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El engorde ovino como herramienta para que el productor sea más independiente

Animales que solían perecer en el campo por falta de pasto o por las nevadas, son suplementados y se logra comercializar su carne. Primeros pasos de una cooperativa ganadera.

Guste o no, cuando afuera la helada se acumula, hay que salir a romper la escarcha. Apenas unos 12 grados bajo cero marcó el termómetro en un campo que está a 90 kilómetros de Ingeniero Jacobacci, Región sur de Río Negro. Tal vez por eso la comunicación se corta, dicen. Del otro lado responde la llamada Fabricio Castañeda, productor y tesorero de la Cooperativa Agrícola Ganadera Calibui ("camino del viento" o "lugar ventoso").

Por estos días están terminando, luego de casi dos meses, otra temporada del engorde o encierre ovino que esa entidad tiene en Jacobacci. Ahí van a parar animales que, por su condición corporal, es muy posible que no pasen el invierno o terminen como el pasatiempo favorito de algún zorro o de algún puma. Esta vez fueron 650 cabezas, de 19 productores, muchos de ellos miembros de otras cooperativas que vienen consolidando un sistema solidario que, entre otras cosas, les ha permitido lograr mejores precios para su lana gracias a la venta en conjunto.

El año pasado fueron 1.000 animales, pero este año hubo algo de lluvia en noviembre y otro poco en febrero; entonces el productor retuvo alguna oveja vieja con la esperanza de sacarle una parición más.

Los primeros animales ingresaron el 20 de abril. Fue un proceso escalonado. Los últimos entraron hacia el 10 de mayo.

La permanencia en el tiempo de esta experiencia viene a confirmar que se ha convertido en una herramienta confiable para sacarle unos pesos extras a una parte del rodeo que, por experiencia, se sabe que no tiene chances de pasar el invierno.

Eslabones débiles

Además de ovejas de refugo, o viejas, entra todo tipo de animal flaco, como algunos capones "medio delgados", y además "muchos corderos cola, que le llaman, que son los corderos que nacen al final de la parición y llegan al invierno con un tamaño muy pequeño; entonces necesitan sacarlos, porque probablemente se mueran en alguna nevada o los mate el zorro".

Una de las consecuencias de recurrir a este establecimiento es contar con un productor más independiente, que no está tan urgido de una prefinanciación del Estado para llegar (comprar comida en el pueblo y algo de leña) hasta la próxima zafra.

"Como saben que van a cobrar en julio o en agosto, eso ya lo guardan para llegar a la esquila, y otros lo que hacen es armarse de forraje o de leña, que es el principal destino que siempre tuvo la venta de estos animales", dice Castañeda.

Lo que comenzó como una forma de rescatar ovejas flacas terminó convirtiéndose en una herramienta para atravesar el invierno con menos urgencias económicas.

Lógico es suponer que no debería ser una preocupación para la gente de campo conseguir leña. Pero en esos campos del sur rionegrino, más al sur de Jacobacci, no hay un solo árbol. Algunas matas, piedras de punta y, de tanto en tanto, alguna jarilla. Y nada más. Van con su F-100 al pueblo, después de abrir y cerrar varias tranqueras, a buscar algo de leña para llevar al puesto y atrincherarse contra el frío. Para poder salir cada mañana a romper, tal vez con una pala de punta, la costra de hielo que se forma en los bebederos. Ocurre que los animales necesitan tomar agua todos los días.

Otra parte de lo que obtienen por la venta de los animales que pasan por el engorde se destina a la compra de fardos de pasto, además del forraje que desde la cooperativa les entregan cuando van entregando sus animales.

Así se preparan para pasar el invierno.

Unidos y formales

"Más o menos eso es lo que vienen haciendo", dice este joven dirigente. "Algunos traen tres o cuatro animales y hay otros que traen 100", dice sobre la heterogeneidad de la clientela.

Del engorde participan productores que son miembros de la Cooperativa Ganadera Indígena, de la Amulein Com, de Comallo, que lo hicieron por primera vez, al igual que integrantes de la cooperativa Peumayén, de Pichileufu.

"La idea es que el engorde sea intercooperativo", aunque también hay productores que no están asociados. Y, a diferencia de la comercialización de lana o pelo mohair, en la comercialización de carne "estamos recién arrancando". Por ese motivo, el aporte del productor a la cooperativa "tratamos de reducirlo al mínimo", para que la iniciativa pueda perdurar en el tiempo.

Se trata de un 4 % sobre el neto, esto es, una vez descontados los gastos (flete, faena, caravanas, tratamientos sanitarios y alimentos). "El aporte es relativamente simbólico, porque la cooperativa termina apoyando este proceso de venta de carne para intentar formalizar y conseguir compradores, lo que es complejo", dice Fabricio y, en buena medida —de manera implícita—, deja en claro que la meta es salir de la venta aislada y esporádica, mediante una faena irregular hecha en medio del campo.

