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Tres virus devastadores afectan el campo de Europa en meses

¿Tres virus devastadores azotan la ganadería española en meses: casualidad o consecuencia directa del cambio climático, globalización y producción intensiva?

La España rural enfrenta una crisis sanitaria sin precedentes. En un breve lapso, tres patógenos emergentes golpean con fuerza el sector ganadero, generando impactos económicos profundos y preocupaciones ambientales crecientes. Primero irrumpió la gripe aviar, que obligó al sacrificio de 2,7 millones de aves en granjas. Luego llegó la dermatosis nodular contagiosa, una enfermedad que desestabilizó el sector bovino mediante sacrificios masivos y restricciones estrictas al movimiento de animales. Ahora, la peste porcina africana amenaza a cerdos y jabalíes, poniendo en jaque a una industria porcina líder mundial en exportaciones.

Este encadenamiento rápido de brotes plantea interrogantes profundos. Expertos consultados por medios especializados coinciden en que no existe un patrón único que una directamente estos virus, pero múltiples factores convergentes facilitan su propagación. La globalización intensifica la movilidad humana y animal, el cambio climático altera ecosistemas y vectores, y los modelos de producción intensiva amplifican la diseminación una vez que los patógenos ingresan.

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La granjas de toda España han reforzado las inspecciones y el control de bioseguridad en las explotaciones porcinas tras los casos de peste porcina africana detectados en CatalunyaJaver Belver / EFE

Avance de la peste de los jabalíes en Europa

La peste porcina africana avanza inexorablemente por el continente. Según datos del Sistema de Información sobre Enfermedades Animales (ADIS) de la Unión Europea, hasta el 1 de diciembre de 2025 se registraron casi 10.000 casos en jabalíes en 19 países y 899 en cerdos domésticos. En España, los casos detectados en jabalíes de Collserola, cerca de Barcelona, activaron respuestas inmediatas. Granjas porcinas en todo el país reforzaron inspecciones y medidas de bioseguridad para contener el virus, altamente contagioso y letal en suidos.

Christian Gortázar, catedrático de sanidad animal en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), destaca la movilidad global como catalizador principal. Personas, productos y animales cruzan continentes con rapidez, transportando patógenos inadvertidamente. A esto se suma el calentamiento global, que favorece enfermedades transmitidas por vectores como mosquitos y garrapatas.

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Un técnico sanitario recoge aves sacrificadas con el virus H5N1. Foto: La Vanguardia

Rol del cambio climático

La dermatosis nodular contagiosa, endémica en África y Oriente Medio, ejemplifica el vínculo con el clima. Investigaciones científicas atribuyen su salto a Europa al aumento de temperaturas, que expande el rango y actividad de vectores insectos. Estos parásitos, antes limitados a meses cálidos, ahora permanecen activos casi todo el año y colonizan regiones más frías.

Gortázar menciona un cuarto patógeno en expansión: el serotipo 3 de la lengua azul, una enfermedad vírica que afecta principalmente al ovino. Entró por el sur de Portugal en 2024 y se propagó a 21 provincias españolas en 2025. Aunque coincide parte de estos brotes en "malas coincidencias", el experto enfatiza efectos del cambio global, como temperaturas elevadas que impulsan contagios vectoriales.

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Virus H5N1 avanza en aves de granja: sacrificios masivos de 2,7 millones reflejan vulnerabilidad del sector ante patógenos influenciados por el clima. Foto: La Vanguardia

Interconexión humano-animal

Júlia Vergara-Alert, investigadora en el Centro de Investigación en Sanidad Animal (CReSA) del IRTA, aplica el enfoque One Health, que integra salud humana, animal y ecosistémica. Resalta la globalización como vector clave: el virus porcino africano se transmite por fómites, como zapatos de viajeros. El incremento poblacional y la movilidad humana-animal elevan riesgos de enfermedades emergentes.

Además, la invasión humana de hábitats salvajes reduce espacios para fauna silvestre, incrementando contactos. Jabalíes, reservorio natural de la peste porcina, interactúan más con entornos urbanos y residuos humanos. Vergara-Alert resume factores en globalización, contacto humano-animal y cambio climático.

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Agentes de Protección de la Naturaleza del Gobierno de Aragón recogen los cadáveres de grullas en la Laguna de Gallocanta GOBIERNO DE ARAGÓN / Europa Press

Impactos de la producción intensiva

Celsa Peiteado Morales, ingeniera agrónoma y responsable del Programa de Alimentos en WWF España, interpreta estos brotes como síntomas de un sistema alimentario industrializado defectuoso. La producción intensiva demanda deforestación importada, como en la Amazonia para cultivar soja destinada a piensos ganaderos. Esto elimina predadores naturales que controlan patógenos, debilitando la capacidad ecosistémica de proteger contra enfermedades emergentes.

En macrogranjas, animales genéticamente uniformes facilitan propagación rápida de patógenos. La diversidad genética ofrece resistencia; la homogeneidad acelera diseminación. Adicionalmente, el uso preventivo de antibióticos genera resistencia antimicrobiana (RAM), complicando tratamientos futuros.

Aunque estos virus no afectan directamente humanos, activan alarmas. La salud humana depende inextricablemente de ecosistemas y animales circundantes. Estos brotes señalan necesidad urgente de transitar hacia modelos sostenibles que prioricen biodiversidad, reduzcan intensificación y mitiguen cambio climático.

Expertos advierten: sin cambios estructurales en producción alimentaria y gestión ambiental, episodios similares se multiplicarán. La España rural, pilar económico, exige políticas integrales que aborden raíces profundas de esta crisis sanitaria emergente.

Fuente: La Vanguardia con aportes de +P