Cifras que encienden alarmas
Según el equipo de Ballari, las pérdidas en actividades productivas, sumadas a los costos de control e investigación, representan un costo anual superior a los US$1.000 millones. Es la estimación con mayor respaldo académico disponible hasta el momento, aunque los propios autores reconocen vacíos de información sobre los efectos económicos reales de la especie en cada actividad productiva, y también sobre su rol en la transmisión de enfermedades al ganado y a las personas.
Meses después, en julio de 2026, el docente Francisco Pescio, a cargo de la cátedra de Producciones Animales Alternativas de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), elevó públicamente la cifra a US$1.600 millones anuales, en declaraciones que numerosos medios reproducen sin agregar precisiones metodológicas. Un mes más tarde, en agosto, un nuevo informe de la misma cátedra ajusta la cifra a un rango de entre US$1.300 y US$1.600 millones por año, e incorpora una estimación poblacional de cuatro millones de ejemplares en todo el país.
Argentina todavía no cuenta con una estrategia unificada de manejo a nivel nacional.
Dos estimaciones, un mismo diagnóstico
Las dos fuentes coinciden en el fondo, aunque difieren en el rigor de sus cálculos. El estudio de Ballari y su equipo cuenta con revisión por pares y se publica en una revista científica, mientras que las cifras de la FAUBA circulan a través de declaraciones periodísticas, sin desglose metodológico disponible para consulta. En ambos casos, el diagnóstico apunta en la misma dirección: el jabalí genera pérdidas millonarias que golpean la producción agropecuaria, deterioran infraestructura rural y representan un riesgo sanitario para el ganado y la población.
El propio informe de Ballari destaca que el daño no se limita a los cultivos. Los ejemplares también alteran los ecosistemas nativos cuando hozan el suelo en busca de raíces, semillas e invertebrados, un comportamiento que remueve grandes superficies de terreno y modifica las condiciones ambientales de zonas sensibles.
Un problema sin estrategia nacional coordinada
Pese a la magnitud del fenómeno, Argentina todavía no cuenta con una estrategia unificada de manejo a nivel nacional. Los especialistas coinciden en que la falta de coordinación entre Nación y provincias favorece el crecimiento explosivo de la población de jabalíes, mientras la especie continúa su expansión hacia nuevas regiones, entre ellas los ecosistemas patagónicos.
La brecha entre las cifras académicas y las declaraciones públicas expone además un problema de fondo: la ausencia de un sistema oficial y centralizado que audite, actualice y comunique con transparencia el impacto económico real de una de las especies invasoras más dañinas del planeta.
FUENTE: Redacción +P