Y la necesidad de tener mayores precisiones parte de la imagen que tenemos del ser afable que nos mueve la cola al llegar. Esa imagen de pronto se siente amenazada y entonces se instala la duda: ¿Puede un perro, el que vemos ladrarle a un auto al pasar, convertirse en un feroz depredador cuando se mueve al amparo de la noche?
El biólogo Aníbal Fernando Parera sostiene que el perro doméstico conserva el ADN del lobo, su ancestro directo.
“Hacen un daño feo”
Rodrigo Navedo es ingeniero agrónomo y tiene unos 20 años de experiencia en la Agencia de Extensión Rural (AER) Zapala del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la cual depende de la regional Bariloche de ese organismo, un dato importante que permite poner mejor en perspectiva el problema de los perros.
Cuando se le pide su análisis del impacto de los perros en rodeos y majadas, reconoce que “es bastante feo el daño que hacen”.
¿Cómo que el daño es bastante feo? ¿Puede ser peor que la ferocidad del puma o la sagacidad del zorro?
“El puma y el zorro va, y solamente te muerde en el cuello del animal. Los perros no. Atacan en jauría como los lobos, y empiezan a desgarrar al animal. Muerde uno, muerde otro, y comienzan a sacar pedazos”, describe sin que le haya comentado antes sobre el video del biólogo. Describe, desde su rol de observador especializado, que “parece una masacre o una película de terror”.
Rodrigo Navedo, ingeniero agrónomo del INTA Zapala, describe los ataques como "una masacre o una película de terror".
Al menos un 20% es por perros
Fue desde el INTA Bariloche donde quizás con mayor detenimiento se han estudiado las dos caras de este Dr. Jekyll y Mr. Hyde de la estepa patagónica, porque es capaz de ofrecer los más espeluznantes espectáculos cuando ataca en manada, y ser al mismo tiempo el protagonista del mayor remedio ambientalista para la protección de las majadas, como es el caso de los perros pastores.
Desde Bariloche se investigó hace ya algunos años el impacto del perro en la ganadería. El trabajo se hizo sobre un campo ubicado cerca de la localidad rionegrina de Pilcaniyeu, que se encuentra a 75 kilómetros de la ciudad de Bariloche.
Del total de pérdidas por depredadores, el 20% se correspondían con ataques de perros. Y en este punto vale recordar una de las definiciones que han difundido los investigadores del INTA: El del perro, es en realidad un problema humano. Porque no hay tenencia responsable, porque hay familias que hasta se niegan a la castración de los machos, casi como un reflejo de costumbres machistas, porque no se los tiene atado o porque no se los alimenta de manera adecuada.
El abandono de perros en los basureros es uno de los primeros pasos para la conformación de jaurías de perros asilvestrados,
Navedo aseguró que “todo todos los campos que están medio cercanos a las ciudades o los pueblos, son los que más problemas tienen con los perros asilvestrados que, por lo general, se crían en basureros. Pero también hay perros de productores o de gente urbana. Sobre todo, son de gente que no tiene tendencia responsable”.
Describe al animal “muy caminador y por lo general andan en jaurías”, de 10 o 12 ejemplares. “Cuando ataca, no es necesario que tenga hambre, sino que lo hace para divertirse”, aclara este investigador, quien advierte que siempre el daño de estos animales se lo vincula a chivos o corderos, “pero también hemos visto daños en terneros”. Lo mismo certificaron productores de San Antonio Oeste cuando fueron consultados por +P hace dos años.
¿Son peores que lobos?
Parera incluso va más allá, y explica porque el perro que se hace salvaje, puede ser incluso peor que el lobo: “El problema gigante con los perros cimarrones, o asilvestrados, es que recuperan esa faceta ancestral del lobo, porque se mueven en jaurías, coordinan sus movimientos y cazan lo que quieran. Y hay más: son peores que los lobos. Porque muchos de los perros que se mueven por la naturaleza y parecen cimarrones, en realidad no están enteramente sueltos, sino que están siendo subsidiados por el pueblo vecino, donde pueden comer y hasta recibir atención veterinaria”.
Las jaurías de perros cimarrones pueden reunir entre 10 y 12 ejemplares y recorrer largas distancias en busca de presas. La imagen es un registro de zonas costeras de Chile.
Coporación Nacional Forestal
El llamado de la naturaleza
Explicó que el lobo es capaz de cazar en grupos y de manera coordinada e inteligente. “Y esto los convierte en superpredadores, capaces de dar muerte a presas superiores a su tamaño. Y esto se repite en pocas especies de la naturaleza”.
Este biólogo hace referencia a las orcas, como otro animal que puede atacar en grupo, “pero ni el tigre, ni el puma ni el yaguareté, ni los leones”, conforman jaurías para derribar y dar cuenta de sus presas.
El otro elemento llamativo, es que “no hay ni hubo jamás lobos salvajes en la Argentina”, y profundiza asegurando que “los zorros, el lobo malvinero (que en realidad es un zorro), o el lobo de crin o Aguará Guazú (que también es un zorro grande), ni cerca están de cazar en grupo. Son en realidad cazadores solitarios de pequeñas presas”.
Ahí nomás, adivinando tal vez la que se le puede venir, aclaró: “Son adorables y un gran aliado del ser humano, pero este problema requiere soluciones, empezando por la tenencia responsable, pero controlando también, y de manera efectiva, las poblaciones silvestres”.
En el campo neuquino, “los perros ni siquiera se comen al animal”, sino que luego de una jornada de fechorías, “te dejan todos los animales muertos desparramados”.
Muchos perros considerados "salvajes" en realidad son alimentados y asistidos por pobladores cercanos, lo que agrava el problema.
La solución no es nada fácil
Pero el manejo de la situación no es nada fácil. Navedo reconoce que “cuesta avanzar”. Existen leyes que los protegen, y es lógico admite “porque todos queremos a los perros”.
Pero también hay que ponerse en los zapatos (o las alpargatas), del productor que ve cómo se va en una noche el 20% de su producción anual de chivos o corderos. “El tipo quiere salir con un rifle”, reconoce este agrónomo de formación. Y en frente aparecen las asociaciones protectoras del perro.
Por ahora “lo que hemos trabajado desde acá es juntarnos con los municipios”, para hacer campañas sobre el manejo del perro. Aprovechan charlas sobre alimentación de chicos, por ejemplo, y técnicos de los municipios acompañan para explicar la importancia de las castraciones”.
La falta de tenencia responsable y la resistencia a castrar a los machos complican el control de la población canina en zonas rurales.
El macho no se toca
Y surge de la charla un dato quizás más llamativo que los anteriores: “Encontramos que hay mucha resistencia con castrar a los animales. Y hasta puede que exista un poco de machismo, porque se acepta mucho más que se opere a la perra, pero no es fácil que acepten operar a los machos”.
Lo cierto es que “se han intentado hacer varias cosas, pero no se pudo avanzar más. Como que por ahora es una pelea contra corriente”.
Mientras tanto, siguen escuchando historias de perros que han dejado aflorar su faceta salvaje, y bajo la apariencia inofensiva de un perro cruza asoma un lobo en toda su expresión. Por eso es al criadero de gallinas y pollitos bebé del INTA Zapala adonde acuden los productores para reponer el stock de sus gallineros luego del paso depredador de una jauría. También acuden quienes van a comprar gallos o gallinas porque los perros de ellos le mataron esas aves a un vecino y quieren reponérselas.
FUENTE: Redacción +P