Faena bovina en Neuquén: estabilidad en un contexto de caída nacional
La provincia cerró 2025 con más de 47.300 cabezas faenadas, un nivel similar al de 2024 y al promedio de los últimos cinco años.
Mientras la industria ganadera atraviesa un escenario complejo en gran parte del país, la provincia de Neuquén logró cerrar 2025 con niveles de faena bovina prácticamente sin cambios respecto del año anterior, un dato que contrasta con la caída registrada tanto a nivel nacional como en provincias vecinas, especialmente Río Negro. La estabilidad neuquina aparece como un hecho llamativo dentro de un contexto general marcado por menor oferta de hacienda, problemas climáticos y un consumo interno debilitado.
Según datos oficiales suministrados por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (SAGPyM), la faena de bovinos en Neuquén totalizó durante 2025 poco más de 47.300 cabezas. Esta cifra resulta muy similar a la de 2024, cuando el consolidado provincial se ubicó en torno a las 47.800 cabezas, lo que implica una diferencia de apenas unas 500 cabezas menos faenadas en términos interanuales. En la práctica, se trata de un nivel de actividad prácticamente estable, especialmente si se lo compara con el desempeño del resto del país.
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Un escenario nacional en retroceso
A nivel nacional, la faena bovina cayó alrededor de un 3% durante 2025, reflejando un escenario de ajuste en la producción de carne vacuna. Factores como la reducción del stock ganadero, la menor demanda interna y los efectos acumulados de la sequía en varias regiones productivas influyeron directamente en esta retracción. Sin embargo, Neuquén logró mantenerse al margen de esta tendencia descendente, consolidando un comportamiento mucho más equilibrado.
El contraste es aún más marcado cuando se observa lo ocurrido en la provincia de Río Negro. Allí, la faena bovina en 2025 se ubicó en 166.400 cabezas, lo que representa una caída superior al 8% en comparación con 2024, año en el que se habían alcanzado los 181.100 animales faenados, uno de los valores más altos de los últimos tiempos. En términos nominales, la pérdida fue significativa: unas 14.700 cabezas menos enviadas a faena en apenas un año.
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Las estadísticas oficiales muestran que el nivel alcanzado por Río Negro en 2025 es uno de los más bajos de las últimas seis campañas. Solo en 2019 se había registrado una faena inferior, lo que da cuenta de la magnitud del retroceso reciente y de las dificultades estructurales que enfrenta el sector ganadero rionegrino, especialmente vinculadas a la escasez de agua y al impacto prolongado de la sequía.
Las claves que explican la estabilidad neuquina
En este contexto, el desempeño de Neuquén adquiere un valor particular. Los analistas del mercado ganadero provincial coinciden en que la estabilidad de la faena se explica, en gran medida, por la posibilidad de sostener la cantidad de hacienda en los campos. A diferencia de otras regiones, en Neuquén no se produjeron liquidaciones masivas de ganado como respuesta a problemas climáticos severos, lo que permitió mantener un flujo constante de animales hacia la industria frigorífica.
Otro factor clave es el perfil del mercado neuquino. La provincia no cuenta con un volumen significativo de exportaciones de carne, por lo que la producción se destina mayoritariamente al consumo interno. En otras zonas del país, el crecimiento del sector exportador en años anteriores llevó a mayores envíos de hacienda a frigoríficos orientados al mercado externo, situación que en 2025 se vio afectada por la caída de los stocks ganaderos, reduciendo la disponibilidad de animales para faena.
A esto se suma la caída del poder adquisitivo de la población, que impactó directamente en el consumo de carne vacuna. Frente a precios elevados, muchos consumidores optaron por alternativas más económicas, como el pollo o el cerdo, lo que debilitó la demanda interna y condicionó las decisiones de faena en distintas regiones del país.
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Mientras la faena nacional y la de Río Negro registraron fuertes retrocesos, Neuquén logró sostener su nivel de actividad ganadera.
También influyó la relación de precios entre el ganado liviano y el pesado. Cuando el valor del animal pesado se acerca o incluso supera al del liviano, los productores tienden a retener los animales por más tiempo para aumentar su peso y mejorar la rentabilidad, demorando su envío a faena. Este fenómeno está estrechamente vinculado a la demanda externa, que privilegia animales de mayor peso y paga precios superiores a los históricos.
Finalmente, la sequía tuvo efectos importantes sobre la condición corporal de las hembras y la producción de terneros, especialmente en Río Negro, donde se registraron liquidaciones de vacas y una menor oferta de ganado a futuro. Este proceso, visible en los últimos tres o cuatro años, explica en buena medida la fuerte caída de la faena en esa provincia.
Con este panorama, Neuquén aparece como una excepción dentro de un escenario adverso para la ganadería. La estabilidad de su faena bovina en 2025 no solo refleja condiciones productivas más equilibradas, sino que también plantea interrogantes sobre cómo evolucionará la actividad en los próximos años, en un contexto donde las variables climáticas, económicas y de mercado seguirán jugando un rol determinante.