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Desde Siberia a la Patagonia: los híbridos que podrían cambiar la producción ganadera

Ensayos en 19 localidades de la Patagonia muestran que estos maíces logran madurez antes de las heladas y abren una nueva etapa productiva en el sur.

El potencial de producción agrícola y ganadero que está revelando la Patagonia ya despierta interés también tranqueras afuera del país. Es el caso de la semillera francesa Laboulet Semences, que en la Argentina había trabajado con especialidades hasta 2015 y, en la última década, desarrolló maíces para lugares como Siberia y Finlandia. El año pasado, su titular, Patrice Laboulet, junto al argentino Max Literas, fundaron Lilab SA, sociedad con la que realizaron ensayos con el INTA en 19 localidades patagónicas, desde los valles del Río Negro hasta Tierra del Fuego. A la luz de los resultados, este año inscribirán entre tres y cuatro variedades de maíces precoces y ultraprecoces para comercializar en la próxima campaña, sobre todo apuntando a la producción de grano con madurez fisiológica, un nicho vacante en la región. Sobre estos temas conversó +P con Literas.

-¿Los maíces que estuvieron evaluando en los ensayos con el INTA son realmente de Siberia?

-Sí, son materiales que se producen y comercializan en lugares como Arkhangelsk, a 400 kilómetros del círculo polar ártico, Tomsk o el lago Baikal, lugares donde el maíz no existía como opción productiva. Son maíces Soft Flint, con un desarrollo genético hecho a partir de la selección de tipo Flint solamente, para obtener un endosperma vítreo muy fino. Esto permite una rápida liberación de la humedad del grano, llegar así a madurez y, al mismo tiempo, la tolerancia al frío del Flint. Además, tienen mejor contenido de almidón.

-¿Cómo es el vínculo de Lilab con esos maíces?

-Lilab es como el segundo capítulo de la relación con Laboulet Semences, una firma semillera centenaria con base en el norte de Francia. Con ellos armamos una filial en la Argentina entre 2000 y 2015, enfocada en semillas de lino, sorgo y otros cultivos, sobre todo en Salta, Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires, hasta que las complicaciones de importar y exportar en la Argentina nos llevaron a pausar las operaciones locales. En ese ínterin, Laboulet desarrolló en Rusia, Ucrania y Finlandia maíces para zonas extremas, donde no se cultivaban ni siquiera para silo. Lograron hitos increíbles, como implementar una industria lechera en plena Siberia tras diez años de desarrollo genético. El año pasado decidimos, con Patrice Laboulet, dueño del semillero, retomar el negocio en la Argentina para algunos cultivos y, hablando del gran desarrollo de la ganadería en la Patagonia, actual y venidero, y el potencial de riego, empezamos a pensar en que esos maíces cercanos al Polo Norte deberían andar bien ahí, sobre todo para producir grano con madurez fisiológica, que es algo que no se ha logrado todavía.

Ensayos de Chos Malal a Río Grande

-Ahora que ya tienen los resultados de los ensayos en la Patagonia, ¿Qué balance hacen?

-El balance es sumamente positivo. Esos 19 ensayos cubrieron unas 40 hectáreas en total, tanto con el INTA como con productores locales, en localidades como Chos Malal, Picún Leufú (Neuquén), Valle Azul, Viedma (Río Negro), Trevelin, El Hoyo, Gaiman (Chubut), Perito Moreno (Santa Cruz) y hasta en Río Grande (Tierra del Fuego). Y, pese a que hoy nos damos cuenta de que sembramos tarde, nos sorprendió el resultado: los maíces anduvieron muy bien y logramos cosechar granos con madurez fisiológica en varios lugares.

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Literas destacó que la clave es producir “grano en origen” y dejar de depender de fletes desde la Pampa Húmeda.

-¿Dónde tuvieron mejores resultados?

-En la zona de la cordillera, como en El Hoyo y Trevelin, los resultados con los ultraprecoces fueron espectaculares, con plantas muy bien desarrolladas y grano seco a tiempo. En Perito Moreno, a pesar del viento y el clima seco, logramos madurez fisiológica con plantas bien desarrolladas. En Trelew y también en Gaiman, pese a que hay algún problema de control de malezas, también respondieron muy bien. En Viedma y Picún también tuvimos muy buenos resultados. La única excepción fue Río Grande, donde las plantas quedaron enanas. Creemos que allí hubo un problema de pH del suelo o de falta de adaptación específica que debemos estudiar más. Pero la principal característica que fuimos a buscar, que era la madurez fisiológica del grano, diría que la logramos en todos lados.

-¿Van a lanzar esos maíces la próxima campaña?

-Sí: los resultados fueron mucho mejores de lo que esperábamos. Ahora estamos esperando, en estos días, informes de rinde, de materia seca y otros parámetros y, en función de eso, vamos a decidir si inscribimos comercialmente tres o cuatro híbridos precoces (con ciclos de menos de 100 días) y ultraprecoces (de 90 días) para comercializar ya la próxima campaña, fundamentalmente para grano y doble propósito (tanto grano como forraje). Creemos que para silo tenemos materiales mucho mejores, con mucho más desarrollo de materia verde, que es lo que vamos a probar este año.

-¿Son maíces no modificados genéticamente?

-Sí, aunque a veces el maíz no GM se ve como más complicado, nosotros siempre trabajamos con mucho intercambio con el productor y el hecho de que sean no GM, sobre todo en los ambientes donde el maíz es monocultivo (hemos encontrado lugares que llevan 5 o 7 años de maíz sobre maíz), va a permitir una mejor limpieza del suelo respecto de las malezas que generan resistencia. Este punto les resulta interesante a los productores.

