El relevamiento toma como referencia el Asado y el Pechito, dos cortes de consumo extendido. En enero, el asado costaba $10.300 y el Pechito $5.941, con una diferencia de 4.359 pesos a favor del cerdo. Ocho meses después, los precios se ubicaban en $14.990 y $6.777 respectivamente, casi duplicando la diferencia a 8.213 pesos.
La secuencia mensual evidencia cómo el incremento acelerado de la carne vacuna fue agrandando la diferencia:
-Febrero: $10.900 (Asado) / $6.117 (Pechito) → 56,1% (valor del cerdo sobre el valor de asado).
-Abril: $13.200 / $6.464 → 49,0%.
-Julio: $14.700 / $6.750 → 45,9%.
-Agosto: $14.990 / $6.777 → 45,2%.
El informe destaca que fue el cerdo el que se encareció menos y el vacuno fue el que presionó con aumentos desproporcionados.
El mismo patrón se observó en los cortes populares: la Paleta Bovina aumentó 29% (de $9.990 a $12.900), mientras que la Paleta de Cerdo subió 18% (de $4.109 a $4.854).
De acuerdo con Uccelli, estas fluctuaciones no alteran la tendencia principal: la carne vacuna aumentó más, y la porcina quedó relativamente mejor posicionada para los consumidores que buscan reemplazos en un contexto de ingresos limitados.
Salarios: el eslabón más débil
El informe subraya que, mientras la carne bovina trepó hasta 46% y la porcina entre 14% y 18%, los salarios avanzaron a un ritmo mucho menor:
-Sueldo Mínimo Vital y Móvil: +12%.
-Sueldo Promedio: +17%.
El desfasaje refleja una pérdida clara del poder de compra. “El menor incremento en el Sueldo Mínimo es una demostración clara de la caída del poder adquisitivo de la población”, advierte el estudio.
En la práctica, esto significa que un asalariado que cobraba el mínimo en enero podía destinar una proporción mayor de su ingreso a comprar carne que en agosto. Incluso con el menor aumento de los cortes porcinos, la pérdida salarial hizo que resultaran relativamente más caros en términos de accesibilidad.
Cerdo: la carne que acompañó al consumidor
Aun en este escenario, el informe identifica al cerdo como el producto que más se ajustó a la coyuntura de los hogares. El Pechito (+14%) y la Paleta (+18%) acompañaron de manera más cercana la evolución de los salarios, a diferencia de la carne bovina, que despegó muy por encima.
Esto convirtió al cerdo en la opción más competitiva en precio relativo, lo que podría explicar un desplazamiento en las decisiones de consumo de las familias. Sin embargo, el documento aclara que esta ventaja es solo parcial: el deterioro salarial generalizado impide que los consumidores perciban una verdadera mejora en su capacidad de compra.
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La demanda de carne vacuna se mantiene baja en relación a décadas anteriores.
El informe presenta dos conclusiones centrales:
-Los cortes bovinos se encarecieron de manera mucho más pronunciada que los porcinos, lo que aumentó la brecha histórica entre ambos.
-Los salarios quedaron por detrás de los precios, provocando una pérdida de poder adquisitivo incluso frente a los cortes más baratos.
En términos macroeconómicos, el informe refleja la dificultad de los ingresos laborales para sostener el nivel de consumo frente a la inflación alimentaria. Desde la perspectiva del consumo masivo, muestra cómo los hogares terminan adaptando sus hábitos y priorizando cortes que, aunque suben menos, igualmente erosionan su presupuesto.
El análisis de Uccelli aporta evidencia sobre una realidad cotidiana: la mesa argentina enfrenta un doble problema. Por un lado, la carne vacuna pierde accesibilidad por aumentos muy superiores a la media; por otro, los ingresos no logran acompañar ni siquiera la evolución de la carne de cerdo, que se mostró más moderada.
Así, el aumento de diferencial de precios entre bovino y porcino no responde a un beneficio para el consumidor, sino al encarecimiento sostenido del vacuno en un contexto de salarios estancados. La consecuencia final es que, aun optando por cortes de cerdo más económicos, el poder de compra se deteriora mes a mes.
El informe concluye con una advertencia: sin recomposición salarial sostenida, la sustitución de carne vacuna por porcina será apenas un paliativo transitorio, incapaz de revertir la pérdida estructural del poder adquisitivo de la población.
Fuente: JLU Consultora con aportes de Redacción +P.