Hoy, luego de los 60, 65 o 70 días que dura la "hotelería", todo se procesa en el frigorífico que la Cooperativa JJ Gómez tiene en Jacobacci, salvo los pedidos que van a El Bolsón, donde hay planta de faena. La cooperativa pone un camión refrigerado y hace la posterior distribución.

En cuanto al destino comercial, "podríamos decir que, en general, son las carnicerías del Valle, como las de Roca y Cipolletti. El año pasado algo fue para Conesa y también para El Bolsón".

Además, desde la cooperativa hacen visitas periódicas al mercado comunitario de Bariloche. "Siempre vamos, pero es menor la cantidad", describe Castañeda, que se prepara para ir de nuevo este fin de semana, una actividad que marca el fin de otro ciclo del engorde ovino.

Falta sintonía para exportar

En la región sur de Río Negro se generó cierta expectativa por la salida de contenedores de carne ovina con rumbo a los países árabes. Pero el negocio aún no cierra por algunos aspectos que describieron desde la Calibui.

"Lo de la salida a Emiratos Árabes lo conversamos, pero hay algunas diferencias. Ellos buscan animales más grandes. Y acá, en líneas generales, aunque estén gordos los animales, a veces no llegan a ese peso que ellos necesitan", dice en relación con las cuestiones morfológicas de la mercadería demandada.

El sistema nació para salvar animales debilitados, pero también terminó fortaleciendo la economía de los pequeños productores.

Pero hay otro elemento que no es menor: el precio. "Ellos no buscan animales gordos como los que consumimos acá, y pagan un poco menos". Ante esa oferta, "a nosotros por ahí nos sirve dejar unos días más al animal (en el engorde) y venderlo a un mejor precio acá, que cargarlo para exportación".

De todos modos, se considera que la propuesta es interesante. "Este año incluso estaba la posibilidad de que ellos pudieran ingresar animales a nuestro engorde, y ahí creo que hay una muy buena oportunidad. Para el año que viene seguramente lo vamos a trabajar con mucho más tiempo, entonces le vamos a encontrar la vuelta".

La retirada del Estado

El encierre de ovinos, para suplementarlos y sacar un rédito más a ejemplares que se daban casi por perdidos, se fue consolidando como una manera que tiene el productor de "prefinanciarse" para llegar a la próxima zafra, como ocurrió hace dos años, cuando el Gobierno nacional recortó todas las líneas de asistencia de la Ley Ovina.

"En el caso de la prefinanciación, a nosotros como cooperativa, obviamente, nos perjudicó y, anteaño pasado, que fue el primero sin Ley Ovina, nosotros hicimos una venta anticipada con otras cooperativas", aclara.

Pero, al mismo tiempo, el Estado provincial sigue con sus líneas de asistencia. "Digamos que, desde la provincia, todavía nosotros tenemos la puerta abierta para pedir financiamiento. En lo que es venta de pelo de mohair es poquito, pero también siempre está la provincia ahí para financiar. Y muchos lo están utilizando de ese modo".

El campo sigue al límite

Las tormentas de noviembre y enero entusiasmaron al productor. "La gente ve un poco que se recupera el campo e intenta retener los animales. Pero los animales, al menos por lo que yo he podido ver, no están gordos, porque el campo está ahí, todo muy al límite", es la evaluación que hace ante una consulta de este medio.

"Todo el sistema está al límite en cuanto a pasto, en cuanto a lluvia, en cuanto a animales y en cuanto a productores. La mejora en el precio de la lana nosotros no pudimos verla", porque las ventas de lana se hicieron cuando las subas aún no habían llegado.

Ocurre que "nosotros vendemos en diciembre la lana" y, además, "el dólar también está medio quieto". En la venta de mohair hecha en otoño sí se notó la mejora en los precios.

El auge del maíz, solo de oídas

El avance de los cultivos de maíz bajo riego, que acercan la producción a los puntos de consumo con ahorros en los fletes, "entendemos que, en algún momento, va a tener algún efecto, pero todavía no se ve prácticamente".

De todas maneras, en la cooperativa Calibui, a los 650 animales encerrados se los alimenta con balanceado, un alimento que ya viene preparado en bolsas, y algo de fardos.

"Hay una expectativa, al menos acá hay una expectativa, de que las cosas podrían mejorar con todo esto que se habla de Negro Muerto. Es tema de conversación", comentó Castañeda, quien apuesta a que se pueda generar "una buena relación entre los productores de forraje y los productores de ovinos", porque considera que "el sistema productivo podría complementarse".

Mientras tanto, hay que afrontar los caprichos del clima. El invierno llegó de golpe. "En mayo y junio tuvimos días muy lindos", dice Fabricio. Las temperaturas más benévolas se hacían notar en que las aguadas no se escarchaban todos los días, como ocurría en años anteriores. Pero esta semana todo cambió de pronto, y ahí está el hielo que hay que romper para que la majada no muera de sed.