Las razas seleccionadas para esta tarea, principalmente Maremmano-Abruzzese y Pastor del Pirineo, poseen características biológicas moldeadas por milenios de selección genética. Estos animales adquieren un porte imponente en su madurez, con pesos que oscilan entre los 30 y 45 kilogramos y alzadas de hasta 70 centímetros. Su eficacia no radica en el ataque directo hacia el depredador, sino en la disuasión.
La ingeniera Álvarez puntualiza que estos perros "no trabajan de esa manera, sino que lo que hacen es ir delimitando un territorio a través de la orina" y un marcado ladrido que advierte su presencia constante.
Resulta crucial distinguir estas funciones de las que desempeñan razas de arreo como el Border Collie o el Kelpie. Mientras que los perros de trabajo ayudan en las tareas rurales siguiendo órdenes, el protector opera con autonomía y lealtad exclusiva a la majada. Álvarez destaca que el perro protector incluso "tiende a sacar los animales del corral porque lo que quiere es tener su majada en libertad", lo que exige una adaptación por parte del personal rural para coordinar ambas tareas sin conflictos.
La impronta: el vínculo sagrado con el rebaño
El éxito de este sistema depende de la impronta, un proceso de socialización crítica que inicia desde el nacimiento del animal. Durante esta fase, el cachorro debe considerar al ganado como su único grupo familiar. Rocío Álvarez describe que la madre preñada convive con las ovejas para que, al nacer, "los cachorros se empiecen a familiarizar con los olores de su nueva familia, que va a ser la oveja o la chiva". Este entrenamiento riguroso asegura que la agresividad natural del perro se dirija únicamente hacia intrusos externos.
El protocolo del INTA divide este aprendizaje en etapas estrictas. Los primeros 45 días transcurren en contacto total con el ganado en recintos de confinamiento, seguidos por un periodo de aislamiento de otros perros hasta los 90 días para evitar la formación de jaurías. La madurez total del protector llega aproximadamente a los 14 meses, momento en que el animal manifiesta plenamente su capacidad de atención, confiabilidad y protección.
Inversión, nutrición y rendimiento en la estepa
En términos operativos, un perro protector adulto posee un rendimiento sorprendente, capaz de recorrer hasta 30 kilómetros diarios patrullando el territorio asignado. Este nivel de actividad física exige una nutrición precisa y de alta calidad. La ingeniera recomienda una dieta basada en alimento balanceado que contenga entre un 25 y 30% de proteína y un mínimo del 20% de grasa. Un ejemplar adulto requiere entre 600 y 800 gramos de alimento diarios para cubrir su gasto energético en el campo.
Desde la perspectiva económica, la adquisición de un protector constituye una inversión rentable para el productor. Álvarez señala que la relación de costo se mantiene habitualmente en el valor de "entre 12 y 15 corderos". Si se considera que las pérdidas por ataques suelen triplicar esa cifra anualmente y que la vida útil del perro alcanza los 10 a 12 años, la amortización resulta inmediata. El mantenimiento sanitario incluye un esquema de vacunación contra moquillo, parvovirosis y rabia, además de desparasitaciones cada cuatro meses.
Se compartieron experiencias de manejo de los perros protectores de ganado para la mitigación de los daños por depredación en los sistemas ganaderos.
Corrección de conductas y manejo de vecinos
Durante la etapa de inmadurez, el perro puede manifestar conductas indeseadas como el juego excesivo con los corderos. Para estos casos, el INTA sugiere el uso de lastres, como trozos de cadena o cubiertas colgadas al collar, que limitan la velocidad del animal y corrigen su comportamiento sin recurrir a la violencia física. Álvarez advierte que el castigo agresivo resulta contraproducente: "ser violentos o agresivos sólo hará que el perro adquiera mayor desconfianza hacia su amo", pudiendo provocar el abandono de la majada.
Finalmente, la integración de esta tecnología requiere comunicación con los establecimientos linderos, ya que los protectores no reconocen los límites de los alambrados perimetrales. Informar a los vecinos sobre la presencia del perro evita confusiones trágicas y fortalece la red de protección regional. El compromiso del propietario en supervisar y alimentar correctamente al animal garantiza que este centinela blanco cumpla su noble misión de custodiar la producción patagónica.
FUENTE: INTA, Medios del aire con aportes de Redacción +P