Es así que entre la información analizada destacan que la faena total de bovinos de este año se estaría ubicando en un rango de entre 14,4-14,6 millones de cabezas, la cifra más alta desde el 2009. Este gran flujo de animales posibilitó un fuerte aumento de producción de carne, que se estaría ubicando en 3,3 millones de toneladas (+5% respecto del año 2022). A su vez, el salto productivo ha permitido que las exportaciones se mantengan en muy buen nivel y que el consumo interno también crezca, pasando aproximadamente de unos 49 a 51 kilos por habitante promedio año.
El problema, señalan, es que este gran flujo de animales enviados a faena no es sostenible, en el sentido que excede la capacidad de producción de equilibrio del sistema (bajo los parámetros de productividad actuales). La faena de hembras representará este año más del 48% de la faena total, un porcentaje que implica descapitalización y reducción de los rodeos.
Según estimaciones propias elaboradas por el IERAL, los stocks estarían retrocediendo entre un 3% y 5% este año, para ubicarse en un rango de 51,5 – 52,6 millones de cabezas; un nivel similar existencias había en el periodo 2011-2014, es decir, el capital bovino retrocederá varios casilleros este año
Como puede inferirse, destacan, la faena del 2024 estará fuertemente atada a las decisiones de los productores ganaderos y a sus expectativas respecto el futuro de la actividad. Se abren tres posibilidades, que se intente volver a niveles de liquidación de equilibrio, que se continúe con el proceso de ajuste y descapitalización o, por el contrario, que se inicie un proceso de retención de hembras (una reversión completa del fenómeno de este año), que apunte a ampliar los rodeos y recuperar capacidad de producción.
Si el sistema empieza a converger hacia la normalización, se estima que el flujo de animales enviados a faena en el 2024 podría estar en torno a los 13,0-13,5 millones de cabezas, un ajuste de entre 7% y 10% aproximadamente, respecto de los animales que se terminarían faenando este año.
Esta convergencia hacia el equilibrio conlleva una caída importante en la producción de carne, del orden de las 230 – 340 mil toneladas año (res con hueso). Bajo este escenario, si bien una parte del ajuste de la producción podría recaer sobre las exportaciones, la otra recaerá inexorablemente sobre el consumo interno, que de los casi 51 kilos promedio por habitante del 2023 podría bajar a 46/47 kilos.
Fuente: todoagro.com.ar