Al ritmo de la evolución
Este índice no es una vara casera: es la métrica que utiliza la red Ovis21, vinculada al Savory Institute, para certificar campos regenerativos dentro del programa Land to Market, que conecta productores verificados con marcas y consumidores. El monitoreo releva año a año la tendencia de indicadores de suelo, biodiversidad y funcionamiento del ecosistema, y ubica a cada establecimiento dentro de una base de datos global de campos que miden con la misma metodología. En ese sentido, el salto de Fortín Chacabuco de 2,8 a 28 puntos no es solo una mejora interna: es un resultado comparable con el de otros productores del mundo que atraviesan el mismo proceso de verificación.
"Con usos intensivos y descansos largos los ambientes ganan salud", explicó Helling.
El indicador que más le interesa al equipo de Fortín Chacabuco, sin embargo, no es el índice de salud en sí, sino su correlato productivo: la producción de forraje por milímetro de lluvia aumenta justamente en los años más secos. Para Helling, ahí está la clave de la resiliencia: un ecosistema que aprovecha mejor cada milímetro de agua disponible cuando más falta hace. "Un suelo sano y un ecosistema biodiverso maximizan el uso de los recursos, producen más con menos, aprovechan al máximo lo que tienen", resumió.
El propio Helling aclaró que ese salto no depende de la cantidad de animales que pastorean cada potrero, sino de cómo se los usa: pastoreos intensivos seguidos de descansos largos. "Con usos intensivos y descansos largos los ambientes ganan salud", explicó, y remarcó que los pastizales patagónicos "evolucionaron con herbívoros que comían y migraban", sin quedarse fijos en un mismo lugar.
El indicador que más le interesa al equipo de Fortín Chacabuco (un establecimiento ubicado dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi y sobre territorio de la provincia de Neuquén) es la producción de forraje por milímetro de lluvia, que a partir del actual manejo del rodeo aumenta justamente en los años más secos.
La sanidad del suelo
El agrónomo evitó presentar la ganadería regenerativa como una fórmula única. Consultado sobre si existe una sola manera de "sanar" el suelo, fue categórico: "Cualquier metodología que aumente la materia orgánica del suelo aporta a la sanidad", aseguró.
El Índice de Salud Ecosistémico pasó de 2,8 a 28 puntos en diez años de manejo regenerativo.
Dentro de ese universo de alternativas, ubicó a la ganadería regenerativa como "un procedimiento de muy fácil implementación, muy bajo uso de insumos externos y de alta efectividad", una combinación que la vuelve atractiva para productores que buscan sostener el campo sin depender de compras externas en un escenario de sequías cada vez más frecuentes.
En términos productivos, Fortín Chacabuco maneja hoy 250 vientres, con un esquema de cría al que se sumó, en los últimos dos años, la recría invernal. Este año, sin embargo, la sequía registrada en la campaña anterior llevó al establecimiento a vender los terneros y quedarse únicamente con los animales de reposición, una decisión que muestra cómo el manejo del rodeo se ajusta año a año en función de la disponibilidad forrajera.
Para Helling, la ecuación de fondo es la que explica por qué el manejo regenerativo gana terreno entre productores de secano en el norte patagónico: en un clima cada vez más árido, la capacidad de un campo de sostener producción con menos agua deja de ser un detalle técnico y pasa a ser, en sus palabras, "la delgada línea entre verse obligado a abandonar el campo o seguir produciendo".
FUENTE: Redacción +P