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¿Conviene producir para exportar? El dilema que enfrenta hoy el ganadero de la Patagonia

Producir un animal pesado para exportación es más caro y menos rentable. En Río Negro, el debate ya no es climático sino económico.

El principal obstáculo que hoy enfrenta la ganadería vacuna de la Patagonia para consolidar su perfil exportador no es únicamente climático ni exclusivamente sanitario: es estructural y económico. El verdadero desafío, según advierte Norberto Tabaré Bassi, secretario de Ganadería de la provincia de Río Negro, es producir novillos pesados competitivos en una región donde los costos son altos, el mercado interno castiga los mayores pesos y el reconocimiento sanitario internacional aún no llega.

Más allá de la coyuntura de sequía, Bassi identifica un problema de fondo: la producción de novillos pesados para exportación. En la Patagonia, lograr animales de mayor peso es posible, pero complejo. Requiere más inversión, más tiempo y mayores costos de alimentación y manejo. A eso se suma un factor clave: el mercado interno de toda esta región está habituado a consumir novillos livianos, de entre 380 y 400 kilos. Cuando el peso supera ese rango, el precio por kilo tiende a disminuir.

Ese castigo comercial no queda en la góndola. Se traslada hacia atrás en toda la cadena: del carnicero al matarife, del matarife al engordador y finalmente al productor. La ecuación es delicada: producir 100 kilos adicionales es más caro y el precio por kilo puede ser menor. Aunque se vendan más kilos totales, la rentabilidad marginal es extremadamente fina.

“A veces da positiva, a veces neutra y a veces negativa”, admite Bassi. Sin embargo, en términos comparativos, en la Patagonia suele ser más rentable producir un novillo liviano para el mercado interno que uno pesado para exportación. La diferencia con la región pampeana es notoria. Allí, la recría pastoril permite incorporar kilos a bajo costo, lo que vuelve más competitiva la producción de animales pesados. En el sur, en cambio, cada kilo adicional implica una estructura de costos más exigente, destaca el funcionario.

El principal incentivo necesario es el precio. Sin un diferencial claro que premie el animal pesado, el productor no tiene señales económicas para asumir el mayor costo y el mayor riesgo productivo. Un mercado exportador dinámico y sin restricciones podría generar ese estímulo. Pero mientras la política sanitaria y comercial no consolide oportunidades externas claras, la señal económica seguirá siendo débil. Y allí aparece el segundo gran condicionante: la falta de reconocimiento sanitario internacional pleno.

Sin reconocimiento sanitario, sin salto exportador

La Patagonia continúa sin lograr que mercados estratégicos como Chile y Estados Unidos reconozcan plenamente el estatus sanitario de la región conocida como Patagonia Norte A. Esa zona —que abarca el territorio entre el río Negro y el río Colorado, con un límite particular desde Choele Choel hacia el este por la ruta provincial 2 hasta Las Grutas— concentra más del 70% de la producción ganadera de Río Negro.

ganaderia patagoniaANGUS-PATAGONIA

Mientras la faena muestra señales de estabilización, el desafío estructural sigue vigente: en la Patagonia producir novillos de exportación exige más inversión y no siempre garantiza mejores precios.

El organismo nacional encargado de definir la política sanitaria es el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). Desde la provincia sostienen que, pese a las flexibilizaciones internas implementadas en el último año, no se han registrado avances concretos en el reconocimiento internacional. “Generamos flexibilizaciones internas, pero no tenemos avances en el reconocimiento sanitario internacional”, señala Bassi con tono crítico.

Para el funcionario, la política sanitaria debería orientarse hacia un esquema claro que permita dejar de vacunar al norte y consolidar el estatus diferencial patagónico. Sin definiciones nacionales en ese sentido, la región queda en una suerte de limbo: con exigencias internas pero sin beneficios externos.

El debate por el ingreso de hacienda del norte

En este contexto surgió la propuesta de establecer un “cordón sanitario” que permita el ingreso de animales gordos desde el norte del país para abastecer frigoríficos exportadores de la región, destinando el remanente al mercado patagónico y bonaerense.

La idea apunta a garantizar volumen industrial y sostener la actividad en momentos de menor oferta local. Sin embargo, Bassi es cauto: la decisión corresponde al SENASA. La provincia ya manifestó su postura en debates anteriores —como cuando no recomendó la flexibilización del ingreso de carne con hueso— pero la definición técnica y política es nacional. La tensión entre sostener el estatus sanitario y garantizar volumen industrial sigue latente.

