Este salto económico tiene dos factores clave: la creciente demanda internacional y la formalización del comercio. En Australia, por ejemplo, cadenas de supermercados como Coles y Woolworths han comenzado a vender polvo de kava, normalizando su consumo fuera de los círculos culturales del Pacífico. “Tomas tu café por la mañana para darte un empujón y tomas tu propia kava por la tarde para relajarte un poco”, explica Louze, convencido de que la bebida se está convirtiendo en un hábito cotidiano.
El “oro marrón” del Pacífico
El auge en la demanda ha disparado los precios. En Fiji, el kilo de raíz de kava pasó en cuestión de meses de 40 a 100 dólares, un aumento del 150 %. Exportadores como Praveen Narayan aseguran que la demanda internacional se ha incrementado en un 300 % en apenas medio año. Hoy, el 70 % de su producción se destina a Australia, que ha desplazado a Estados Unidos como principal destino.
“Quien tiene el kava es un rey ahora”, afirma Narayan. Su testimonio refleja cómo el kava ha pasado de ser un cultivo de subsistencia a una especie de “moneda dura” en el Pacífico. En Tonga, el presidente del Comité Nacional de Kava, Fe'iloakitau Kaho Tevi, lo resume con claridad: “Si los agricultores quieren pagar la matrícula escolar… arrancan unas cuantas plantas, y eso es lo que les permite pagar”. En otras palabras, el kava funciona como un banco agrícola, una fuente inmediata de liquidez para las familias campesinas.
Impacto en las comunidades rurales
En las islas productoras, los beneficios económicos ya son visibles. Louze asegura que basta recorrer regiones como Pentecost y Santo, en Vanuatu, para notar la diferencia: más vehículos, mejores viviendas, instalación de sistemas solares y acceso a agua potable. El dinero del kava está dinamizando la economía local, generando empleo indirecto y permitiendo inversiones familiares que antes parecían imposibles.
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Una planta de kava de un año de edad.
No obstante, el rápido crecimiento también plantea desafíos. La expansión de la producción requiere mano de obra, pero muchos jóvenes de Vanuatu y Fiji participan en programas de trabajo temporal en Australia y Nueva Zelanda, lo que limita la capacidad de las granjas. “La ausencia de esos jóvenes en las granjas es una limitación para el desarrollo del kava”, admite Louze.
Entre el ingreso y el costo social
Si bien el kava ha traído prosperidad a los agricultores, su impacto económico no es uniforme. En países que dependen de la importación, como Kiribati, la historia es distinta. Allí, el kilo cuesta alrededor de 100 dólares y se estima que la nación gastó 28 millones de dólares en kava importado de Vanuatu en los últimos doce meses. La ministra de Mujeres, Juventud y Deportes, Ruth Cross Kwansing, denuncia que incluso las ayudas sociales terminan gastándose en esta bebida, restando recursos a necesidades básicas como alimentación y educación.
“Si gastan todo el dinero en kava, ¿dónde están los fondos que la familia necesita para comprar comida y artículos básicos?”, cuestiona Kwansing, preocupada por el efecto en la productividad de los hombres que pasan noches enteras en bares de kava y al día siguiente no trabajan ni pescan. En este caso, el kava no representa un ingreso, sino una fuga masiva de divisas.
Un mercado en expansión
El futuro del kava parece prometedor. Su creciente aceptación en Australia y otros países abre la puerta a que el mercado global se expanda aún más, diversificando destinos y generando competencia entre exportadores. Sin embargo, no todo es sencillo: el mercado estadounidense comienza a saturarse, presionando los precios, mientras que los productores del Pacífico enfrentan la tarea de aumentar la oferta sin perder calidad ni comprometer el equilibrio social.
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La venta de raíces de kava esta creciendo en la mayor parte de los mercados del Pacífico.
Los expertos insisten en que el crecimiento debe ir acompañado de regulaciones y educación. El profesor Ravulo, de la Universidad de Sídney, advierte que aunque el kava no es considerado adictivo, su abuso puede generar consecuencias sociales. “Se trata de educar a los usuarios para que estén informados sobre sus impactos en el cuerpo, pero también sobre otros elementos de su bienestar, incluyendo su conexión con otras personas, como sus parejas, sus hijos, su familia y su comunidad”, señala.
Conclusión: la raíz que cambia economías
El kava está teniendo, como dicen los isleños, “su momento en el tiempo”. Lo que por siglos fue una práctica espiritual y comunitaria hoy mueve millones de dólares y transforma la economía de países pequeños y vulnerables. Para muchos agricultores del Pacífico, la raíz se ha convertido en un salvavidas financiero. Pero para naciones importadoras como Kiribati, es un drenaje económico que amenaza la estabilidad social.
El reto hacia adelante será equilibrar ambos lados de la balanza: aprovechar el potencial económico de este cultivo sin descuidar los costos sociales y de salud pública. Mientras tanto, en las aldeas de Vanuatu y Fiji, el kava sigue siendo más que una bebida: es un símbolo de identidad que, ahora, también representa prosperidad y poder en el tablero económico del Pacífico.
Fuente: Agencias internacionales con aportes de Redacción +P.