Uno de los ejes centrales de esta nueva etapa de Chavimochic III es la transparencia. Bajo el esquema G2G entre Perú y Canadá, HATCH asume un doble rol: actúa como Project Management Office (PMO), liderando las contrataciones y la gestión de la construcción, y a la vez como supervisor técnico de la obra.
Este diseño institucional busca corregir una de las principales debilidades históricas en proyectos de gran envergadura en el Perú: la falta de confianza en los procesos de adjudicación. Según Zapata, la estrategia de contratación se ha basado en un estudio de mercado abierto, sin preselecciones ni preferencias.
“No ha habido ningún tipo de preferencias ni de preselección. La idea es que todas las empresas contratistas nos acompañen y muestren una expresión de interés”, explicó el ingeniero, subrayando que el proceso está diseñado para garantizar equidad, competencia y trazabilidad en cada etapa.
En ese sentido, la gestión de HATCH introduce un enfoque de compliance robusto, con altos estándares de comunicación y participación de los actores involucrados, lo que busca reconstruir la credibilidad en la ejecución de obras públicas de gran escala.
La ingeniería de una obra histórica
El proyecto Chavimochic no parte de cero. Su historia se remonta a más de tres décadas, con etapas previas ya en operación. Sin embargo, la tercera etapa representa el mayor desafío técnico y logístico: completar infraestructura crítica pendiente, como la Presa Palo Redondo y la tercera línea del Sifón Virú.
El ingeniero Zapata define el reto como uno de “integración global”, donde convergen estándares internacionales con realidades locales. “Es un proyecto que nosotros lo hemos definido y determinado de carácter y de calidad global, mundial”, señaló.
Uno de los aspectos más complejos es la integración de la nueva Etapa III con un sistema ya operativo —las Etapas I y II— administrado por el Proyecto Especial Chavimochic (PECH). Esto implica asegurar la continuidad del servicio de riego sin afectar a los usuarios actuales, mientras se incorpora nueva infraestructura de gran escala.
El desafío no es solo técnico, sino también operativo: lograr una transición fluida entre lo existente y lo nuevo, minimizando riesgos y garantizando la estabilidad del sistema hídrico en su conjunto.
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es la estrategia de ejecución bajo el modelo “fast track”. Este enfoque permite avanzar simultáneamente en el diseño y la construcción, reduciendo significativamente los tiempos de implementación.
HATCH ha recopilado y actualizado toda la documentación existente del proyecto, integrando parámetros históricos con nuevas condiciones técnicas y ambientales. “Gran parte de la estrategia de contratación en este momento es poder terminar la ingeniería en este periodo, antes de la construcción”, explicó Zapata.
Esto implica una actualización profunda de los diseños, incorporando factores como el cambio climático, nuevas condiciones hidrológicas y estándares modernos de seguridad para infraestructuras hidráulicas.
Seguridad: un principio no negociable
Si hay un elemento que atraviesa toda la ejecución de Chavimochic III, es la seguridad. La Presa Palo Redondo, con una capacidad de almacenamiento de 360 millones de metros cúbicos, representa una infraestructura crítica cuya gestión implica riesgos significativos.
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Con una inversión clave, el país apuesta por expandir su capacidad exportadora y generar ingresos sostenidos.
“Dentro de los estándares de diseño para una obra de este tipo se consideran los factores de seguridad que a nivel mundial se siguen para garantizar de que por ningún motivo pueda haber una falla”, enfatizó Zapata.
Para HATCH, la seguridad no es solo un requisito técnico, sino un principio innegociable. Esto incluye no solo la construcción, sino también el monitoreo prolongado de la infraestructura una vez culminada, como parte de los protocolos internacionales para este tipo de obras.
El impacto más visible del proyecto será la incorporación de 63,000 nuevas hectáreas a la frontera agrícola del Perú. Este incremento no solo representa un cambio en el uso del suelo, sino una transformación estructural en la capacidad productiva del país.
El potencial económico es igualmente significativo. Según estimaciones del equipo técnico, los beneficios derivados de la agroexportación podrían superar el millón de dólares diarios.
“Los beneficios diarios de agroexportación pueden ser de un poco más de un millón de dólares por día… es una cifra increíble”, señaló Zapata.
Este crecimiento no solo fortalecerá la agroindustria exportadora peruana, sino que también generará empleo, desarrollo regional y mayor competitividad internacional para productos agrícolas peruanos.
Agua, desarrollo y ciudad: un impacto más allá del agro
Aunque el objetivo principal de Chavimochic III es la irrigación agrícola, el proyecto también tendrá un impacto directo en el abastecimiento de agua potable para la ciudad de Trujillo. Este componente social es clave en una región donde la presión sobre los recursos hídricos ha crecido de forma sostenida.
La infraestructura permitirá mejorar la disponibilidad de agua para consumo humano, reforzando la resiliencia urbana y aportando a la calidad de vida de la población.
El proyecto avanza con un cronograma definido. Se espera que la selección de contratistas se concrete hacia el segundo trimestre de 2026, mientras que la construcción tendrá una duración estimada de 19 meses.
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La obra incorporará 63 mil nuevas hectáreas productivas, convirtiendo zonas desérticas en polos agrícolas de alto valor.
La culminación de la Presa Palo Redondo está proyectada para finales de septiembre de 2027, fecha en la que también se prevé la entrega integral del proyecto y la transferencia de conocimiento al personal del Proyecto Especial Chavimochic (PECH), encargado de la operación futura.
“Estamos haciendo lo mejor para optimizar la selección de los contratistas, el cronograma, los recursos y el presupuesto”, concluyó Zapata.
Una obra que redefine el futuro agrícola del norte peruano
Chavimochic III no es solo una obra de infraestructura. Es un proyecto que articula ingeniería de clase mundial, inversión internacional, transformación productiva y desarrollo social. Bajo el modelo G2G con Canadá y la gestión técnica de HATCH, el Perú apuesta por un nuevo estándar de ejecución pública, donde la transparencia, la eficiencia y la sostenibilidad se convierten en ejes centrales.
Si se cumplen los plazos y objetivos, el norte del Perú no solo verá expandida su frontera agrícola, sino que también se consolidará como un referente regional en gestión del agua, agroexportación y desarrollo territorial sostenible.
Fuente: Gobierno de Perú con aportes de Redacción +P.