El negocio nunca fue tan rentable como se esperaba. Los criaderos que fracasaban simplemente soltaban a los animales. Los que sobrevivían tenían instalaciones precarias de las que los visones escapaban con facilidad. A principios de los años setenta, los guardaparques del Parque Nacional Los Alerces comenzaron a registrar una señal de alarma: los visones aparecían cada vez más en las lagunas, y las aves y los coipos desaparecían al mismo ritmo. El negocio había fracasado, pero el problema apenas empezaba.
El golpe final al sector llegó en los años noventa, cuando las pieles sintéticas y el crecimiento de la conciencia conservacionista llevaron a la ruina definitiva de la industria. Los criaderos cerraron en masa. Los animales fueron liberados sin ningún control. La cantidad de visones en estado silvestre se multiplicó de manera exponencial.
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El visón causa pérdidas millonarias en pisciculturas y corrales; también daña el turismo de pesca y observación de aves.
De las jaulas a los 450.000 km²: una expansión sin frenos
Hoy el visón americano ocupa aproximadamente 450.000 km² del territorio argentino continental, desde el paralelo 39° sur en Neuquén hasta el extremo austral de Tierra del Fuego. Su plasticidad biológica es extraordinaria: se lo encuentra en bosques andino-patagónicos, estepas áridas, riberas de ríos, orillas de lagos de altura y costas atlánticas. Cada verano, los machos jóvenes se dispersan y amplían el frente de invasión. Cada invierno, el territorio ganado no se pierde. Los científicos son categóricos: su erradicación ya es imposible.
Lo que hace al visón especialmente peligroso es que carece de grandes depredadores naturales en su nuevo hábitat. El puma y algunos zorros son sus únicos enemigos en la Patagonia continental; en Tierra del Fuego no tiene ninguno. Con una dieta amplia y flexible —aves, peces, roedores, anfibios, huevos—, este carnívoro estricto pero generalista encuentra alimento en prácticamente cualquier ambiente que coloniza.
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Los criaderos más grandes de visón llegaron a tener 30.000 ejemplares; su cierre masivo en los 90 desató la plaga.
Pisciculturas, corrales y turismo: el costo económico del invasor
El daño del visón no es solo ecológico. Su avance genera pérdidas millonarias en la piscicultura patagónica y afecta de manera directa a productores rurales que crían aves de corral. Cuando el visón ingresa a un criadero de truchas o a un corral de gallinas, patos y pavos, no mata lo que necesita: mata todo lo que puede. Este comportamiento, conocido como "surplus killing", convierte cada incursión en una pérdida total para el productor.
El impacto sobre la pesca deportiva y el ecoturismo es igualmente significativo. La Patagonia sostiene una industria de turismo de pesca de clase mundial, con lodges especializados que atraen visitantes de Europa, América del Norte y Asia. El visón depreda truchas directamente en ríos y lagos, afectando los stocks que sostienen esa actividad.
Al mismo tiempo, al diezmar la diversidad de aves acuáticas nativas, daña otro pilar del turismo regional: la observación de aves. Ambas actividades generan empleo y divisas en economías locales que pocas veces tienen alternativas de peso.
A esto se suma la dimensión sanitaria. El visón actúa como reservorio y dispersor de enfermedades como toxoplasmosis y leptospirosis, que pueden transmitirse tanto a la fauna silvestre como a animales domésticos y personas. En Chile, además, se documentó su participación en la diseminación del didymo (Didymosphenia geminata), el alga invasora conocida como "moco de roca", que altera el pH del agua, reduce el oxígeno disponible y degrada la cadena trófica de ríos y lagos patagónicos, con consecuencias directas sobre los recursos pesqueros.
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El visón nada, trepa y caza de noche: sin depredadores naturales, ningún hábitat patagónico le resulta hostil.
El macá tobiano: símbolo de lo que se pierde
Ninguna especie encarna mejor la dimensión del problema que el macá tobiano (Podiceps gallardoi). Esta pequeña ave zambullidora, endémica de la Patagonia Austral y descubierta recién en 1974, fue declarada en peligro crítico de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. En los últimos 25 años, su población cayó más del 80%. Hoy se estima que quedan menos de 800 individuos en libertad, y la reproducción natural es prácticamente nula desde hace varios años.
El visón es una de sus principales amenazas. En 2011, un solo individuo provocó la muerte de aproximadamente el 4% de la población global del macá tobiano en un único evento de depredación sobre una colonia reproductiva. El ave construye sus nidos en plataformas flotantes sobre lagunas de las mesetas de Santa Cruz —un hábitat que la deja completamente expuesta—, y el visón nada, trepa y actúa de noche con igual eficacia.
En mayo de 2025, Aves Argentinas logró un hito histórico: liberó por primera vez tres pichones criados en cautiverio en la Estación Biológica "Juan Mazar Barnett", en el estuario del río Santa Cruz. Fue el resultado de casi una década de pruebas y fracasos. Para los investigadores, la cría ex situ es hoy la mejor —y tal vez única— estrategia para evitar la extinción de la especie.
La falta de depredadores naturales, los costos elevados y la extensión abrumadora del territorio invadido hacen que las acciones de control a gran escala sean escasas. SEl visón americano llegó a la Patagonia para fabricar tapados de piel. Esos tapados ya no se usan. El visón, en cambio, no tiene ningún plan de irse.
FUENTE: Mongabay Latam, SciELO, Red 43, Conicet con aportes de Redacción +P