Usar agua potable en todo momento, sea para lavar los productos como para tomarla. Cocinar por completo los alimentos, especialmente la carne, el pollo y los pescados. No dejar comida a temperatura ambiente por más de dos horas (especialmente aquellas que contengan aderezos). Cuando se termina de consumir, guardar en la heladera inmediatamente.
Refrigerar los alimentos cocinados y perecederos (preferiblemente por debajo de 5°C; la comida que es caliente debe permanecer a una temperatura de más de 60°C hasta el momento de servirla.
Separar siempre los alimentos crudos (especialmente las carnes y pescado) de los cocidos; para prepararlos, utilizar diferentes utensilios, como cuchillos y tablas. Cocinar los huevos hasta que la yema y la clara estén firmes. Usar recetas en las que los huevos queden bien cocinados.
No descongelar los alimentos a temperatura ambiente. Controlar el rotulado y la fecha de vencimiento de los productos que se adquieren en comercios. Elegir los productos congelados y/o refrigerados al final de la compra. Evitar que, durante su traslado, los alimentos congelados y/o refrigerados estén en lugares calientes o al rayo del sol.