Es que minería, energía y agroindustria no solo mostraban atrasos considerables respecto a lo que hubo “alguna vez”, como ferrocarriles (alrededor de 48.000 km), sino que además comenzaron a desarrollar áreas nuevas, lugares deshabitados o no explotados aún, lo que obliga a un esfuerzo adicional.
Para colmo, o “para bien”, los saltos tecnológicos también se suman, ampliando las demandas y acelerando los tiempos, en el buen sentido y en el malo.
Así, las nuevas producciones y los aumentos de las tradicionales ponen en evidencia déficits que eran inexistentes o fácilmente disimulables hace poco tiempo, pero que de un día para otro saltaron a los primeros planos de demanda.
Transporte, comunicaciones y servicios, en todas sus vertientes, “explotaron” simultáneamente, pero no ocurre lo mismo con la velocidad de reacción de la Nación, ni de las provincias, y menos aún de los municipios, muchos de los cuales siguen apelando a los viejos vicios o a las antiguas recetas que ya no sirven.
Tampoco el Congreso actuó, hasta ahora, con la urgencia del caso.
Hidrovía, rutas y ferrocarriles: respuestas que llegan tarde
La Hidrovía, herramienta central del comercio exterior argentino, estuvo cinco años con el contrato vencido, y la nueva licitación enfrentó un primer fracaso y se demoró más de un año hasta que finalmente logró salir. En febrero pasado, a regañadientes, arrancó el nuevo ciclo de 30 años (25 + 5).
De las carreteras troncales, con sus más de 9.000 km nacionales, de los cuales el 70% está en mal estado, generando peligros de vida y sobrecostos, se adjudicó recientemente un nuevo tramo de 4.000 km, mientras algunas provincias “solicitaron” el traspaso de rutas estratégicas para acelerar los arreglos, vía capitales externos, Mercado de Valores, etc.; caso Santa Fe, por citar solo un ejemplo.
Las adjudicaciones de mantenimiento serán por 20 años, a riesgo empresario, mediante cobro de peaje.
Nada se dice todavía de rutas/autopistas nuevas que, oportunamente, sumarán nuevos peajes.
También, tras casi ocho meses de demora, finalmente vio la luz la licitación del FFCC Belgrano Cargas (que incluye el San Martín y el Urquiza), con cambios y agregados hasta último momento, para la explotación y el mantenimiento de unos 7.600 km de vías.
El crecimiento ya está ocurriendo, pero las respuestas en infraestructura siguen demoradas y pueden convertirse en un nuevo cuello de botella.
Las últimas novedades vinieron de la mano de la inclusión del RIGI para estas obras (que se adjudicarán por 50 años) y la posibilidad de venta de materiales de “descarte”, con lo que los adjudicatarios podrán “fondear” parte de las voluminosas inversiones que se requerirán para poder arrancar.
Pero aquí tampoco hay demasiados interesados. Como ya adelantó hace meses +P, un grupo minero para el San Martín (Río Tinto), un consorcio de exportadores agrícolas para el Belgrano (AGD, ACA, Bunge, Cargill, Dreyfus) y un fuerte grupo mexicano —el GMXT Grupo México Transportes— que quiere “todo o nada”, e iría por los tres ramales.
Se sabe, también, que cada ramal licita por separado las vías, el material rodante y los talleres, aunque trascendió que los exportadores agrícolas no estarían demasiado interesados por estos últimos.
Está prevista la apertura de los sobres en noviembre.
Por supuesto que toda esta nueva reactivación de “anuncios” está ligada también a la aceleración de la campaña política de las presidenciales del año próximo.
Sin embargo, y aun sin que surjan más atrasos (lo que tampoco se puede descartar), los resultados de todas estas licitaciones van a comenzar a verse en varios años. Por caso, se estiman al menos tres para las primeras etapas de tramos completos de vías y el aumento de material rodante en los FFCC.
Lo mismo va a ocurrir con las rutas nacionales y, más aún, con la Hidrovía, que debe suplir la falta de obras de los seis años que estuvo sin contrato.
Minería, energía y agroindustria aceleran los tiempos
Pero el punto es que ya hay tres sectores que están creciendo “ahora”, como la minería y la energía, que parten de cero, ya que son rubros prácticamente nuevos para la Argentina, por lo que van a enfrentar problemas crecientes en los próximos años, especialmente para el transporte e, incluso, las comunicaciones y los servicios en las zonas de producción, ni siquiera urbanizadas.
En el caso de la agroindustria, si bien parte de la infraestructura está desarrollada, ya el salto en volumen del 28% de esta última campaña puso en evidencia los cuellos de botella que enfrentan el transporte, los puertos, la destrucción de los caminos (por las cargas excesivas) y el ambiente por la contaminación.
Pero, además, gracias a las nuevas tecnologías (drones, big data, etc.) y los nuevos cultivos (tanto especies como variedades), comenzaron a desarrollarse otras áreas productivas que también requerirán infraestructura creciente.
Un caso es el que ya está sucediendo en la Patagonia, con la irrupción de los nuevos maíces de ciclo supercorto, o la aparición (y reaparición) de leguminosas de invierno, varias destinadas a la obtención del cada vez más codiciado biocombustible para aviación, buques y otra serie de aplicaciones, en distintas regiones del país.
La innovación también llega al sur: nuevos maíces de ciclo supercorto abren una frontera productiva en la Patagonia y plantean nuevas demandas de infraestructura.
Pero, nuevamente, esta “velocidad” no es acorde con muchas de las respuestas oficiales, especialmente del lado del Congreso y las provincias que, lejos de adelantarse a las necesidades de los habitantes, en más de un caso forman parte del problema al no presentar propuestas o frenar iniciativas que serían de mucha ayuda, como ya ocurrió con propiedad privada, liberación de los ríos, ley de semillas o de biocombustibles, entre muchas otras.
Un ejemplo más sorprendente aún es la obra todavía inconclusa del Plan Maestro del Río Salado, que superó los 25 años y aún tiene unos 35 km por completar (que le corresponden a la Nación) y que ponen en riesgo de inundación miles de hectáreas de las tierras agrícolas más ricas y productivas, en el corazón de la Pampa Húmeda.
¿Qué puede pasar ahora en un ciclo “Niño” muy húmedo?
Pero las diferencias de velocidad son también evidentes entre las provincias.
Y con este escenario, que naturalmente se va a volver a alterar cada vez más en los próximos meses con el recalentamiento preelectoral y el casi abandono del trabajo legislativo en la medida que se acercan las fechas de los comicios, va a transcurrir un 2027 con producción mineral y energética creciente; con un sector agroindustrial que puede volver a repetir los récords de la última campaña; con la gente cada vez más cansada de la “política” de la calle; y con un clima que, si se cumplen los pronósticos, puede materializar un Niño con grandes sequías sobre el oeste e inundaciones en el centro y este, que van a evidenciar, más todavía, la falta de infraestructura y servicios para poder evitar las inmensas pérdidas que sufre la Argentina, no por falta de producción, sino por falta de pensamiento estratégico y de sentido común.