La clave técnica: fechas de siembra y densidad

-¿Con qué fechas de siembra se manejan?

-Entendemos que las fechas de siembra tienen que ser entre mediados de septiembre y mediados de octubre, dependiendo de las regiones. Eso permitiría dos cosas con la idea de esquema productivo que fuimos intercambiando con los productores: una, liberar el lote a fin de enero o principio de febrero, lo cual le permitiría al productor un doble cultivo, que es algo que no se está haciendo todavía; y otra, tener granos en febrero, que es un momento económicamente importante. Entonces, nos vamos a concentrar en eso, sobre todo a lo largo del río Negro, desde el Alto Valle al Valle inferior.

-¿La fecha de siembra varía en función de la latitud?

-Exacto. Y también las densidades. Nos dimos cuenta de que, por ejemplo, los ultraprecoces, que en Perito Moreno sembramos con una densidad de 100.000 plantas por hectárea y anduvieron muy bien, en el valle no se desarrollaron con esa densidad. El genetista creador de estos maíces, Miloslav Masnica, nos explicó que ahí hay que aumentar la densidad a unas 120.000 plantas por hectárea para tener mejor respuesta, con plantas más desarrolladas y, obviamente, un mejor rinde.

-¿Qué ventajas trae esa mayor densidad?

-Estos maíces resisten hasta -6 ºC hasta un estadio de seis hojas, mientras está cubierto el ápice, y tienen una temperatura de base de 6 ºC, cuando en general los maíces tienen 10 ºC, lo que les permite una mejor resistencia al frío. Al adelantar la fecha de siembra, por la diferencia de frío en suelo y superficie y el hecho de que la planta se alimenta solo del endosperma, se favorece un mejor desarrollo radicular, que es muy importante, sobre todo en el caso de los maíces ultraprecoces, que tienen un ciclo de menos de 90 días. Todas las hormonas que se producen en la raíz van a ser muy importantes para el desarrollo de la planta y el llenado; se van a ver traducidas en el rinde: al haber tenido un buen desarrollo de raíz, la mayor densidad va a hacer que después la planta vaya a buscar más altura y tenga un mejor desarrollo vegetativo. El maíz es poco plástico; un mismo híbrido puede medir 1 metro en un lugar y 2,5 metros en otro, dependiendo del manejo y la densidad.

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Los resultados sorprendieron: maíces ultraprecoces que podrían cambiar la base alimentaria de la ganadería patagónica.

-¿Cuál es el híbrido más precoz que tienen?

-El Z105, que tiene un ciclo a cosecha de 85/90 días en estas condiciones.

-Se dice que una limitante en los valles de Patagonia Norte es el suelo “marmolado”, ¿Cómo afecta esto?

-Es una limitante conocida: el suelo cambia mucho en pocos metros. Sin embargo, si bien el maíz precisa un buen suelo, a medida que el riego se desarrolle y se incorpore más maquinaria y tecnología, pienso que se le va a encontrar la vuelta para estabilizar un rinde por hectárea, por el potencial enorme que hay.

Impacto económico con el grano propio

-¿Creen que los productores de Patagonia van a valorar estos maíces destinados a producir granos?

-El grano es la energía, el almidón que hoy falta para terminar los animales. Lo que nos comentaban, sobre todo en los valles del Río Negro, es que, por un lado, los granos no llegan a la madurez y, como no los pueden secar porque no hay infraestructura, no los pueden cosechar. Entonces, en general, los dejaban pasar el invierno. Pero apareció otro gran problema: los chanchos asilvestrados, que les llevan hasta un 40 % del rinde. Por eso, el productor patagónico hoy “importa” —como dicen en la región— el grano desde la Pampa Húmeda, pagando fletes carísimos que complican la suplementación o el engorde de novillos. Al tener un ciclo ultracorto, que cosechás en febrero o marzo, le escapás al chancho y asegurás tu producción. Y producir el grano en origen cambia totalmente la rentabilidad.

-¿En Santa Cruz también ven viable estos maíces?

-Sí, en Santa Cruz, la vida útil de un animal puede ser de solo 4 años, porque se desgastan los dientes con el coirón de la estepa. Si logramos proveer forraje de calidad y grano, podemos extender la vida productiva del animal uno o dos años más, y eso cambia la ecuación. Este año vamos a ampliar la red de ensayos en Puerto Deseado, Los Antiguos y Calafate. La gente de Santa Cruz no podía creer cuando vio las mazorcas terminadas en los ensayos previos.

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Con ciclos de menos de 100 días, estos maíces buscan reducir la dependencia de granos traídos desde la Pampa Húmeda.

-En este esquema de doble cultivo que están pensando, ¿Qué opciones prevén para el invierno?

-Liberar el lote en febrero o marzo permite entrar con una cebada de invierno o una pastura de calidad. Nosotros, particularmente, queremos hacer otras pruebas este año.

-¿A qué rindes apuntan con estos maíces y cuándo estarán disponibles?

-Afortunadamente, los procesos burocráticos se han agilizado mucho: ahora es todo online y, como son materiales ya inscriptos en Europa, el trámite debería demorar entre 45 y 90 días. Tenemos el stock de semillas listo; es cuestión de terminar los papeles e importar. En cuanto al rinde, estos maíces no vienen a competir con los rendimientos astronómicos de la zona núcleo, sino a colonizar tierras donde el maíz no llegaba. Queremos asegurar un potencial de 90/100 quintales (9-10 toneladas) por hectárea en lugares donde antes el riesgo de helada lo hacía inviable.