Sin embargo, aun dentro de un contexto esperable de mayor retención, no es posible precisar el grado de retención que logre realizar el productor en un marco de costos crecientes y escasas reservas financieras provenientes de un año que para muchos significó una fuerte descapitalización. Por parte del engordador, ya con una mayor oferta forrajera en los campos, por un lado, y con un precio del maíz cotizando a un dólar mucho más competitivo para la exportación, la ecuación debería volver a inclinarse hacia el invernador pastoril, donde el costo por kilo de carne ganado resulta sustancialmente más barato. Este retorno a las invernadas pastoriles, alteraría a su vez la estacionalidad con la que ingresaría esta hacienda terminada, en especial viniendo de un año de fuerte protagonismo del feedlot, ante la grave situación que atravesaron los campos.
En concreto, por el lado de la oferta podemos anticipar una menor disponibilidad de terneros para engorde, una zafra posiblemente más lenta en la medida que el criador logre retener mayor tiempo esos terneros y una salida de hacienda terminada que también podría ver ligeramente alterada su estacionalidad, producto de la diversidad de resultados que generan estos sistemas menos intensivos.
En números generales, este año estaríamos terminando con una faena total en torno a los 14,5 millones de cabezas y una producción de carne cercana a los 3,3 millones de toneladas, limitada por una merma no menor en el peso medio logrado por res.
Para el próximo ciclo, considerando la menor cantidad de terneros que estaría ingresando a los sistemas de engorde, así como también una moderada retención de vientres, estimamos que el nivel de faena en 2024 podría resultar inferior a la de los últimos dos años, situándola preliminarmente en torno a los 13,2 millones de cabezas. Sobre esta base, y asumiendo una ligera recuperación de los pesos medios de faena producto de las mejores condiciones climáticas, proyectamos una producción anual de carne vacuna cercana a los 3 millones de toneladas, 300 mil toneladas menos respecto de las que se lograrían este año.
En definitiva, por el lado de la oferta, en términos generales, el escenario proyectado nos remite a cifras similares a las observadas en 2021, año caracterizado por una marcada restricción de oferta.
Sin embargo, desde el punto de vista de la demanda el contexto es muy diferente. Dos años atrás, con un mundo comenzando a salir de una pandemia, el consumo era incentivado de manera generalizada por parte de los distintos gobiernos como mecanismo para volver a dinamizar la actividad económica. En este marco, los precios internacionales de la carne vacuna reflejaron fuertes incrementos durante gran parte del año, tendencia que termina quebrándose finalmente a partir del segundo cuatrimestre de 2022, con el derrumbe del mercado chino.
En el plano local, disociándonos drásticamente de aquel favorable contexto, en mayo de 2021 el gobierno argentino decide cerrar las exportaciones de carne vacuna, retomando a partir de allí una política comercial fuertemente restrictiva e intervencionista, diametralmente opuesta a la -a priori- postulada por la actual Administración.
Por otra parte, el consumidor local también es muy diferente al de aquel entonces, que ante aumentos en los precios seguía mostrando una fuerte resistencia a bajar su consumo.
Hoy no está claro cuánto más pueda resistir el consumidor local sin comenzar a restringir su ingesta de carne. Si bien los procesos inflacionarios suelen generar fuertes desequilibrios en términos de prioridades de consumo, el reciente ajuste que acabamos de ver en los precios de la hacienda producto de un consumidor sumamente reticente a convalidar las últimas subas, nos da una primera señal de la respuesta que podríamos esperar por parte del mercado local en los próximos meses.
En lo que respecta exportación, sin duda, tras la devaluación de la moneda el sector hoy goza de una mayor competitividad. Sin embargo, no está claro cuán rápido podría ir erosionándose esa mayor competitividad cambiaria en la medida que el resto de los costos internos sigan viajando a tasas de inflación mensuales de dos dígitos.
No obstante este interrogante que se plantea en términos de la competitividad de la industria exportadora, a la luz de las políticas de apertura y liberación comercial conocidas al momento, nuestra proyección para el próximo ciclo refleja un marco más favorable a la exportación que al consumo doméstico.
En este sentido, aun con una oferta de carne más restringida, estimamos que la exportación presionará para sostener los niveles de actividad conseguidos este año a fin de diluir los pesados costos de estructura que recaerán sobre la operación.
En esta puja, no descartamos un escenario en el cual la exportación siga ganando participación de mercado en detrimento del consumo local que, de momento, se perfila como el segmento más debilitado pudiendo incluso llegar a retroceder a niveles de consumo inferiores a los 45 kilos per capital.
Sin embargo, aún son demasiadas las variables que restan definir en este nuevo escenario macroeconómico planteado tras el cambio de gobierno. Si bien desde la oferta podemos proyectar con mayor grado de certeza un escenario de menor disponibilidad de carne, no es posible al momento ofrecer el mismo grado de precisión respecto a la dinámica de ajuste que planteará la demanda.
Fuente: Rosgan.