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Premio al esfuerzo: El Cabernet Franc del INTA Trelew fue elegido como el mejor vino del VIRCh.
Una década de aprendizaje a distancia
En los primeros años de ensayos, las uvas cosechadas en Trelew no se vinificaban en Chubut: viajaban hasta el INTA Luján de Cuyo, en Mendoza, para ser evaluadas enológicamente. Era la única forma de conocer el potencial real de frutos producidos en latitudes tan inhóspitas.
Ese período de aprendizaje a distancia duró casi una década. En 2011 se instaló una sala de elaboración en la propia Estación Experimental y el proceso dio un salto cualitativo: por primera vez, los vinos del valle se hacían en el valle. Hoy, esa sala procesa variedades como Pinot Noir, Malbec, Merlot, Syrah, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc, funcionando también como un espacio de aprendizaje colectivo para productores locales.
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Sello orgánico: Casi el 74% de la producción de vino en el valle ya cuenta con certificación orgánica.
La revelación del Cabernet Franc
De todas las variedades ensayadas, el Cabernet Franc resultó ser una de las grandes revelaciones. Las plantas de esta cepa llegaron a la experimental en 2016. "Cuando empezamos a implantarla teníamos dudas sobre su expresión en estas latitudes, pero se adaptó muy bien a las condiciones del VIRCh", reconoció Belén Pugh, ingeniera agrónoma, enóloga y responsable de la elaboración.
El Cabernet Franc es una variedad de ciclo intermedio que, en climas fríos, desarrolla perfiles herbales —pimiento rojo, arveja, menta— combinados con notas de frutas negras. Esa personalidad marcada se convierte en una seña de identidad patagónica. El vino premiado provino de apenas 200 plantas, una escala mínima que hace aún más llamativo el resultado.
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Desafío climático: Los vientos y heladas tardías marcan la identidad de los vinos de Chubut.
El frío como aliado estratégico
Lo que el INTA comprobó es que las adversidades pueden convertirse en virtudes enológicas. El frío extremo y la amplitud térmica generan vinos con una acidez natural elevada y perfiles aromáticos complejos.
Esta experiencia se replica en Sarmiento, otra localidad chubutense que avanza con éxito. Allí, las heladas durante todo el ciclo vegetativo y los vientos fuertes permiten producir vinos con certificación orgánica, alta sanidad y una frescura difícil de replicar en otras zonas del país.
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En el laboratorio: Belén Pugh, enóloga del INTA, lidera la elaboración en la bodega experimental.
El riesgo estructural: la helada
El camino no es lineal. La vendimia 2024 fue un recordatorio de la crudeza del clima: dos heladas tardías (31 de octubre y 1 de noviembre de 2023) afectaron a las plantas en plena floración, destruyendo gran parte de la producción. El volumen de uva que ingresó a la bodega fue un 50% menor al esperado.
El daño de una helada en ese punto del ciclo compromete no solo la cosecha actual, sino también los ciclos posteriores debido a la generación de brotes débiles. Es el riesgo intrínseco de hacer vino en el "sur del sur".
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Futuro del valle: El INTA proyecta una producción de 15.000 litros para las próximas temporadas.
Un sector con vuelo propio
Pese a los retos, las vendimias recientes registran una mayor participación de productores y proyecciones que apuntan a los 15.000 litros por temporada. "Este reconocimiento confirma el potencial de la vitivinicultura del VIRCh y el rol del INTA como articulador de innovación y valor regional", sintetizó Pugh.
Chubut cuenta hoy con 24 establecimientos vitivinícolas (entre bodegas, fábricas de espumante y elaboradores artesanales) y unos 84 productores activos que trabajan cerca de 200 hectáreas. Además del valle inferior, la provincia ya consolidó tres zonas con Indicación Geográfica (IG) reconocida por el INV: Trevelin (2020), Sarmiento (2023) y El Hoyo (2023).
FUENTE: Redacción +P