En paralelo a estos desafíos estructurales, los números recientes muestran un dato alentador. En enero de 2026 se faenaron 12.700 cabezas en la provincia, frente a las 12.300 del mismo mes de 2025. El crecimiento interanual es cercano al 3%. No es un salto significativo, pero sí marca un quiebre tras un 2025 golpeado. Sin embargo, Bassi relativiza el entusiasmo: si se compara el dato actual con el promedio de los últimos cinco años, la faena aún se encuentra aproximadamente un 3% por debajo.

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“Estamos ahí”, resume. En definitiva, para el funcionario las variaciones no son significativas ni hacia arriba ni hacia abajo.

Por otra parte, la caída cercana al 10% en la faena durante 2025 tuvo una causa central: la sequía prolongada que afectó a la región entre 2023 y 2025. Ese proceso climático impactó en la base productiva. Menor disponibilidad forrajera, caída en la condición corporal de las vacas y reducción en los porcentajes de preñez generaron un efecto diferido sobre la oferta de terneros y, posteriormente, de novillos para faena.

Paradójicamente, 2024 había sido un año récord para Río Negro y para la Patagonia en general, con más de 180.000 cabezas faenadas. Ese desempeño respondió a una muy buena primavera en 2022, que permitió un servicio exitoso, buena parición en 2023 y excelente producción de novillos en 2024.

Pero el ciclo ganadero es inexorable. La sequía posterior redujo la base reproductiva y el impacto se sintió con mayor fuerza en 2025. Ante versiones sobre una posible migración de terneros hacia el norte del país, Bassi es enfático: “Sería un error decir que se fueron terneros al norte”.

Lo que sí ocurrió fue la venta de vacas de refugio hacia frigoríficos exportadores con destino a China. La sequía deterioró la condición corporal de muchos vientres, redujo los porcentajes de preñez y obligó a desprenderse de parte del rodeo. El problema principal no fue una fuga de terneros, sino una menor tasa reproductiva.

Donde sí hubo un movimiento que generó preocupación fue en la salida de algunos novillos gordos desde el partido de Patagones hacia el norte. Aunque no impactó directamente sobre Río Negro, el temor es que se convierta en tendencia y debilite la oferta regional.

La industria y el temor a una tendencia descendente

Algunos frigoríficos de la región temen que, si no se habilita el ingreso de hacienda gorda desde el norte, la caída en la faena pueda profundizarse. Menor volumen implica mayor presión sobre los costos fijos y menor eficiencia industrial. Bassi, sin embargo, no comparte una visión alarmista. Prefiere analizar los datos en perspectiva histórica. En los últimos cinco años, la provincia promedió alrededor de 170.000 cabezas anuales. Si se amplía el análisis a diez años, el promedio ronda las 160.000.

Incluso en el año más bajo reciente, la caída respecto al promedio quinquenal fue cercana al 3%. “No hemos tenido, a pesar de la sequía, una caída muy marcada a nivel provincial”, sostiene.

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Para el secretario de Ganadería, el productor patagónico ha respondido con herramientas técnicas: suplementación estratégica, destete precoz y recría con mayor eficiencia. “Si bien tenemos una sequía grave, el productor está manejando ese efecto para que el perjuicio no sea mayor”, explica. La faena cae, pero no en forma catastrófica. La adaptación productiva permitió amortiguar el impacto climático.

Entre límites estructurales y decisiones políticas

La ganadería de Río Negro se mueve hoy en un equilibrio delicado. La sequía dejó secuelas, la producción muestra señales de estabilización y el manejo técnico sostiene el sistema. Pero el desafío estructural sigue siendo claro: sin un diferencial de precio que incentive el novillo pesado y sin reconocimiento sanitario internacional pleno, el salto exportador continuará postergado.

El leve repunte de enero es una buena noticia, pero no alcanza para disipar las incertidumbres. El futuro dependerá del clima, de la evolución reproductiva del rodeo y, sobre todo, de las definiciones nacionales en materia sanitaria y comercial.

Mientras tanto, la Patagonia sigue produciendo, ajustando y esperando señales más claras. Porque sin competitividad en el novillo pesado y sin mercados externos consolidados, la imposibilidad práctica de exportar carne vacuna en condiciones óptimas seguirá siendo la principal deuda pendiente de la región.

Fuente: Redacción +P