Guerra y precios: el nuevo escenario que desconcierta al agro
La guerra en el Golfo dispara precios de los commodities, pero también eleva costos y dudas en el campo argentino.
Hasta hace un mes atrás, pocos tenían dudas de que la próxima campaña agrícola 26/27, aunque las cotizaciones internacionales no fueran las mejores, iba a registrar finalmente un crecimiento genuino por aumento de área, superando así los 43 millones de hectáreas del 23/24 y, clima mediante, iba a mejorar la ya muy buena performance del ciclo actual, que puede rondar, y hasta pasar, los 160 millones de toneladas (el otro récord anterior —controvertido— fue de 146 millones en el ciclo 18/19). Esa certeza hoy ya no existe. Y los productores, que vienen de varias malas campañas en los últimos años, arman y desarman escenarios según las alternativas que puedan darse en la guerra de Medio Oriente, que comenzó entre Israel y EE. UU. vs. Irán, pero que ahora ya involucra a otros varios países que fueron afectados por los bombardeos, y a otros que se van alineando con las fuerzas occidentales.
Contexto con oportunidades…y riesgos
Por supuesto que la parte humanitaria está fuera de discusión y, en ese sentido, una guerra siempre es negativa; pero, como en cualquier enfrentamiento, hay quienes ganan y hay quienes pierden; quienes se benefician y quienes se perjudican…
Esta vez, en forma global, a la Argentina le tocó el mejor lado (hasta ahora). Está lejos del área del conflicto y es superavitaria (en monto) en dos productos críticos para la mayoría de los países: comida y energía.
Desde ese punto de vista, entonces, con el fuerte aumento en el precio mundial del petróleo y el incremento en la producción energética que se va registrando en el país, se calcula que el ingreso por exportaciones de ese rubro puede ser bastante mayor que el de 2025. A su vez, por inseguridad y arrastrados también por el petróleo, otros commodities como los granos comenzaron también a subir sus precios, lo que, al igual que en el caso anterior, puede significar un mucho mayor ingreso de divisas.
¿Cuál es la duda entonces? En primer lugar, se sabe que cuando el conflicto termine los precios van a ir volviendo a sus niveles anteriores. De ahí la gran duda acerca de cuándo vender y cuándo comprar, pues lo que nadie puede responder es: ¿Cuánto va a durar el conflicto? Y en esto, equivocarse en el momento de hacer una operación puede significar muchos miles de dólares, a favor o en contra…
Pero tampoco termina ahí la cuestión. La suba del petróleo, que viene tan bien para exportar, tiene un fuerte componente negativo en el mercado interno por el aumento de los combustibles. Es inflacionario. Viajes, transporte y más de un índice están atados a los precios de las naftas y el gasoil, con lo cual el efecto en “cascada” sobre productos y servicios es inevitable.
Impacto directo en el campo
¿Y para el campo? La situación es igual o peor. En los costos del transporte internacional, además de la energía, se incluye el factor “riesgo” cuando se acercan a las áreas de conflicto, lo que los encarece e, incluso, hace que ni siquiera vayan a las zonas más “calientes”, lo que obliga a alargar los viajes, triangulando por otros puertos. Lógicamente, eso es más caro y se descuenta de los precios que, finalmente, van a manos de los productores.
trigo Granos
Más ingresos por exportaciones, pero con insumos y fletes cada vez más caros.
El sector, además, es el mayor consumidor de gasoil para la producción en el país, y hay que sumar servicios y la movilidad. Por eso, la pregunta que flota en el ambiente es: ¿Cuánta área se va a sembrar y con qué?, entre otras cosas porque lo que hoy parece tener menos riesgo son la carne vacuna y la ovina (con precios internacionales muy sostenidos), lo que, para algunos, inclina la balanza hacia algunos maíces para silo o directamente a las pasturas.
Pero, además de la guerra, el combustible, el transporte y toda la serie de inseguridades e indefiniciones que se siguen sumando día a día, aparece la situación de un insumo que es clave para el campo: los fertilizantes, que están muy afectados por el conflicto.
Primero hay que aclarar que Argentina, que rondó los 5 millones de toneladas de uso en este último ciclo, prácticamente no se autoabastece. Solo una parte de la urea es local (alrededor del 50%). Fósforo, potasio, etc., son importados.
El otro tema es que la mayor provisión viene, justamente, de la zona en conflicto y, peor aún, el gas es uno de los insumos básicos para la fabricación de muchos de ellos. Y, como 2 + 2 son 4, entonces el mercado de fertilizantes en el mundo comenzó ahora a aumentar de la mano del petróleo, el gas y los transportes.
Con un tablero tan complicado y múltiple, los productores (e importadores) no saben muy bien aún cómo avanzar, porque hasta podría darse el doble efecto negativo de comprar insumos mucho más caros y luego vender los granos baratos porque la guerra termina y las cotizaciones vuelven a su cauce…
Por ahora, a nivel del campo, la prioridad sigue siendo completar la cosecha que, lluvias mediante, mejora en algunas zonas, sigue complicada en otras (por sequía) y comienza a soportar algunos excesos más propios del otoño, pero que demoran las labores y el secado de los granos (lo que también puede llegar a acotar algo los volúmenes finales).
maiz cosecha-maiz
La mejora en los precios choca con el aumento de costos clave como combustible y fertilizantes.
Pero el tiempo que resta es cada vez más corto. Primero hay que definir “qué” vender, “cómo” y “cuándo”. A partir de ahí, y con pronósticos climáticos en la mano, deben comenzar las compras, especialmente de combustible, fertilizantes y algunos otros insumos, de la mano de la venta (¿gradual?) de su cosecha. Por supuesto que, al margen de la cautela, la tendencia natural de los productores, más aún después de una cosecha globalmente “buena”, va a ser, por lo menos, mantener el área cultivada actual.
Por su parte, los más informados sostienen que los insumos (importados) van a estar; la pregunta es: ¿A qué costo? ¿Un aumento en las cotizaciones internacionales va a compensar la suba de los insumos más críticos? ¿Se pueden acotar las inversiones en los cultivos?
Cualquier recorte en este sentido va en detrimento de los rindes, como ya se comprobó en esta última campaña con muchos potreros de trigo, y desde hace tiempo con la menor calidad de la soja por falta de fertilización adecuada.
Por eso, se sabe que una de las pocas formas de aumentar la producción de granos (y de forrajes) es fertilizando más y mejor, pero ¿se podrá esta vez, o ahora la guerra es la que vuelve a condicionar al campo?