Factores detrás de la caída de importaciones
Los analistas del sector coinciden en que dos elementos explican esta contracción. En primer lugar, la “adecuación del dólar” encareció los productos extranjeros, restándoles competitividad frente a la producción local. En segundo lugar, el aumento en el precio del cerdo en Brasil —principal proveedor de Argentina en este rubro— encareció las compras, reduciendo los volúmenes que ingresan al país.
Aun así, el informe advierte que esta baja no refleja la verdadera dinámica del mercado. “La caída en el volumen dista mucho de la verdadera necesidad de importar que tiene el mercado nacional”, sostiene el documento. La demanda interna sigue firme, pero las condiciones macroeconómicas han limitado la capacidad de los importadores para satisfacerla.
El análisis de Uccelli también apunta contra lo que describe como una “estrategia de simples oportunistas”, quienes aprovecharon el contexto de diferencias cambiarias a través de un “carry trade de carne de cerdo”. Este tipo de operaciones, motivadas más por la especulación financiera que por la necesidad de abastecer al consumo, habría distorsionado el comportamiento del comercio en los últimos meses.
El informe agrega un dato que revela las paradojas del comercio exterior argentino: la importación de tocino desde Dinamarca destinado a la elaboración de salames. En un país con larga tradición en la producción de chacinados, esta operación expone cómo la globalización se filtra incluso en eslabones productivos que parecían autosuficientes.
Exportaciones: un horizonte en construcción
En contraposición a la caída de las importaciones, las exportaciones de carne de cerdo mostraron un leve crecimiento. En agosto, Argentina colocó en el exterior 1.220 toneladas, apenas por debajo de las 1.250 de junio. Aunque el volumen total aún está “muy lejos de la capacidad de nuestro país”, el informe resalta la importancia de la tendencia: por primera vez, casi una tercera parte de lo exportado corresponde a cortes de carne.
Este cambio cualitativo en la composición de los envíos se apoya en dos factores clave. Por un lado, los precios relativamente bajos que paga la industria en el mercado interno. Por otro, la misma adecuación cambiaria que afectó a las importaciones ahora juega a favor de los exportadores, mejorando su competitividad frente a otros países.
Según el análisis, este escenario abre una “ventana de oportunidad muy prometedora en el corto plazo”. Si la tendencia se sostiene, Argentina podría diversificar su oferta exportadora y consolidar un perfil de mayor valor agregado en el comercio internacional del sector porcino.
Una encrucijada para el futuro
El balance de julio muestra a un sector en transición. La menor presión de las importaciones abre espacio para que la producción local recupere protagonismo en el mercado interno, mientras que las exportaciones ofrecen una vía de expansión incipiente pero estratégica.
El desafío será lograr un delicado equilibrio: satisfacer la demanda interna sin descuidar el potencial de inserción internacional. Para ello, será clave mantener políticas que garanticen competitividad y estabilidad, al tiempo que se fomente la industrialización y la diversificación de los productos exportables.
En palabras simples, la coyuntura actual ha colocado al sector porcino argentino en una encrucijada. Lo que hoy aparece como un giro circunstancial, mañana podría convertirse en el punto de partida de una etapa de mayor protagonismo en los mercados externos. Todo dependerá de la capacidad de aprovechar este momento de transición para trazar una estrategia sólida que potencie el desarrollo del sector.
Fuente: Consultora JLU con aportes de Redacción +P.