El hallazgo fue documentado por el Grupo de Ecología de Sistemas Acuáticos a escala de Paisaje (GESAP), dependiente del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA-CONICET) y la Universidad Nacional del Comahue. Las investigadoras Sharon Allen Dohle, Mariana Reissig, Patricia García y María del Carmen Diéguez confirmaron la presencia de ejemplares en distintos cuerpos de agua del Parque Nacional Nahuel Huapi, abriendo un escenario de análisis sobre su grado de establecimiento y los efectos ecológicos que puede generar.
Un organismo diseñado para pasar inadvertido
Lo que hace particularmente compleja la gestión de esta especie invasora es su ciclo de vida bifásico. Durante la mayor parte del año, Craspedacusta sowerbii permanece como pólipo: una estructura microscópica adherida a rocas, vegetación acuática o cascos de embarcaciones, prácticamente imposible de detectar a simple vista.
Solo en verano, cuando las temperaturas del agua aumentan, emerge en su fase libre como medusa. Esta biología le permite viajar de un cuerpo de agua a otro sin ser detectada, lo que explica por qué su distribución real está probablemente subestimada y su avance resulta tan difícil de contener.
La especie es reconocida como invasora a escala global, presente en todos los continentes salvo la Antártida. En Argentina, antes de los registros patagónicos, había sido documentada en las provincias de Mendoza, San Luis, Córdoba y Misiones.
Su llegada a la Patagonia andina —un ambiente templado-frío muy distinto a su hábitat original— representa un dato científicamente relevante, ya que supone una adaptación a condiciones que hasta hace poco se consideraban limitantes para su expansión.
El efecto cascada que preocupa a los especialistas
El impacto de Craspedacusta sowerbii sobre los ecosistemas acuáticos patagónicos no es menor. La especie es un depredador activo de zooplancton —copépodos, cladóceros y larvas de invertebrados— que constituye la base de la cadena alimentaria de los cuerpos de agua dulce.
Al competir directamente con las larvas de peces nativos por este recurso, la medusa puede desencadenar un efecto cascada con consecuencias sobre la estructura completa del ecosistema.
Lo que agrava el escenario es que, hasta el momento, no se identificaron depredadores naturales de esta especie en las tramas tróficas patagónicas. La ausencia de un control biológico propio del ecosistema podría facilitar que la medusa se establezca y expanda sin restricciones significativas.
En los lagos de Bariloche, cualquier alteración en las poblaciones de zooplancton repercute directamente sobre las comunidades de peces, un recurso de alto valor tanto ecológico como económico para la región.
Patagonia es el núcleo productivo de la acuicultura argentina: Neuquén genera cerca de 7.500 toneladas anuales de salmónidos, lo que representa entre el 80 y el 90% de la producción nacional.
La pesca deportiva, por su parte, convoca a pescadores de todo el mundo y sostiene una economía regional asociada al turismo de naturaleza. Cualquier alteración en las comunidades de zooplancton —el eslabón que alimenta a las larvas de truchas y salmones— puede comprometer este sistema productivo de manera silenciosa pero progresiva.
La respuesta legislativa: ampliar el alcance de la ley del didymo
Ante este escenario, la legisladora provincial Daniela Agostino (Coalición Cívica ARI) presentó un proyecto de ley en la Legislatura de Río Negro orientado a modificar la Ley Provincial 4801, diseñada originalmente para contener al alga invasora Didymosphenia geminata (conocida popularmente como "didymo" o "moco de roca").
La propuesta busca ampliar el alcance normativo de esa ley para que incluya a Craspedacusta sowerbii y a cualquier otra amenaza biológica que ponga en riesgo la biodiversidad de los recursos hídricos provinciales.
La iniciativa parte de un diagnóstico claro: los mecanismos de control ya existentes para el didymo son igualmente aplicables para frenar la dispersión de la medusa asiática. En ese marco, el proyecto propone la implementación obligatoria del protocolo "Remover, Lavar y Secar" para todo equipo y embarcación que circule entre distintos cuerpos de agua.
La actividad náutica y pesquera es el principal vector de dispersión de esta especie: los pólipos adheridos a cascos, remos, trajes de neopreno o equipos de pesca pueden ser transportados inadvertidamente de un lago a otro.
El texto del proyecto es contundente en su fundamentación: "la protección del patrimonio natural de la Patagonia es responsabilidad indelegable del Estado", que debe garantizar el bienestar de las generaciones futuras. Esta lógica preventiva es la misma que la ciencia internacional recomienda: una vez que una especie invasora consolida su presencia en un ecosistema, los costos de manejo y control se multiplican exponencialmente.
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Craspedacusta sowerbii compite con larvas de peces por el zooplancton, base de la cadena trófica.
Financiamiento: el 5% del FONAPE
Para la ejecución de las campañas de desinfección y monitoreo, la propuesta legislativa estipula que los recursos provendrán del 5 por ciento de los ingresos que la provincia de Río Negro recibe a través del Fondo Nacional Pesquero (FONAPE).
Este fondo —que al primer trimestre de 2026 acumuló una recaudación superior a los 11.540 millones de pesos a nivel nacional— distribuye recursos coparticipables entre las provincias pesqueras del país, incluyendo a Río Negro.
La decisión de financiar el control de especies invasoras con fondos pesqueros tiene una lógica directa: los ecosistemas acuáticos saludables son la base sobre la que se sostiene la actividad pesquera y acuícola. Protegerlos es, en última instancia, proteger la fuente de los propios recursos.
Ciencia ciudadana y cooperación como respuesta
Más allá del marco normativo, la comunidad científica subraya la importancia de la participación ciudadana en la detección temprana de esta especie. Dado que la medusa puede pasar desapercibida durante la mayor parte del año, el registro de avistamientos por parte de pescadores, náuticos y visitantes de los lagos resulta clave para mapear su expansión real.
Los investigadores del INIBIOMA-CONICET alientan a reportar cualquier hallazgo a través de herramientas digitales disponibles, con el objetivo de ampliar la base de datos y mejorar la capacidad de toma de decisiones en materia de conservación.
La aparición de Craspedacusta sowerbii en la Patagonia no es un evento aislado: es una señal de que los ecosistemas de agua dulce de la región están expuestos a presiones crecientes, y de que la gestión de especies invasoras requiere respuestas normativas, científicas y ciudadanas coordinadas.
FUENTE: INIBIOMA-CONICET / Universidad Nacional del Comahue — Revista "Desde la Patagonia" — Legislatura de Río Negro — Consejo Federal Pesquero (Acta CFP Nro. 8/2026)