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Granja Tres Arroyos inicia diálogo para la reapertura de su planta en Entre Ríos

¿Puede Granja Tres Arroyos, una empresa con 65 años de historia, resurgir tras el golpe de la gripe aviar y un cierre indefinido?

El silencio en la planta La China de Concepción del Uruguay no es solo el silencio de una fábrica paralizada. Es el silencio de cientos de trabajadores que esperan, de una cadena productiva que se frenó y de una empresa con 65 años de historia que hoy intenta reconstruirse desde adentro hacia afuera. Granja Tres Arroyos, uno de los actores más relevantes de la avicultura argentina, llegó a un punto de inflexión que define su futuro en la provincia de Entre Ríos.

El pasado 5 de junio de 2026, la compañía confirmó que mantuvo reuniones con el gobernador provincial Rogelio Frigerio y miembros de su gabinete para analizar la suspensión de actividades en la planta y explorar las condiciones de una posible reapertura escalonada. Se trata de un proceso de diálogo que recién comienza.

Entre la gripe aviar y el sindicato

Para entender el presente de Granja Tres Arroyos, es necesario volver al origen del problema. La compañía atraviesa una crisis financiera que atribuye, de manera directa, al cierre de mercados internacionales provocado por la situación sanitaria vinculada a la gripe aviar.

Este virus, que golpeó con fuerza a la industria avícola global en los últimos años, cortó exportaciones, desplomó precios y dejó a varias firmas del sector al borde del colapso.

En ese contexto, Granja Tres Arroyos ingresó en un proceso preventivo de crisis y trabaja en una reestructuración financiera que, según la propia empresa, proyecta un impacto positivo en el mediano plazo. La apuesta es clara: reestructurar primero para poder operar después.

A la presión externa de los mercados se sumó una tensión interna que terminó por inclinar la balanza. Según el comunicado de la empresa, el escenario en Concepción del Uruguay se agravó por medidas sindicales que afectaron los niveles de faena y la previsibilidad operativa en la región.

La compañía sostuvo que, tras agotar las instancias de diálogo disponibles y ante la imposibilidad de garantizar condiciones mínimas de seguridad para operar, tomó la decisión de cerrar la planta por tiempo indeterminado. Una medida extrema que refleja la profundidad de la fractura entre las partes.

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La crisis financiera se originó en el cierre de mercados internacionales por la gripe aviar.

La mesa de diálogo

El panorama, sin embargo, no es de ruptura total. Esta semana arranca con representantes de Granja Tres Arroyos reunidos con autoridades de la Secretaría de Trabajo y Seguridad Social de Entre Ríos y con dirigentes sindicales locales. El objetivo declarado es iniciar un proceso de diálogo orientado a construir las condiciones necesarias para retomar parcialmente las operaciones.

No es un regreso inminente. Es un primer paso en un camino que la empresa reconoce como complejo. La reapertura escalonada que se evalúa implica, entre otras cosas, recomponer el circuito biológico de producción, una tarea técnica que demanda tiempo, logística y estabilidad operativa.

Un dato que la propia empresa subraya es la predisposición del Gobierno de Entre Ríos para acompañar institucionalmente este proceso. La gestión de Frigerio no solo recibió a los directivos de la firma, sino que expresó voluntad de colaborar activamente en la búsqueda de soluciones que permitan superar la situación actual.

Esta alineación entre la empresa y la provincia no es casual. Granja Tres Arroyos afirma que la iniciativa de reapertura es coherente con las perspectivas de crecimiento del sector avícola en Entre Ríos, una provincia que históricamente concentra una parte significativa de la producción nacional de pollos y que tiene en la actividad uno de sus motores económicos más relevantes.

Seis décadas y una apuesta al futuro

Detrás de los comunicados y las reuniones hay una empresa que cumplió 65 años en el mercado argentino. Una trayectoria que incluye expansiones, crisis superadas y generaciones de trabajadores que construyeron su vida laboral en torno a la compañía.

Granja Tres Arroyos indicó que continúa enfocada en la búsqueda de alternativas para sostener sus actividades, preservar la mayor cantidad posible de puestos de trabajo y avanzar en medidas destinadas a consolidar su continuidad operativa. En esa frase se resume todo: no es solo un problema financiero ni un conflicto sindical. Es la historia de una empresa que intenta, con el peso de su propia historia como respaldo, no quedar fuera del tablero. La planta La China permanece cerrada. Pero la conversación, al menos, volvió a abrirse.

FUENTE: Redacción +P