inauguró la Escuela Nacional N° 64, a la que asistían unos 20 niños de las estancias cercanas. El paraje también operó como estafeta postal y fue, durante su apogeo, el comercio más populoso de la zona, al que se llegaba a caballo o en carro.

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"La República Argentina basa su porvenir en la educación de sus hijos." 25 de Octubre de 1922. Así dice el pizarrón de la Escuela Nacional No.64 del paraje Cajón de Ginebra (Chubut)

El curioso nombre: tres versiones, una misma bebida

Pocos topónimos argentinos generan tanta curiosidad como el de este paraje. Su denominación no proviene de ningún prócer ni de un acontecimiento épico, sino de un hecho tan fortuito como pintoresco. Al menos tres versiones circulan entre la historia oral y los registros de la época, y todas involucran cajones de ginebra.

La versión más extendida sostiene que, en uno de los viajes de carreta que atravesaban la zona hacia 1890, un cajón de ginebra cayó al suelo y quedó abandonado en el camino. Desde entonces, ese punto se volvió referencia ineludible: cualquier acontecimiento ocurría "más acá o más allá del cajón de ginebra".

Tiempo después, un segundo cajón —este de mayor tamaño— cayó en otro trayecto cercano, lo que derivó en la diferenciación entre Cajón de Ginebra Grande y Cajón de Ginebra Chico, dos parajes separados apenas por una loma y por 7 kilómetros de ruta.

Una segunda hipótesis tiene raíz comercial: dado que el sector más poblado del paraje concentraba mayor demanda de la bebida, allí se acumulaban más cajones de ginebra, lo que habría originado la distinción entre "Grande" y "Chico" según el volumen de consumo y la densidad de casas a cada lado de la loma.

Una tercera versión proviene de la comunidad galesa que habitó la región, que denominaba al lugar "Bocs Gin", expresión traducible como "ginebra triste". También circula un relato según el cual una partida de carreros que transportaba mercadería hacia el oeste, junto a un grupo de buscadores de oro, quedó atrapada durante varios días por una nevada copiosa. Para sobrevivir al frío, los conductores consumieron el contenido de un cajón de ginebra de la carga. El paraje guardaría, así, la memoria de esa supervivencia.

El aventurero, periodista y explorador Francisco Pietrobelli documentó su paso por la zona en enero de 1897 durante su recorrido por el territorio chubutense, lo que constituye una de las primeras referencias escritas sobre el área.

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Francisco Pietrobelli fue tambien el fundador de Comodoro Rivadavia en 1901 y la historia lo recuerda como el primer periodista que tuvo la ciudad.

La ganadería ovina: el motor que sobrevivió al pueblo

Mientras el comercio y la población del paraje fueron declinando a lo largo del siglo XX, una actividad productiva se mantuvo sin interrupciones: la ganadería ovina extensiva. En las estancias que rodean Cajón de Ginebra Grande, la cría de ovejas sigue siendo el sostén económico del territorio, como ocurre en la mayor parte de la meseta patagónica.

Esta actividad no es nueva en la región. El desplazamiento de la ganadería ovina desde la pampa húmeda hacia el sur comenzó en los mismos años en que el paraje adquirió su nombre, y el departamento Paso de Indios —del que Cajón de Ginebra Grande forma parte— pasó a integrar ese modelo agro-exportador que convirtió a la Patagonia en proveedora de lana y carne ovina para los mercados internacionales.

Las estancias de la zona producen principalmente animales de raza merino australiano, con foco en la venta de lana, corderos y reproductores. El ciclo ganadero determina el ritmo de vida en estos campos: la esquila anual es el acontecimiento económico más relevante, y los establecimientos más capitalizados complementan la producción ovina con infraestructura forrajera para los meses de invierno.

Hoy, las calles desiertas de Cajón de Ginebra Grande contrastan con la actividad silenciosa que se desarrolla en los campos circundantes. El pueblo es un pueblo fantasma; las estancias, no. Ese contraste resume con precisión la historia de buena parte de la meseta patagónica: núcleos urbanos que nacieron al calor del tráfico comercial y desaparecieron cuando ese tráfico cambió de forma, mientras la ganadería extensiva persistió como actividad de fondo, atada a la tierra y al paisaje.

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Cajón de Ginebra Grande y Cajón de Ginebra Chico, dos parajes separados apenas por una loma.

Un pueblo fantasma en la Ruta 25

Cajón de Ginebra Grande no tiene fecha de fundación oficial. Lo que sí registra la historia es su lenta despoblación a lo largo del siglo XX, a medida que los locales comerciales cerraron y las familias se trasladaron a centros urbanos. Hoy, el paraje presenta el aspecto inconfundible de los llamados pueblos fantasma: calles trazadas pero vacías, edificaciones que conservan sus formas originales aunque sin función, y un silencio que amplifica el viento.

Sin embargo, su ubicación sobre la Ruta Nacional 25 —que atraviesa el sur de Chubut desde Trelew hasta Tecka, donde empalma con la Ruta 40 al pie de la cordillera— lo convierte en una parada habitual para quienes recorren la Patagonia. El nombre del paraje despierta la curiosidad de los viajeros antes incluso de que lleguen; la historia que ese nombre encierra suele retenerlos un poco más.

En términos geológicos, el área corresponde a sedimentos del Triásico, con evidencias de una antigua ingresión marina que se inició en el Toarciano. La meseta sobre la que se asienta el paraje es, literalmente, el fondo de un mar prehistórico. Cajón de Ginebra Grande descansa, así, sobre capas de tiempo que hacen que su historia de poco más de un siglo parezca casi reciente.

FUENTE: Dialnet / Eumed — La disputa por la tierra en la Patagonia Norte. Ganadería, Eumed.net — La ganadería ovina en el Chubut 1885–1985, artículos periodísticos con aportes de Redacción +P.