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Olivos centenarios: el rescate del oro líquido entre el viento de Patagonia y Mendoza

¿Pueden los olivos sobrevivir al olvido y al clima más extremo? Quizá la respuesta está en un santuario de Mendoza y en el milagro de Comodoro Rivadavia.

En la inmensidad de Comodoro Rivadavia, el histórico predio La Rinconada resguarda un tesoro botánico inesperado. Este establecimiento, que funcionó originalmente como un tambo en la década de 1930, mantiene hoy doce olivos centenarios que desafían las ráfagas del sur. Los ejemplares cuentan con edades de entre 90 y 100 años y presentan un estado sanitario impecable a escasos metros del cerro Infiernillo. Esta supervivencia demuestra la asombrosa capacidad de adaptación del cultivo en la región costera de Chubut.

La historia de estos árboles remite a la inmigración española de principios del siglo pasado. Diego María Piñero Molina, oriundo de Almería, trajo las semillas desde Europa tras un complejo viaje que incluyó un intento fallido de radicación en Brasil. Al desembarcar finalmente en la Patagonia, encontró en el cañadón de La Rinconada un microclima similar a su tierra natal y decidió plantar allí las bases de este olivar. Actualmente, la Agencia Comodoro Conocimiento lidera estudios técnicos y análisis de ADN para identificar con precisión las variedades presentes, con el objetivo de iniciar una producción de aceite de oliva de alta calidad con sello local.

El enólogo Gabriel Guardia impulsa la recuperación de la variedad arauco, única en el mundo.

Un santuario único en el mundo

Mientras el viento sopla en el sur, en el departamento mendocino de Maipú surge una iniciativa de escala monumental. La familia Cicero transformó una finca de 14 hectáreas en la Reserva de Olivos Centenarios Parque Los Inmigrantes. Este espacio, definido como un santuario, alberga hoy más de 5.000 árboles rescatados de la desaparición. Muchos de estos ejemplares terminaban históricamente en hornos de ladrillos o convertidos en leña debido al avance de la frontera urbana y la presión inmobiliaria.

El diseño del parque rompe con la tradición agrícola de líneas rectas para organizar los olivos en círculos concéntricos de alta densidad, lo cual optimiza la entrada de luz y crea un paisaje simbólico. Entre estos ejemplares, los expertos identificaron árboles que superan los 300 años de vida, e incluso algunos especialistas estiman que ciertos olivos alcanzan los 400 años. El santuario protege principalmente la variedad Arauco, única en Sudamérica y considerada un activo estratégico por su valor genético y simbólico.

La familia Cicero rescató más de cinco mil ejemplares en su santuario de catorce hectáreas.

El rescate de estos gigantes no responde únicamente a un impulso nostálgico. Referentes como el enólogo Gabriel Guardia promueven la recuperación de olivares históricos para reposicionar a la provincia en el mercado internacional del aceite de oliva virgen extra de categoría premium. Guardia impulsa la creación de la Guardería de los Olivos en Guaymallén, un espacio municipal donde los árboles trasplantados reciben cuidados especializados para asegurar su supervivencia tras procesos logísticos complejos que requieren maquinaria pesada.

El rescate más allá del rescate

La industria olivícola mendocina enfrentó una fuerte retracción en las últimas décadas. La superficie cultivada, que superó las 20.000 hectáreas, disminuyó drásticamente por el abandono productivo. Sin embargo, estos nuevos proyectos de conservación y oleoturismo proponen un cambio de paradigma. El santuario de Maipú y la guardería de Guaymallén operan como señales de una nueva etapa donde la tradición y la innovación convergen.

Doce olivos centenarios resisten el viento patagónico en el histórico predio La Rinconada.

La meta final consiste en transformar este patrimonio viviente en una oportunidad de desarrollo sostenible que garantice la calidad del producto y preserve la identidad cultural que los inmigrantes forjaron hace más de un siglo en el suelo argentino.

El contraste entre el rescate masivo en tierras mendocinas y la resistencia silenciosa en Chubut traza un mapa de valor incalculable para la olivicultura nacional. Pero es quizás en la experiencia comodorense donde el desafío climático se sienten con mayor fuerza. Esos doce olivos que respiran el aire del Atlántico Sur y desafían las ráfagas costeras son el testimonio vivo de que la Patagonia es capaz de abrazar tradiciones impensadas.

Con los estudios de ADN en marcha, Comodoro Rivadavia no solo protege un tesoro del pasado, sino que se prepara para embotellar su propia identidad: un aceite con el temple del viento y el sello inconfundible del sur.

FUENTE: Redacción +P