La cosecha australiana de cerezas tendrá su peor desempeño en cinco años
Proyecta una caída del 10% en la producción de cerezas en Australia para 2025/26, con fuertes riesgos sobre la calidad. Tasmania se perfila como la excepción.
La producción de cerezas australianas enfrenta un panorama complejo para la campaña de comercialización 2025/26. De acuerdo con un informe reciente del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), se espera que la producción nacional de cerezas caiga en torno al 10%, pasando de 20,000 toneladas métricas (TM) en 2024/25 a unas 18,000 TM en el próximo ciclo. Esta cifra ubica a la cosecha ligeramente por debajo del promedio de los últimos cinco años.
El USDA identifica diversos factores detrás de esta proyección, entre los que destacan condiciones climáticas inicialmente favorables, pero que serán contrarrestadas por un pronóstico de primavera más húmeda de lo habitual, con excepción de la isla de Tasmania.
La temporada comenzó con un escenario alentador para los productores. Las temperaturas invernales —en promedio más bajas que lo habitual— proporcionaron las horas de frío necesarias para un desarrollo vigoroso de los brotes en primavera. Este factor es crucial, dado que las cerezas dulces requieren más de 800 horas de frío entre los 2°C y 12°C para asegurar una floración uniforme, detalla el estudio.
Sin embargo, las expectativas positivas se ven ensombrecidas por la proyección de la Oficina de Meteorología (BOM), que anticipa una primavera más lluviosa en la mayoría de las zonas productoras. El exceso de precipitaciones entre septiembre y noviembre podría afectar negativamente la polinización, aumentar la incidencia de enfermedades fúngicas y bacterianas, e incluso provocar anegamiento del suelo. Todo esto repercute directamente en el tamaño, sabor y calidad de la fruta.
“Las lluvias durante la maduración, especialmente si se combinan con temperaturas cálidas, crean un ambiente ideal para plagas y enfermedades”, advierte el USDA. Además, la humedad excesiva durante la cosecha reduce la firmeza de las cerezas, lo que disminuye su vida útil y, en consecuencia, su atractivo para los mercados de exportación.
A pesar de este panorama, algunos productores han invertido en tecnologías de manejo y protección. Entre ellas destacan el uso de espalderas, podas estratégicas y estructuras de malla antigranizo, que además pueden servir como protección contra la lluvia. Estas medidas buscan reducir los daños derivados del exceso de humedad y preservar la calidad de la fruta destinada a la exportación.
Tasmania, la excepción optimista
Dentro del contexto nacional, Tasmania se perfila como la región con mejores perspectivas. El USDA prevé que la isla registre lluvias cercanas a su promedio histórico, un escenario que, junto con el acceso a abundante agua de riego, podría sostener una cosecha abundante y de alta calidad.
El posicionamiento de Tasmania es estratégico: su temporada de cosecha más tardía (de diciembre a febrero) coincide con la fuerte demanda del mercado chino durante el Año Nuevo Lunar. Esto convierte a la región en un motor clave de las exportaciones australianas.
Por el contrario, las zonas productoras del sudeste, como Nueva Gales del Sur, Victoria y Australia del Sur, enfrentarán mayores riesgos climáticos. Allí, las lluvias excesivas durante la cosecha de noviembre elevan la probabilidad de agrietamiento de la fruta, podredumbre parda y cerezas blandas, lo que disminuye su valor comercial.
Balance de la temporada pasada
El USDA recuerda que en la campaña 2024/25, aunque la producción nacional alcanzó las 20,000 TM, Tasmania sufrió pérdidas de calidad debido a lluvias tempranas en diciembre, justo después de aplicaciones de ácido giberélico. El resultado fueron frutos más blandos y menores volúmenes aptos para exportación, aunque el impacto no redujo significativamente la oferta total disponible en el mercado local.
Australia cuenta con zonas productoras destacadas como Huon Valley (Tasmania), Goulburn Valley (Victoria), Young y Orange (Nueva Gales del Sur) y Adelaide Hills (Australia del Sur). Si bien la mayoría de las cerezas se consumen frescas en el mercado interno, una porción importante se destina a la exportación, especialmente hacia Asia. Además, existe un uso menor en productos procesados como mermeladas, licores, helados y confitería.
La campaña 2025/26 será una prueba de resiliencia para la cereza australiana. Con una producción estimada en 18,000 TM y riesgos climáticos significativos, el desempeño de regiones como Tasmania será clave para compensar las pérdidas de otras áreas. Para los productores, el reto radicará en adaptarse a un entorno más húmedo y en aplicar estrategias de mitigación que permitan mantener la competitividad en un mercado donde la calidad es un factor determinante.
Fuente: USDA con aportes de Redacción +P.
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