Ha defendido proyectos como el de su bodega Raimat, que es pionera en el uso del "big data" para una viticultura de precisión centrada en un uso más eficiente de los recursos hídricos.
También ha informado de otras estrategias, como el uso de riego subterráneo en sus nuevas plantaciones, con las que consiguen ahorrar "hasta el 20% de agua".
La coordinación con las administraciones públicas, el impulso a nuevas infraestructuras, la apuesta por la innovación, por el uso de variedades más resistentes a los ciclos de sequía, por la formación y la divulgación son otros de los consejos que ha expresado.
Por su parte, el enólogo y director de bodega y viñedo de Abadía Retuerta, Ángel Anocíbar, ha informado de que en su zona de producción la temperatura media ha subido 1,8 grados en los últimos 60 años, hasta el punto de que ya vendimian a finales de agosto y con grados alcohólicos más altos. Si la dinámica continúa, "los ciclos de la vid van a cambiar y es dramático", ha indicado durante su intervención en la BWW.
En su empresa se sienten "afortunados" al poder utilizar agua del río Duero y, además, aprovechan de forma eficiente el agua de lluvia acumulada en la capa freática usando sensores en el suelo que monitorizan los volúmenes disponibles cuando arrancan los ciclos de producción.
El director técnico y enólogo de Bodega Peralada, Delfí Sanahuja, ha indagado en la necesidad de investigar e implantar medidas que permitan planificar el riego de la viña, según las necesidades particulares de cada viñedo y variedad de uva.
En este sentido, Sanahuja se ha preguntado sobre cómo acercar el agua suficiente al viñedo y para ello ve importante tener apoyo de irrigación, especialmente en los años más secos.
Cepas viejas y cambio climático
Precisamente, la adaptación de las cepas viejas al cambio climático ha sido uno de los asuntos abordados en la BWW y, sobre este aspecto, el profesor de Viticultura de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), José Ramón Lilssarague, ha indicado que los viñedos viejos tienen "per se, cierta capacidad de adaptación a condiciones desfavorables".
Se debe a que "tienen una mayor proporción de raíces en partes más profundas del suelo", lo cual es "interesante" a la hora de extraer recursos como el agua.
Además, esto les permite tener "estructuras permanentes mucho más desarrolladas" y una mayor "capacidad de almacenar sustancias".
En cuanto a su rendimiento respecto a viñedos jóvenes, cree que "no hay que generalizar" porque "hay experimentos" en los que cepas viejas "daban mejores rendimientos que los jóvenes".
Retomar viñedos inactivos
Y es que las cepas viejas son tendencia y muestra de ello es la apuesta que bodegas como Can Lleó han hecho retomando la producción de viñedos de más de 50 años que han tenido inactivos desde 1986.
La última generación familiar de Can Lleó decidió, tras la pandemia, reactivar esa producción conocedora de su atractivo y, además, obteniendo caldos 100 % ecológicos tanto en viña como en vinificación en bodega, según ha expuesto en la BWW la enóloga Aina Mariné.
Olga Colet también ha acudido al salón para dar a conocer los vinos de su empresa familiar (Colet Viticultors) para hacer una defensa también de las cepas viejas que sus ancestros comenzaron a cosechar y que a día de hoy siguen produciendo, ya bajo la marca de la DO Penedès.
Actualmente, consiguen vinos como el Aniversari, monovarietal, de viña vieja, con uva de charelo que en boca es fresco, elegante, seco y con buena acidez, según se indicó en la cata protagonizada en la BWW.
Fuente: EFE Agro