Rendimiento asombroso y costos competitivos
Los números hablan por sí solos: la remolacha forrajera ha demostrado ser capaz de producir entre 2.300 y 3.500 kilos de carne por hectárea en tan solo seis meses, con un costo increíblemente competitivo de US$0,50 por kilo de carne. Estas cifras se logran con rendimientos que oscilan entre 25.000 y 36.000 kilos de materia seca por hectárea, ganancias diarias de peso de 750 a 900 gramos por animal y cargas que pueden alcanzar hasta 26 animales por hectárea. En un caso concreto, en un lote de 14,2 hectáreas, Pérez Iturbe pudo mantener 300 animales en engorde continuo, logrando 3.300 kilos de carne por hectárea en medio año.
La clave de este éxito radica en el alto contenido energético de la remolacha, con 3 megacalorías por kilo de materia seca, un valor comparable al del maíz. Además, sus hojas ofrecen un elevado contenido proteico, lo que convierte a esta planta en un alimento equilibrado, combinando la energía de la raíz con la proteína de la hoja.
Adaptación y manejo del sistema
Para implementar este sistema, el ganado requiere una adaptación inicial de unos 20 días para que su flora microbiana se ajuste al nuevo alimento. Durante este período, se les suministra un kilo de fibra adicional, generalmente a base de maíz. La productividad general del cultivo puede alcanzar las 45 toneladas de materia seca por hectárea. Pérez Iturbe destaca el "gran poder de compensación" de la remolacha; con 80.000 plantas por hectárea y un peso promedio de 3 kilos por planta, se generan 240.000 kilos de materia verde.
El sistema se ha adaptado al riego por gravedad, común en el Valle del Río Negro, aunque también es viable con riego por pivote. En regiones más húmedas, con precipitaciones de entre 700 y 800 mm anuales, la remolacha puede cultivarse en secano, aunque los rendimientos se reducen aproximadamente a la mitad.
Impacto económico y futuro prometedor
A pesar de una inversión inicial de US$1.700 por hectárea, el margen bruto promedio ha alcanzado los US$800 por hectárea, especialmente en el sur del país, donde el valor de la carne es un 15% superior. Este modelo no solo ha logrado triplicar o cuadruplicar la productividad frente a los esquemas extensivos tradicionales, sino que también ha mejorado la eficiencia productiva durante el invierno, una época de escasez de verdeos. El cultivo se siembra entre agosto y octubre, requiere unos 900 mm de agua durante su desarrollo y está listo para el engorde en marzo.
El sistema de remolacha forrajera se perfila como una solución viable para las economías regionales y para pequeños y medianos productores con superficies limitadas, permitiendo engordar hasta 100 animales en tan solo cuatro hectáreas. A pesar del escepticismo inicial de muchos productores, la observación de novillos Charolés de 500 kilos alimentándose con remolacha forrajera ha cambiado la percepción general.
Es crucial destacar que el uso de variedades aptas para animales ha eliminado los riesgos de toxinas presentes en remolachas no adaptadas. Este desarrollo ha contado con el acompañamiento de firmas semilleras, que participaron activamente en las primeras etapas del sistema. Aunque el antecedente más cercano en el país fue la remolacha azucarera en el norte, el enfoque forrajero propone un esquema intensivo y sustentable, que funciona incluso en invierno, adaptando un cultivo de alto valor nutricional a un nuevo y eficiente uso productivo.
Con rendimientos que superan los 30.000 kilos de materia seca por hectárea, sosteniendo cargas de 21 animales por hectárea y ganancias diarias de peso de 900 gramos, este sistema no solo es económicamente eficiente, sino que es técnicamente reproducible en diversas zonas del país, prometiendo transformar campos con bajos niveles de productividad.