Imperio Benetton: Cómo transformaron 900.000 hectáreas de Patagonia en un holding global
La historia de cómo Luciano Benetton transformó casi un millón de hectáreas en Patagonia en un imperio que dio sus primeros pasos en la Conquista al desierto.
¿Es posible ser dueño de un territorio casi del tamaño de una nación? En el sur argentino, Patagonia, la respuesta no solo es afirmativa, sino que es el resultado de un siglo de astucia geopolítica, supervivencia estratégica y una transformación radical del concepto de soberanía.
Esta es la historia de cómo 900.000 hectáreas -una extensión tan grande como países enteros, como Puerto Rico o Chipre- pasaron de ser un pago de guerra a convertirse en el núcleo de un modelo de negocio global.
El origen: Un negocio forjado en Londres
Aunque el nombre de Luciano Benetton evoque modernidad e industria textil, el origen de su imperio patagónico se remonta al 1 de mayo de 1889. Todo comenzó lejos de Italia, en las oficinas de Londres, bajo el nombre de The Argentine Southern Land Company Limited.
La empresa no nació de la producción, sino de la financiación. Fue el vehículo creado por lores británicos para administrar las tierras que el Estado argentino les entregó como "pago" por financiar la denominada Conquista del Desierto.
El hito de infraestructura: El patrimonio se consolidó gracias al ferrocarril. Al construir el tramo Puerto Madryn-Trelew, la firma recibió una extensión masiva de tierra a ambos lados de las vías. Antes de que terminara el siglo XIX, ya dominaban 585.000 hectáreas.
El camuflaje estratégico
A lo largo del siglo XX, la compañía prosperó bajo capitales británicos hasta que el contexto geopolítico cambió las reglas del juego. En 1975, ante la caída del precio de la lana, el grupo pasó a manos de familias argentinas (Menéndez, Ochoa y Paz), quienes operaban desde Luxemburgo.
Sin embargo, el verdadero momento de "supervivencia corporativa" ocurrió en 1982. Con el estallido de la Guerra de Malvinas, la empresa corría el riesgo de ser incautada por ser considerada de origen británico. En una jugada audaz: Inscribieron la firma bajo leyes locales; la rebautizaron como Compañía de Tierras del Sud Argentino (CTSA); y le otorgaron una "identidad nacional" para blindarse ante posibles expropiaciones.
El desembarco de los 50 millones
Y así llegamos al momento en el que el escenario se desplaza de Inglaterra a Italia. En agosto de 1991, el gigante italiano Benetton vió una oportunidad donde otros veían solo estepa. A través de Edizione Holding, adquirieron la totalidad de la CTSA por 50 millones de dólares.
Con esta compra, Luciano Benetton se convirtió en el mayor terrateniente privado de Argentina. Hoy, sus dominios se distribuyen en un rompecabezas geográfico imponente: Santa Cruz (60%), Chubut (33%), Río Negro (5%) y Buenos Aires: 2%.
¿Para qué acumular casi un millón de hectáreas?
La respuesta no reside simplemente en la extensión, sino en la diversificación absoluta. Lo que en el siglo XIX comenzó como una apuesta exclusiva al negocio ovino, se ha transformado bajo el mando de los Benetton en un holding agroindustrial y extractivo que opera en múltiples niveles del suelo patagónico.
En la superficie, el corazón de la producción late al ritmo de la ganadería. La firma gestiona un impresionante "mar blanco" de hasta 280.000 ovejas, que producen anualmente 1,3 millones de kilogramos de lana destinados a los mercados más exigentes del mundo. A este despliegue se suman unas 22.000 vacas, consolidando su liderazgo en la producción de carne.
Pero el modelo de negocio no se detiene en los animales. La empresa ha sabido "domar" la estepa y otras regiones mediante:
- Agricultura de escala: Más de 8.500 hectáreas están dedicadas a cultivos de soja, maíz, trigo y girasol, desafiando la aridez del terreno.
- Pulmones forestales: Han implantado 10.000 hectáreas de pinos, creando un recurso silvícola donde antes no lo había.
- Riqueza en el subsuelo: El alcance del grupo cruza la frontera de lo agrícola para adentrarse en la minería. A través de la firma Minsud, controlan concesiones que abarcan 80.000 hectáreas, asegurando su participación en el futuro extractivo de la región.
El argumento de la "tierra pobre"
Ante las críticas por la concentración de tierras, el grupo Benetton sostiene una defensa técnica: la receptividad. Según la firma, la calidad del suelo patagónico es tan baja que se requieren extensiones masivas para que cualquier proyecto sea económicamente viable. Para ellos, el éxito no reside en la cantidad de hectáreas, sino en la capacidad de transformar tierras marginales en un engranaje productivo global.
La historia de los Benetton en la Patagonia es, en última instancia, el relato de cómo la propiedad de la tierra mutó de una moneda de cambio política a un activo estratégico de escala industrial.
Fuentes: BBC World, CTSA e informes periodísticos con aportes de +P
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