La producción ovina en primera persona
A fines de los años 70, Paolo Rocca se radicó en un establecimiento aislado de la provincia de Chubut para trabajar en la cría de ovejas. La elección geográfica no era casual: la Patagonia argentina concentra históricamente más del 50 por ciento del stock ovino nacional, con razas como la Merino, la Corriedale y la Romney Marsh, orientadas a la producción de lana fina de exportación, rubro que durante décadas fue el motor económico de la región.
Durante ese período, Rocca adoptó un perfil radicalmente opuesto al del ejecutivo corporativo. Quienes conocieron esa etapa de su vida destacan la vida austera que eligió, incompatible con el apellido que cargaba. No existen registros públicos precisos sobre el establecimiento donde trabajó ni sobre la escala de esa producción, pero todas las fuentes coinciden en un punto central: fue una experiencia genuina y prolongada, no una visita de fin de semana al campo familiar.
Esa inmersión en la actividad primaria le dio a Rocca una perspectiva que pocos empresarios de su nivel poseen: el conocimiento de primera mano sobre las condiciones de producción en zonas marginales, la dureza climática del sur argentino y la realidad concreta de quienes sostienen cadenas productivas desde el llano.
image
De Milán a la estepa: el camino inesperado del heredero que eligió primero las ovejas.
El puente entre el campo y el poder corporativo
La transición desde Chubut hacia el mundo empresarial no fue abrupta. Antes de incorporarse formalmente al grupo familiar, Rocca realizó una escala institucional significativa: trabajó como asistente ejecutivo en el Banco Mundial. Esa experiencia en uno de los organismos financieros multilaterales más influyentes del planeta completó su formación y le otorgó una visión macroeconómica global que más tarde imprimió en la estrategia de expansión de Techint.
Su incorporación oficial al grupo se produjo en 1985. Durante la década del 90, lideró la expansión internacional del negocio de tubos de acero. El quiebre definitivo llegó de manera trágica: en 2001, su hermano mayor Agostino Segundo Rocca —heredero natural del holding— falleció en un accidente aéreo. Dos años después, en 2003, murió su padre Roberto. La conducción total del grupo recayó entonces sobre Paolo Rocca, quien ejecutó la jugada que transformó la escala de Techint para siempre.
image
Las 32.000 hectáreas de Rocca en Chubut se extienden hasta el límite con Chile.
De la estepa patagónica a Wall Street
Bajo la conducción de Paolo Rocca, Techint dejó de ser una empresa familiar ítalo-argentina para convertirse en un actor global de la industria pesada. El holding controla hoy compañías estratégicas como Tenaris —el mayor productor mundial de tubos de acero sin costura— y Ternium, gigante siderúrgico con operaciones en múltiples continentes. Según la revista Forbes, el patrimonio de Rocca ronda los US$ 5.000 millones, lo que lo ubica entre los empresarios más ricos de América Latina.
La vinculación de Rocca con la Patagonia, sin embargo, no terminó con su etapa de producción ovina. Con los años, consolidó su presencia territorial en Chubut: figura en listados de grandes propietarios de la región con aproximadamente 32.000 hectáreas en las zonas de Lago Esperanza, Lago Urión y Río Carrileufu, tierras de alta cordillera, casi en el límite con Chile. En 2005 constituyó la firma Pedrogozo SA en Esquel para la construcción y administración de centros recreativos y turísticos, asumiendo él mismo la presidencia del directorio.
En mayo de 2026, Tenaris anunció que Paolo Rocca dejaba su cargo ejecutivo como CEO en manos de Gabriel Podskubka luego de más de dos décadas de gestión al frente de la compañía. No obstante, Rocca conserva el cargo de presidente del grupo Techint, la posición más relevante dentro de la arquitectura empresarial del conglomerado.
image
La Patagonia argentina concentra más del 50% del stock ovino nacional.
La paradoja de un hombre que no encaja en ningún molde
La trayectoria de Paolo Rocca desafía las categorías simples. El joven que militó en la izquierda radical italiana, que eligió criar ovejas en la Patagonia antes que ocupar una oficina en Milán o Buenos Aires, terminó liderando uno de los imperios industriales más poderosos del planeta. El nieto de un inmigrante italiano que llegó a la Argentina en 1946 acompañado por 15 ingenieros, construyó desde ese legado un símbolo global del acero, la energía y la industria.
La experiencia ovina en Chubut no fue un episodio menor ni una anécdota de color en la biografía de un magnate. Fue, en todo caso, la señal de un estilo de formación poco común en el mundo empresarial: el que aprende desde adentro, desde abajo, desde el frío patagónico y la lana de una oveja Merino, antes de sentarse a decidir sobre millones de toneladas de acero.
FUENTE: iProfesional, Agro Empresario, Forbes, Tenaris / Techint.