Con las nuevas disposiciones ya vigentes, el desafío para el sector pasa ahora por comprender en profundidad los alcances de los beneficios y utilizarlos estratégicamente.
Un régimen pensado para impulsar inversiones
El RIMI fue diseñado como un esquema de promoción orientado a pequeñas y medianas empresas, funcionando como una versión adaptada del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), aunque enfocado en escalas menores y con requisitos más accesibles. Su vigencia será de dos años.
El principal atractivo del nuevo sistema es la posibilidad de acelerar deducciones fiscales asociadas a inversiones productivas. En términos prácticos, esto significa que las empresas podrán recuperar más rápidamente el impacto impositivo de determinados gastos, mejorando así su flujo financiero y liberando recursos para nuevas inversiones. “La clave es que mejora el flujo financiero porque permite descontar antes inversiones que normalmente se amortizaban en muchos años”, explicó Sáenz Valiente.
El régimen alcanza a empresas categorizadas como PyME —micro, pequeñas y medianas tramo 1 y 2— que cuenten con el certificado correspondiente. También establece ciertas restricciones para firmas con problemas de insolvencia o incumplimientos fiscales, aunque contempla mecanismos de regularización para quienes busquen adherirse.
Los montos mínimos de inversión varían según el tamaño de la empresa: USD150 mil para microempresas; USD600 mil para pequeñas; USD3,5 millones para medianas tramo 1; y USD9 millones para medianas tramo 2. La normativa permite que las inversiones se acumulen durante un plazo de dos años.
Sin embargo, existen excepciones especialmente relevantes para el sector agropecuario. En inversiones vinculadas a sistemas de riego, eficiencia energética, mallas antigranizo y semovientes —como reproductores bovinos de pedigree o puros registrados— no se exige un monto mínimo para acceder al beneficio. Precisamente allí aparece uno de los puntos más valorados por la ganadería.
Hasta ahora, la compra de toros o vientres reproductivos implicaba una recuperación fiscal lenta, ya que el productor debía amortizar la inversión durante varios ejercicios fiscales. Con el nuevo régimen, esa lógica cambia de manera sustancial.
“Por ejemplo, un toro que antes se amortizaba en cinco años hoy puede tener deducción total en el ejercicio. Eso genera un impacto financiero importante porque ese dinero que no se aplica a impuestos significa un aumento de capital de trabajo para reinvertir”, señaló el especialista.
El RIMI también incluye maquinaria agrícola como tractores, sembradoras, cosechadoras y tolvas. En estos casos, además de cumplir con los montos mínimos, las empresas deberán mantener los bienes incorporados dentro de su patrimonio por al menos dos años fiscales.
La exigencia busca evitar maniobras especulativas y asegurar que los beneficios se traduzcan en inversiones genuinas y permanentes. Si el productor vende el activo antes del plazo previsto, podría perder los beneficios obtenidos y enfrentar reliquidaciones impositivas e intereses.
“Por supuesto, se contemplan situaciones excepcionales de fuerza mayor, como la destrucción del activo. La lógica es incentivar inversiones reales y permanentes”, aclaró Sáenz Valiente.
Ganancias: cambia la valuación de la hacienda
La otra gran novedad para el sector es la modificación del criterio de valuación de la hacienda de invernada y feedlot para liquidar el impuesto a las Ganancias. Hasta ahora, el sistema obligaba a computar el ganado con valores cercanos al precio de mercado, aun cuando los animales no hubieran sido vendidos. Según especialistas, esto generaba una fuerte distorsión tributaria.
“El productor terminaba tributando sobre una renta potencial”, explicó Sáenz Valiente. En muchos casos, la mejora patrimonial registrada al cierre del ejercicio no representaba una ganancia efectiva, ya que el animal podía perder valor, enfermarse o incluso no concretar su venta.
Ganadería Patagonia montaña
Productores ganaderos podrán recuperar inversiones más rápido y evitar tributar sobre ganancias no realizadas gracias a las nuevas reglas fiscales.
Con el nuevo mecanismo, la valuación se aproxima más al costo económico de producción y se aleja de la lógica puramente de mercado. El sistema toma como referencia el promedio de ventas de una categoría representativa del establecimiento y aplica sobre ese valor una base del 60%, junto con distintos coeficientes según el tipo de hacienda.
El resultado es un alivio fiscal para actividades intensivas y una menor presión impositiva sobre stock todavía no realizado comercialmente.
“En la práctica, esto atenúa la valuación fiscal del stock, la acerca más a un criterio económico y reduce el adelantamiento de Ganancias sobre valorizaciones todavía no realizadas”, analizó el tributarista. Lejos de considerarlo un privilegio sectorial, Sáenz Valiente afirmó que se trata de “una manera más racional de determinar la ganancia imponible”.
Del manejo defensivo a la planificación
Más allá del impacto puntual de ambas medidas, el especialista considera que el cambio más profundo puede darse en la mentalidad empresarial del agro.
“Durante años el agro tomó decisiones con una lógica defensiva frente a los impuestos; hoy empieza a aparecer un espacio para planificar”, sostuvo.
En este nuevo escenario, la planificación tributaria comienza a ocupar un rol central dentro de la estrategia productiva. Revisar inversiones previstas, anticipar compras o reorganizar esquemas financieros podría marcar diferencias importantes en la rentabilidad de las empresas ganaderas.
“Hay productores que pueden estar dejando oportunidades sobre la mesa simplemente por no revisar estos cambios. La ecuación fiscal de muchas decisiones productivas cambió”, concluyó.
FUENTE: Valor Carne con aportes de redacción +P.