Tras la detección del caso, las autoridades competentes del estado de Brandeburgo actuaron sin demora. Se establecieron zonas de protección y vigilancia alrededor de la granja afectada, con radios de al menos tres y diez kilómetros respectivamente. En estas zonas se prohibió el transporte de animales de pezuña hendida —como bovinos, cerdos, ovejas y cabras— así como sus productos. Las explotaciones cercanas fueron minuciosamente inspeccionadas y monitoreadas para detectar posibles contagios y actuar de forma preventiva.
Una medida destacada fue la implementación de una “parada” de 72 horas para todos los movimientos de animales susceptibles, una medida adoptada tanto por Brandeburgo como por la ciudad-estado de Berlín. Esta suspensión total de desplazamientos ayudó a evitar la diseminación del virus durante los primeros días críticos.
Simultáneamente, se activó el Grupo Central de Crisis para Enfermedades Animales del Ministerio Federal de Alimentación y Agricultura (BMEL), que coordinó acciones junto a las autoridades estatales y la Unión Europea. La cooperación entre niveles gubernamentales, el apoyo del Instituto Friedrich Loeffler y el cumplimiento estricto de los protocolos de bioseguridad fueron claves en la rápida erradicación del foco.
La fiebre aftosa es una enfermedad viral que afecta a los animales de pezuña hendida, como vacas, cerdos, ovejas y cabras, así como a animales silvestres y de zoológicos. Aunque no representa un riesgo para la salud humana, su alta capacidad de contagio y el impacto económico que genera la hacen una de las enfermedades animales más temidas a nivel mundial.
En Alemania, la competencia para combatir este tipo de enfermedades recae en los estados federados, cuyas autoridades aplican las medidas necesarias siguiendo las disposiciones del derecho nacional e internacional. El caso de Brandeburgo es un ejemplo de cómo una intervención rápida y organizada puede evitar consecuencias devastadoras para la agricultura y la economía rural.
Situación en Europa del Este
Mientras Alemania celebra el éxito de su respuesta, la situación en Europa del Este genera preocupación. En marzo de 2025, Hungría confirmó un brote de fiebre aftosa en el noroeste del país, el primero desde 1973. Desde entonces, se han reportado más casos tanto en Hungría como en la vecina República Eslovaca, lo que mantiene en alerta a los países limítrofes.
A pesar de la proximidad geográfica, no existen pruebas de que el brote húngaro esté relacionado con el caso alemán de enero. No obstante, el BMEL ha intensificado el contacto con las autoridades de los países afectados para intercambiar información y coordinar estrategias. Además, Alemania ha ofrecido dosis de vacunas para apoyar los esfuerzos de contención en la región.
Este episodio ha puesto en evidencia la importancia de la vigilancia sanitaria constante y de las medidas de bioseguridad en las explotaciones ganaderas. Las autoridades alemanas insisten en que la prevención es la mejor defensa contra la fiebre aftosa. Por ello, se exhorta a los productores a mantener protocolos estrictos, reportar rápidamente cualquier síntoma sospechoso y cumplir con las disposiciones sanitarias vigentes.
La pronta recuperación del estatus sanitario por parte de la WOAH no solo protege la reputación de Alemania como país exportador, sino que también reafirma la eficacia de su sistema de control de enfermedades animales. La experiencia de enero de 2025 se convierte así en un referente para futuras intervenciones, tanto en el país como en el ámbito europeo.
La amenaza de la fiebre aftosa sigue presente en otras regiones, pero Alemania ha demostrado que, con coordinación, transparencia y acción decidida, es posible contener incluso las enfermedades animales más contagiosas.