Tierras en la Patagonia: ¿Por qué los multimillonarios compran el sur de Argentina?
Informe del CONICET revela las claves de la extranjerización en la Patagonia: agua, tecnología y valor estratégico en una puja global por la soberanía del siglo XXI.
Desde las 900.000 hectáreas en manos del grupo italiano Benetton hasta las 155.000 del conglomerado francés Somuncura; desde las 140.000 del estadounidense Rabino Elimeir Libersohn hasta las 130.000 de la minera canadiense Gold Corp, el territorio de la Patagonia argentina exhibe un componente de extranjerización que trasciende lo estadístico para volverse estratégico.
Un reciente informe del Observatorio de Tierras del CONICET reabrió un histórico debate nacional al exponer que el 5% del territorio de la República pertenece a propietarios extranjeros. Esta realidad plantea una interrogante fundamental sobre la soberanía de recursos críticos: ¿Cuáles son los factores que impulsan a los multimillonarios del mundo a adquirir tierras en el extremo sur del continente?
Para ensayar una respuesta, es necesario analizar un complejo entramado de variables que incluyen la abundancia hídrica, el valor simbólico de la región, la opacidad en la gestión de la tenencia, el salto tecnológico y el costo de oportunidad financiero.
El agua como activo estratégico global
La Patagonia se erige hoy como una reserva hídrica de magnitud global. Sus recursos superan los 100.000Hm/año, alimentados por precipitaciones en la cordillera de los Andes que recargan cuencas superficiales y profundos acuíferos. Según registros oficiales, solo en la provincia de Santa Cruz existen más de 2.320 cuerpos glaciarios que actúan como reservorios estratégicos de agua dulce, indispensables para la alimentación de los ríos.
Informes del Centro Regional Patagonia Sur del INTA indican que, si bien el 70% de este volumen vierte hacia el océano Pacífico, la vertiente atlántica cuenta con ríos de caudales extraordinarios como el Santa Cruz, que concentra por sí solo unos 23.000Hm/año.
El potencial de regulación y aprovechamiento energético de estos sistemas es una piedra angular del desarrollo nacional. La Autoridad Interjurisdiccional de las Cuencas (AIC) destaca la cuenca del río Limay por su enorme capacidad hidroeléctrica, ejemplificada en el embalse Exequiel Ramos Mexía, que posee una superficie de 826 km2 y un volumen de 20.2km3. Estas infraestructuras no solo generan energía, sino que garantizan el suministro para consumo humano y riego.
De hecho, la FAO señala que el acceso al agua para irrigación es el factor determinante que ha permitido el desarrollo de cultivos en zonas que de otro modo serían improductivas. No obstante, este patrimonio enfrenta desafíos críticos: el cambio climático proyecta una reducción de hasta el 30% en los caudales de ríos como el Chubut hacia finales de siglo, lo que convierte la preservación de estas cuencas en un imperativo de seguridad nacional.
La "marca Patagonia" y el prestigio territorial
La importancia de la "Marca Patagonia" trasciende lo geográfico para convertirse en un activo simbólico de inmenso valor, asociado a la pureza y la exclusividad. Esta percepción ha llevado a las provincias de la región a formalizar una "marca territorio" mediante acuerdos de cooperación institucional.
El prestigio de esta denominación funciona como un paraguas de calidad que otorga una ventaja competitiva inmediata a cualquier producto regional. Con el respaldo técnico del Consejo Federal de Inversiones (CFI), se ha institucionalizado un emblema oficial y un manual de uso para posicionar a la región en el plano internacional, abarcando desde servicios turísticos hasta fibras textiles de origen animal.
Este estatus de "Emblema Nacional", declarado ante el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI), permite una protección transfronteriza que impide que terceros extranjeros se apropien del prestigio sin producir efectivamente en la zona. El reconocimiento global se sustenta también en productos con Denominación de Origen, como el vino, el cordero patagónico o el chivito criollo del norte neuquino.
La combinación de una biodiversidad única y paisajes declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO configura una propuesta de valor que el mercado internacional demanda y está dispuesto a pagar con precios superiores, lo que explica el interés de los grandes capitales por poseer una porción de este sello de autenticidad.
La opacidad en la tenencia de la tierra
Un factor determinante y sumamente complejo es la escasa transparencia en la adquisición de tierras. Según informes del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, los procesos de licitaciones dirigidas y remates opacos han configurado un "mercado enrarecido" que beneficia a inversores externos. Esta problemática suele afectar a pequeños productores y agricultores familiares que, tras décadas de habitar el suelo, no han logrado acceder a títulos de propiedad saneados.
La Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) advierte que la falta de mensuras claras en las vastas extensiones de tierras fiscales limita el desarrollo rural, ya que los ocupantes evitan invertir en infraestructura ante el riesgo de desalojo.
Investigaciones de la Universidad Nacional del Comahue documentaron cómo la revalorización del paisaje norpatagónico impulsa un acaparamiento ligado a la especulación inmobiliaria y al llamado "turismo extractivo". En centros como Villa Pehuenia o San Martín de los Andes, la apropiación privada de bienes comunes ha provocado el cierre de accesos públicos a costas de lagos y la tala de bosques nativos para emprendimientos de lujo.
La transformación tecnológica
La biotecnología agrícola y las innovaciones hidrológicas están redefiniendo el valor de la tierra improductiva. Técnicamente, la "mejora de la tierra" implica intervenciones como el drenaje, la irrigación y la lixiviación de suelos salinos para combatir la desertificación. Tecnologías de vanguardia, como la arcilla líquida nanocapa de origen noruego, permiten recubrir partículas de arena para que absorban humedad, transformando desiertos en áreas cultivables en cuestión de horas. Estos métodos se complementan con sistemas de riego de precisión y sensores inteligentes que aseguran la eficiencia hídrica extrema.
En la Patagonia, estas herramientas son fundamentales para superar la aridez y la salinidad históricas. Investigaciones científicas aplicadas en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén demuestran que el lavado de suelos y la fertilización racional permiten remover el estrés salino para cultivos frutales y forrajeros.
La aplicación de biofertilizantes y prácticas de agricultura regenerativa, respaldadas por monitoreo satelital y análisis de ADN del suelo, ofrece un camino viable para restaurar ecosistemas degradados, convirtiendo áreas áridas en agroecosistemas productivos y capaces de mitigar los efectos del cambio climático, lo que aumenta exponencialmente el valor potencial de las hectáreas adquiridas.
Análisis del costo de oportunidad
Finalmente, la adquisición de grandes extensiones se explica mediante el costo de oportunidad: la rentabilidad a la que un inversor renuncia al elegir este activo sobre otros. En un contexto de volatilidad financiera, la tierra patagónica es considerada un activo de refugio y reserva de valor. Si bien se sacrifica liquidez inmediata, el inversor evita el riesgo país de activos financieros volátiles.
Desde una perspectiva productiva, el costo de oportunidad de la tierra en proyectos de largo plazo, como la forestación, se calcula sobre la renta ganadera a la que se renuncia durante el ciclo de crecimiento. Además, el auge del secuestro de carbono plantea un nuevo escenario de beneficios mediante la venta de bonos verificados.
El costo de oportunidad de no invertir hoy se percibe como elevado debido a que los valores de la tierra en Argentina se encuentran en niveles históricamente bajos respecto al mercado mundial. No obstante, la Ley de Tierras (Ley 26.737) impone un límite del 15% a la propiedad extranjera, especialmente en zonas con recursos hídricos estratégicos.
Para atraer capital pese a estas restricciones, provincias como Neuquén y Río Negro han implementado regímenes de incentivos y estabilidad fiscal por 10 años, buscando posicionarse frente a mercados con mayor seguridad jurídica, como el uruguayo, y consolidar así a la Patagonia como la última frontera de inversión en recursos naturales esenciales.
En definitiva, desde el avance de las alambradas de Benetton en Chubut hasta los silenciosos proyectos de Gold Corp en el macizo del Deseado, la Patagonia ha dejado de ser una lejanía indómita para convertirse en un tablero de ajedrez financiero. Los números del CONICET no son solo estadísticas de catastro; son el mapa de una región donde el agua, el suelo y la tecnología se entrelazan en una puja por la soberanía del siglo XXI.
El interrogante que queda latente en la estepa no es solo a quién pertenece la tierra hoy, sino quién tendrá la llave de sus recursos cuando la escasez global transforme este refugio de inversión en un último bastión. Mientras el debate nacional se reaviva, la tierra del sur sigue allí: vasta, ajena y, para los ojos del capital global, más codiciada que nunca.
Fuentes: Observatorio de Tierras del CONICET; registros oficiales de Santa Cruz; INTA; AIC; FAO; CFI; INPI; UNESCO; Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca; FARN; UNCo; Ley de Tierras.
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