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La historia del cineasta que se hizo ganadero en San Antonio Oeste

Dirigió cortometrajes y mediometrajes. Algunos premiados. Estuvo frente a las cámaras y trabajó para los principales canales. Pero optó por criar a sus hijos lejos del fervor de Buenos Aires. Hoy analiza el potencial de la ganadería en los campos de la costa rionegrina.

Con la certeza de que “vivir con bebés en Buenos Aires es antinatural”, Salvador Cambarieri un día juntó sus cosas, su título de cineasta, dejó atrás su carrera de formación actoral y sus participaciones en algunas telenovelas, y se volvió a San Antonio Oeste. No reniega de su vocación, pero su elección de vida lo llevó a hacerse cargo de un campo que su padre compró en el año 2007 en Río Negro.

“Arrancamos de cero y a los ponchazos”, dice sobre el establecimiento de 7.500 hectáreas que se ubica a unos 25 kilómetros al norte de la ciudad, camino a General Conesa. Allí la única actividad económica es la cría de ganado bovino. Pero no hay agua. Ni por arriba ni por abajo. El balance de lluvias del 2025 arrojó 230 milímetros de los 350 esperables. Pero tampoco había jagüeles o reservorios naturales.

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El establecimiento de 7.500 hectáreas enfrenta un déficit hídrico crítico con solo 230 mm de lluvia anual.

Salvador apeló a sus ahorros para hacer 4 perforaciones. “Acá tenés que ir por lo menos hasta los 100 metros de profundidad”, asegura, y se lamenta porque en el último pozo, que llegó a los 145 metros, encontró agua apta para el ganado, pero la producción diaria no pasaba de los 2.000 litros al día. Apenas un 10% de la demanda de su rodeo.

Al igual que muchos de sus vecinos rurales, Cambarieri por años contrató el acarreo de agua y así logró aprovisionarse de los 25 a 30.000 litros diarios que requiere su rodeo de 800 animales (400 madres).

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La escasez de agua subterránea obligó a perforaciones de hasta 145 metros con rendimientos mínimos.

“Todo el trabajo se iba en pagar el agua, y eso que yo estoy cerca de San Antonio, pero hay gente que está mucho más lejos”, aclara. El último viaje lo contrató en octubre de 2024 y lo pagó 100.000 pesos, casi unos 200.000 de hoy si se actualiza por inflación. Eso durante el período de mayor demanda, que va de noviembre a marzo. Todos los días.

Salvador es el primer hijo varón de una reconocida familia local. “Mi padre fue el escribano del pueblo”, aclara. “Un día, en el 2024, en medio de una sensación de cansancio y hastío, reuní a mi familia y les dije que quería tirar la toalla”, dice quien desde el año 2018 venía penando para darle agua a los animales.

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Por años, el acarreo diario en camiones representó el mayor costo operativo para sostener el rodeo.

Se echó mano de unos ahorros y se hizo una inversión que permitió construir un pequeño acueducto que recorre 13 kilómetros desde el canal “Ingeniero Suárez”, más conocido como Pomona - San Antonio Oeste, que se inauguró en 1972 y corta en dos por 194 kilómetros la estepa rionegrina.

“Esa manguera hizo una gran diferencia”, reconoce, y recuerda el comportamiento de los animales en los días de calor: “Si fallaba un solo camión, los animales hacían piquete. Se desesperaban y rompían los bebederos”.

El agua está, pero lo que no está desde hace muchos años en este país es el financiamiento: “Sabemos lo que pasa con los bancos. Primero, que es difícil que te den un crédito, y después los intereses te matan. Debería haber líneas más contemplativas con el productor, acordes con el ritmo de su producción”.

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El sistema de tanques australianos garantiza el stock de agua ante cortes de mantenimiento del canal.

La falta de asistencia crediticia mantiene al borde de la subsistencia a una amplia zona ganadera ubicada en los márgenes del canal, porque “ese chorro de agua es la vida misma y te salva”.

Se manifestó convencido de que, si el canal, como se analiza en despachos oficiales, se puede ampliar, “le daría vida a miles de hectáreas, porque el potencial, sobre todo en ganadería, es enorme”.

El caño cruza alcantarillas, dos campos vecinos (los de Urcera y de Girardi a quienes Salvador les agradece los permisos) y se llena con bombas que andan a energía solar. El campo se encuentra 70 metros por encima del nivel del canal, y se construyeron algunos depósitos (tanques), para que hagan de reservorio y sirvan para el posterior bombeo luego a lugares más altos del campo.

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La inversión de 100.000 dólares permitió reemplazar el costoso transporte terrestre por una manguera.

“El agua se toma de bocas que ya estaban previstas para los productores”, y como las bombas son solares, de noche las cañerías se vacían. Entonces “todos los días revisamos la línea del caño, porque puede haber obstrucciones por lama, hay que purgar y recorrer los tanques”.

En 2 meses estuvo lista la obra. La cañería se enterró a 50 centímetros de profundidad para que estuviera a salvo del pisoteo de los animales. Hay un primer tanque de 75.000 litros con una bomba adentro. Un australiano de 100.000 y otros dos tanques más. Vale recordar que el servicio de agua se corta una vez al año para mantenimiento.

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Cambarieri estima que la amortización de la obra se completará en 10 años, revalorizando el suelo.

A Cambarieri le resulta increíble que el agua del río Negro “está acá, en un campo del bajo de El Gualicho”, porque ahí están sus vacas, en los márgenes de una de las depresiones naturales más grandes de Argentina. Es que entre 1912 y 1972, la comarca circundante a San Antonio Oeste dependía de un tren aguatero, que se abastecía cerca de Valcheta, para contar con agua apta para el consumo humano.

La inversión total fue de 100.00 dólares, y por sus propias cuentas, la amortización se dará en unos 10 años. “Es poco si lo miramos a futuro, porque va a quedar un campo totalmente distinto, con otro potencial y otro valor”, asegura.

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Por años, el acarreo diario en camiones representó el mayor costo operativo para sostener el rodeo.

En cuanto al potencial del canal, comentó que “puede abastecer a muchos más ganaderos”, si se tiene en cuenta que al final del trayecto, próximo a San Antonio Oeste, hay lagunas o reservorios, que cuando hay excedentes, liberan agua al mar.

“Cuando se hizo ese canal, fue una obra faraónica y perfecta, y tuvo como principal objetivo el desarrollo agropecuario, y ese sentido un poco se fue perdiendo con los años”, dice este productor de 51 años, quien se lamenta porque “poco se habla de ese desarrollo que no se hizo”.

¿Y cómo fue que se hizo ganadero un hombre que estuvo ante las cámaras en tiras como “Muñeca Brava” y que fue productor en empresas de publicidad? Cambarieri dice: “Puse la energía en el campo. Ahora lo tomo con más calma que al principio”, admite, y reconoce que “en el campo hay cosas que no se pueden manejar, como el clima”.

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Bombas de energía solar impulsan el agua 70 metros cuesta arriba hasta los reservorios del campo.

Avanzó “siendo prudente, abierto y receptivo”, porque en la zona tiene vecinos que “son rurales de cuna y yo no dejo nunca de aprender, de escuchar, porque es gente conectada con la naturaleza de toda la vida”.

Sobre la obra de riego, confió que por años estuvo en su familia una carpeta con todos los estudios altimétricos que indicaban por dónde hacer la traza de la manguera y las obras necesarias. Reconoce que “demoramos 20 años, pero postergamos otras cosas y ganamos en tranquilidad”.