Suministro restringido y presión sobre la producción
El impacto es claro: una porción significativa de la oferta mundial quedó restringida. En particular, la urea —el fertilizante nitrogenado más utilizado— y los fosfatos han sufrido interrupciones tanto en su producción como en su distribución. Por ejemplo, los ataques a infraestructuras energéticas en Qatar obligaron a cerrar temporalmente la planta de Mesaieed de QAFCO, una de las mayores del mundo. Asimismo, instalaciones en Irán se vieron afectadas por daños en el yacimiento de gas South Pars, clave para la producción de insumos químicos.
A esto se suma un elemento menos visible pero igualmente crucial: el azufre. Este componente es esencial en la fabricación de fertilizantes fosfatados, ya que permite procesar la roca fosfática y volverla asimilable por las plantas. Sin embargo, el azufre es un subproducto de la industria del petróleo y gas, lo que vincula directamente su disponibilidad al sector energético. Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, por lo tanto, no solo afectan el transporte, sino también la producción de este insumo clave. El encarecimiento del azufre está elevando de forma directa el costo de los fertilizantes.
fertilizantes urea
La caída en la producción, el encarecimiento del azufre y la menor exportación de China anticipan un mercado de fertilizantes tensionado.
En paralelo, el mercado enfrenta restricciones desde otro actor determinante: China. El gigante asiático, uno de los mayores productores de fertilizantes fosfatados, mantiene limitaciones a sus exportaciones desde el año pasado. Tradicionalmente, China libera grandes volúmenes entre noviembre y marzo, pero en el último ciclo las exportaciones comenzaron recién a mediados de junio y alcanzaron su nivel más bajo en más de una década. Este año, los analistas anticipan una situación aún más restrictiva, lo que reduce aún más la oferta global.
Demanda firme y precios en máximos históricos
El efecto combinado de estos factores se refleja en los indicadores de asequibilidad. Comparaciones entre precios de fertilizantes y precios de cereales muestran que los insumos agrícolas están cada vez más caros en relación con los ingresos de los productores. A diferencia de crisis anteriores, como la de 2007/08 o la posterior a la invasión rusa a Ucrania en 2022, el contexto actual es más adverso: los precios de los granos no han subido al mismo ritmo, y la oferta desde Medio Oriente sí se ha visto gravemente afectada.
La urea, en particular, presenta un panorama alarmante. Según estimaciones de CRU Group, cerca de 1,9 millones de toneladas han salido del mercado debido a interrupciones en plantas e infraestructura. Esto ha llevado a niveles de inaccesibilidad récord en el índice global. La competencia por el suministro es feroz, con países como India y Australia pagando precios significativamente elevados.
Un ejemplo reciente lo ilustra con claridad: la empresa Indian Potash Limited lanzó una licitación para adquirir 2,5 millones de toneladas de urea. Las ofertas recibidas oscilaron entre 935 y 1.136 dólares por tonelada, con la mayoría rondando los 1.000 dólares. Estos valores reflejan no solo escasez, sino también una fuerte presión competitiva entre compradores.
En conclusión, los precios de los fertilizantes no bajarán en el corto plazo porque el problema no es coyuntural, sino estructural. Conflictos geopolíticos, restricciones comerciales, dependencia energética y una oferta limitada configuran un escenario donde la normalización será lenta. Mientras tanto, los agricultores —especialmente en momentos críticos como la siembra de cultivos de invierno— deberán enfrentar costos crecientes, con posibles consecuencias para la producción global de alimentos y la seguridad alimentaria.
Fuente ABC net con aportes de Redacción +P.