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El colapso en el estrecho de Ormuz pone en riesgo el precio de los alimentos en todo el mundo

La caída del tránsito marítimo afecta el suministro de fertilizantes y eleva la preocupación por la producción global de alimentos.

La interrupción del tránsito marítimo a través del estratégico estrecho de Ormuz encendió una nueva señal de alarma en la economía mundial. Según un reciente análisis de ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la drástica caída en el transporte de buques por esta vía —clave para el comercio internacional— no solo afecta al sector energético, sino que también amenaza seriamente la producción agrícola global y, en consecuencia, la seguridad alimentaria.

Un cuello de botella clave

El informe advierte que el flujo de embarcaciones en la zona ha colapsado en más de un 95 %, pasando de más de un centenar de buques diarios a menos de diez. Esta abrupta reducción impacta directamente en el transporte de fertilizantes y de materias primas esenciales para su producción, como el gas natural licuado y diversos nutrientes químicos. En un mundo altamente interconectado, cualquier interrupción en estos insumos críticos puede desencadenar efectos en cadena sobre la producción de alimentos.

El estrecho de Ormuz no es solo una arteria vital para el petróleo —por donde transita aproximadamente una cuarta parte del comercio marítimo de crudo—, sino también un canal clave para el gas natural licuado. Este último es un componente fundamental en la fabricación de fertilizantes nitrogenados, como la urea y el amoníaco, productos indispensables para sostener los niveles actuales de producción agrícola a escala global.

La relevancia de los países del Golfo en este sistema es significativa. Según UNCTAD, la región concentra el 13 % de las exportaciones mundiales de nitrógeno y el 9 % de los nutrientes fosfatados. Estos elementos son esenciales para el desarrollo de cultivos, ya que mejoran la fertilidad del suelo y aumentan los rendimientos agrícolas. Por lo tanto, cualquier disrupción en su distribución tiene consecuencias directas en la disponibilidad y el costo de los alimentos.

Impacto global y aumento de costos

El impacto no es homogéneo, pero sí particularmente grave en regiones altamente dependientes de estas importaciones. En Asia-Pacífico y África, varios países enfrentan una vulnerabilidad considerable. Sudán, por ejemplo, obtiene el 54 % de sus fertilizantes desde el Golfo, mientras que Sri Lanka depende en un 36 % y Australia en un 32 %. Esta dependencia expone a estas economías a shocks externos que pueden comprometer tanto la producción local como la estabilidad de sus mercados alimentarios.

A esta situación se suma el incremento en los costos logísticos. La reducción del tránsito marítimo ha disparado los precios del transporte y los seguros, lo que se traduce en un encarecimiento de los fertilizantes. Este aumento de costos se traslada inevitablemente a los productores agrícolas, quienes deben enfrentar mayores gastos para sostener sus cultivos. En muchos casos, esto puede derivar en una reducción de la producción o en un aumento de los precios de los alimentos para los consumidores finales.

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La interrupción en una ruta clave del comercio mundial ya repercute en la cadena de suministro alimentaria.

El análisis de UNCTAD es contundente: “El aumento de los costos de energía, fertilizantes y transporte incrementa los riesgos para la producción de alimentos, el suministro y los precios”. Esta advertencia pone de relieve la fragilidad del sistema alimentario global frente a tensiones geopolíticas y logísticas.

En un contexto donde la seguridad alimentaria ya enfrenta desafíos como el cambio climático, los conflictos armados y las desigualdades económicas, la situación en el estrecho de Ormuz añade una nueva capa de incertidumbre. La dependencia de rutas comerciales específicas y de un número limitado de proveedores expone la necesidad de diversificar las fuentes de insumos agrícolas y fortalecer la resiliencia de las cadenas de suministro.

Frente a este escenario, expertos y organismos internacionales coinciden en la urgencia de adoptar medidas coordinadas para mitigar los impactos. Esto incluye inversiones en infraestructura logística alternativa, el desarrollo de fertilizantes más sostenibles y menos dependientes de insumos fósiles, así como políticas que fortalezcan la producción local.

La crisis en Ormuz es, en definitiva, un recordatorio de que la seguridad alimentaria global está profundamente ligada a la estabilidad del comercio internacional. Lo que ocurre en un estrecho marítimo puede repercutir en los precios del pan en cualquier parte del mundo.

Fuente: EFEAgro con aportes de Redacción +P.