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La avanzada de China en África: millones para blindar su seguridad alimentaria

Con inversiones y 1,5 millones de hectáreas en la mira, China busca reducir su dependencia de la importación de alimentos produciendo en tierras de África.

Mientras el mundo discute aranceles, sanciones y cadenas de suministro fragmentadas, China avanza en silencio —y con chequera en mano— sobre uno de los recursos más sensibles del siglo XXI: la producción de alimentos. En el corazón de África, específicamente en Angola, el gigante asiático ha puesto en marcha una estrategia de largo plazo que combina agricultura, diplomacia y geopolítica, con un objetivo claro: reducir su vulnerabilidad alimentaria y asegurar el abastecimiento de proteínas para más de 1.400 millones de personas.

La iniciativa no es menor. Una filial del conglomerado estatal chino Citic Ltd. invertirá 250 millones de dólares en los próximos cinco años para desarrollar hasta 100.000 hectáreas agrícolas en territorio angoleño. La mayor parte de esa superficie estará destinada al cultivo de soja y maíz, dos commodities clave para la alimentación animal y la industria de proteínas vegetales en China. El esquema es revelador: el 60% de la producción se exportará directamente a China, mientras que el 40% restante quedará para el mercado local.

Angola: tierra disponible, Estado abierto y clima favorable

La elección de Angola responde a una lógica estratégica. El país africano ofrece una combinación difícil de encontrar en otros rincones del mundo: amplia disponibilidad de tierras, condiciones agroclimáticas favorables y un gobierno dispuesto a atraer capital extranjero para dinamizar su economía post-petrolera.

En las provincias de Cuanza Norte y Malanje, las topadoras ya comenzaron a trabajar. Unas 8.000 hectáreas fueron desmontadas, y los planes indican que entre 10.000 y 20.000 hectáreas estarán sembradas el próximo año. El proyecto incluye la incorporación de tecnología agrícola de alto rendimiento, con rindes proyectados de hasta 5 toneladas de soja y 8 toneladas de maíz por hectárea, niveles competitivos a escala global.

Pero esta avanzada no es improvisada. China lleva más de cinco años estudiando los suelos angoleños, analizando su productividad y potencial agroecológico. Los estudios preliminares indican que el país cuenta con más de 1,5 millones de hectáreas aptas para el desarrollo agrícola, una cifra que explica el interés sostenido de Beijing.

El modelo que despliega China en África ya es conocido, aunque no por ello menos controversial. Capitales chinos financian infraestructura, aportan tecnología, organizan la producción y aseguran el destino de una parte sustancial de las cosechas. A cambio, pagan por el uso de la tierra y dejan un porcentaje de la producción en el país anfitrión.

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Soja, maíz y tecnología agrícola impulsan el desembarco chino en Angola con destino directo al mercado asiático.

Este esquema, que algunos analistas definen como una nueva forma de “colonización agrícola”, permite a China controlar tramos críticos de su cadena alimentaria fuera de sus fronteras, reduciendo riesgos asociados a conflictos comerciales, sanciones o disrupciones logísticas.

La inversión de Citic es solo una pieza de un entramado mayor. Otras empresas estatales chinas también avanzan en Angola. SinoHydro Group, por ejemplo, anunció inversiones por más de 100 millones de dólares para desarrollar una base de producción de cereales en seis provincias orientales, bajo un régimen de concesión libre de impuestos por 25 años.

De esta manera, Beijing no solo diversifica su abastecimiento, sino que consolida una presencia económica estructural en África, reforzando vínculos políticos y comerciales con gobiernos clave del continente.

Guerra comercial y la seguridad alimentaria

El impulso definitivo a esta estrategia llegó tras la guerra comercial con Estados Unidos iniciada en 2018, durante la presidencia de Donald Trump. Las tensiones arancelarias dejaron en evidencia una debilidad estructural de China: su alta dependencia de proveedores externos, especialmente de soja estadounidense y brasileña.

Desde entonces, el gobierno chino desplegó una política integral de seguridad alimentaria, que combina tres ejes: fortalecimiento de la producción interna, inversión en tecnología agropecuaria y externalización de cultivos estratégicos mediante acuerdos internacionales.

En paralelo a su expansión en África, Beijing moviliza herramientas financieras para transformar su sistema agrícola. Se promueve la emisión de bonos especiales para el desarrollo rural, se amplía el acceso al crédito para pequeñas y medianas empresas agropecuarias y se refuerza la inversión en investigación.

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La producción agrícola en África se convierte en un pilar central de la estrategia china de seguridad alimentaria y proyección global.

Además, China busca reducir el uso de harina de soja en la alimentación animal, con la meta oficial de bajar su participación del 13% actual al 10% en 2030. De cumplirse, esta política podría implicar una reducción de hasta 10 millones de toneladas anuales en las importaciones. Sin embargo, especialistas advierten que el crecimiento del sector porcino y la demanda de proteínas hacen difícil alcanzar ese objetivo en el corto plazo.

Según datos del USDA, China importó más de 100 millones de toneladas de soja en 2024, confirmando su rol central en el comercio mundial. No obstante, en la campaña 2025/26 aún no se registran compras de soja estadounidense, una señal que genera incertidumbre y presiona los precios en el mercado de Chicago.

Algunos analistas interpretan que Beijing está reforzando sus reservas estatales, priorizando soja estadounidense por su menor humedad y mejor capacidad de conservación frente a la brasileña. De ser así, China estaría construyendo un colchón estratégico para enfrentar eventuales crisis globales.

Sudamérica y Estados Unidos, ante un nuevo escenario

La expansión agrícola china en Angola no es neutra para los grandes exportadores. Brasil y Argentina, hoy proveedores clave de soja, podrían enfrentar una demanda más contenida en el largo plazo si los planes chinos se consolidan. En Estados Unidos, la caída de compras chinas agrava un escenario ya complejo, obligando a buscar mercados alternativos y a potenciar el uso interno de soja en biocombustibles como el diésel renovable.

Milei con Trump 10-25

Mientras el eje Trump-Milei impulsa una agenda comercial alineada con Estados Unidos, China avanza en África para blindar su seguridad alimentaria.

La apuesta de China en Angola va mucho más allá de la soja y el maíz. Es una jugada geopolítica de largo alcance, que combina alimentos, influencia política y control estratégico de recursos. Al asegurar su abastecimiento, Beijing reduce su exposición a presiones externas, fortalece su posición global y redefine las reglas del comercio agrícola internacional.

En un mundo atravesado por tensiones, cambio climático y disputas por recursos, la agricultura deja de ser solo una actividad productiva para convertirse en un instrumento central del poder global. Y China parece haberlo entendido antes que muchos.

Fuente: Agencias internacionales con el aporte de Redacción +P.