“Yoli” fue premiada como hembra gran campeona, mientras que “Toribio” se llevó el título de macho campeón de su categoría. A esto se sumaron otros reconocimientos: el primer puesto con la ternera “Estrella”, un tercer lugar con “Bety” y el premio al mejor conjunto de hembras de la raza.
El logro no es aislado ni producto del azar. Es la expresión de un trabajo colectivo, interdisciplinario y profundamente arraigado en la misión social de la universidad pública. El proyecto nació en la Cabaña Agrarias de la UNLZ, una unidad académica-productiva donde estudiantes, docentes e investigadores trabajan codo a codo en el manejo, cría y mejora genética de ganado.
Este proyecto en particular comenzó hace varios años, tras el hallazgo de ejemplares asilvestrados de la raza Criolla Patagónica en el Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz. Se trataba de una población bovina que había sobrevivido aislada por décadas, descendiente directa del ganado que introdujeron los conquistadores españoles en el siglo XVI. Su rusticidad, capacidad de adaptación al clima hostil y genética única la convirtieron en una joya olvidada de la biodiversidad ganadera argentina.
Con el aval del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la UNLZ comenzó un proceso de recuperación, cría controlada y selección genética con el objetivo de reinsertar esta raza en el sistema productivo nacional. Hoy, los frutos están a la vista, no solo en las vitrinas llenas de premios, sino también en la conciencia ganadera que se está reconfigurando.
Identidad productiva con raíz criolla
La Criolla Patagónica no es una raza diseñada para romper récords de producción de carne o leche. Pero su valor reside en otros aspectos igual o más importantes: la adaptabilidad al cambio climático, la resistencia a enfermedades, la fertilidad y la longevidad. Además, representa un acervo genético nacional invaluable, que estuvo a punto de desaparecer por la presión de razas extranjeras más “rentables” en el corto plazo.
Desde Agrarias UNLZ, el enfoque es claro: combinar formación técnica con compromiso territorial. En este sentido, la participación en la Rural de Palermo no fue solamente una competencia: fue una vitrina para mostrar cómo la educación superior puede transformar la realidad agropecuaria del país desde una mirada sustentable y soberana.
“El aplauso fue para Yoli y Toribio, pero también para nuestros estudiantes, que se formaron con ellos desde terneros. Fue un momento bisagra que reafirma que la universidad pública puede liderar procesos de innovación con identidad”, expresó una docente de la cabaña universitaria.
La emoción de un país que aplaude a su universidad
Las imágenes de la consagración recorrieron las redes y los medios especializados, pero detrás de la ovación hay años de trabajo, de madrugadas en la cabaña, de viajes al sur para estudiar a los animales originales, de planificación genética y, sobre todo, de pasión por lo que se hace.
ganadería raza patagonica 1
Yoli fue presentada en Palermo...y recibió una ovación.
Esta hazaña de la UNLZ invita a repensar el rol de las universidades públicas en el desarrollo rural y la producción nacional. Mientras muchas veces se las asocia solo con aulas y pizarrones, experiencias como esta muestran que también pueden ser motoras de innovación, guardianas del patrimonio genético y cultural, y protagonistas activas del desarrollo económico con rostro humano.
“Esto es ciencia aplicada, pero también es una historia de amor por nuestros animales, por nuestra tierra y por lo que podemos hacer juntos desde lo público”, señaló uno de los estudiantes que participó del proyecto.
“Yoli” y “Toribio” ya son nombres que quedarán en la historia de la ganadería argentina. Pero también son símbolo de algo más grande: de cómo un proyecto nacido en una facultad del conurbano bonaerense puede transformar una especie, rescatar una identidad y emocionar a todo un país.
Con este hito, la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNLZ no solo se ganó un lugar entre los mejores criadores del país. También dejó claro que el futuro del campo argentino puede construirse desde la educación, la investigación y el compromiso. Porque como lo demuestran Yoli y Toribio, cuando el conocimiento se cruza con la pasión, los resultados pueden ser extraordinarios.