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¿La guerra puede favorecer a Argentina? Energía, soja y un mercado en tensión

La suba del petróleo y la reacción de los granos ya impactan en los mercados globales. Para Argentina, el conflicto abre oportunidades.

¿Cuánto dura el conflicto? ¿Se extiende a otros países? ¿Hasta cuánto puede aumentar el barril de petróleo? ¿Y los commodities agrícolas? En todo caso, para un país como la Argentina, tan “alejado” de la guerra como creen algunos, el balance ¿será positivo o negativo?

Hay que comenzar diciendo que siempre una guerra es mala. Aunque no se esté en la línea de fuego (que ahora tampoco existe, pues no hay un solo lugar que pueda asegurar que el conflicto no lo va a alcanzar), los efectos negativos llegan de una forma o de otra.

También, como siempre, alguno se beneficia.

Para los especialistas en Defensa, esta guerra “será corta”, en parte por lo que está en juego (el futuro del liderazgo de la Administración Trump y de su aliado, Israel), y en segundo lugar por el altísimo costo que tiene. En tal sentido, y a diferencia del caso Rusia-Ucrania, aquí se está jugando el todo por el todo de entrada. Pero realmente nadie puede asegurar el lapso que tendrá el conflicto.

Es sabido, por otra parte (y EE. UU. tiene larga experiencia en eso), que si un enfrentamiento se prolonga en el tiempo da lugar a la “resistencia” de guerrillas, que van ganando más fuerzas en su propio terreno y que resultan mucho más costosas en vidas y en recursos. Vietnam fue un ejemplo.

Lo cierto es que los países no involucrados directamente en el conflicto comienzan a sufrir ya algunas de sus consecuencias y a analizar los probables impactos internos de las acciones.

De movida, el “salto” alcista del petróleo, eje visible del conflicto, ya se vio en los mercados y, si bien es cierto que para Argentina tiene un efecto negativo por encarecimiento en la producción de varios rubros y en los fletes (por ende, es inflacionario), por otro lado tiene un aspecto positivo, ya que a la Argentina —al volver a ser exportadora de energía, con un superávit energético el año pasado de U$S 7.000 millones— la puede beneficiar en sus ingresos actuales. Para el economista Ricardo López Murphy, también coloca al país en un lugar preferencial como “proveedor confiable”, ante los problemas que ahora enfrentan abastecedores más tradicionales.

Pero este tema, a su vez, también impacta sobre otros insumos clave de la producción agropecuaria local, como es el precio de los fertilizantes en general y de la urea en particular; en este caso, por su procedencia y por el gas que debe pasar por el Estrecho de Ormuz, hoy materialmente cerrado por las propias aseguradoras londinenses debido a los riesgos máximos del transporte marítimo. Según un análisis de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), “desde la región fluye aproximadamente el 25 % del comercio marítimo de petróleo y el 20 % de gas natural licuado, que es un insumo fundamental para la producción de, por ejemplo, la urea. Además, el Estrecho es la llave de paso de un tercio del comercio internacional de fertilizantes”. También es la principal salida de Arabia.

petroleo barril

El aumento del petróleo y la presión sobre fertilizantes y granos reconfiguran los mercados. Argentina aparece como proveedor clave, pero la incertidumbre global sigue creciendo.

Naturalmente, aunque en un primer momento Chicago no reaccionó, finalmente fue arrastrado por el aumento del 10 % del petróleo y el viernes alcanzó subas en todos los productos, arrastradas por los fondos de cobertura. Según la BCR, “en treinta días hábiles las carteras de inversores sumaron 540.000 contratos de commodities agro en Chicago”.

Estos productos recibieron una presión adicional de su rol también como materia prima energética, especialmente el etanol, hoy uno de los ejes principales del conflicto.

Así, las posiciones más cortas de los principales productos cerraron el viernes a U$S 435/tn para la soja; U$S 176/tn el maíz, y U$S 224/tn de trigo, con ganancias de hasta U$S 25-30 por tonelada, y muy respaldados por los aceites que, en el caso del de soja, superó los U$S 1.420 por tonelada en Chicago. Para algunos, solo la valorización que sufrió el dólar acotó las subas.

Con ese escenario, las ventajas primarias que aparecen para la Argentina son tres: el superávit energético; el alto volumen de su actual cosecha (que puede llegar a ser récord, con cerca de 150 millones de toneladas de todos los productos); y el tiempo adicional con que cuenta para definir la nueva campaña 26/27 respecto al hemisferio norte, cuyas siembras de invierno comienzan en algunas semanas. Esto le da un margen de maniobra adicional, tanto por el momento de venta de la cosecha que está terminando como respecto a la compra de insumos estratégicos, como combustibles y fertilizantes.

¿Y la debilidad? Bien, es la misma que para todo el resto del mundo: la volatilidad de los mercados en estas circunstancias, con eventuales tomas de ganancias o cambios de expectativas, según lo que suceda con el conflicto en los próximos días (o no tan próximos…).

Pero el tema no termina ahí. Los analistas internacionales más “afilados” ya están encarando, además del final de la guerra, el paso siguiente, que es “la posguerra”: la reconstrucción y el análisis de los costos, de ganadores y perdedores, que no va a ser menor. En ese plano tampoco está claro cómo va a quedar el valor de las monedas.