En los últimos días, Bianchi desvinculó a 17 trabajadores, en lo que desde la compañía definieron como "la desvinculación de un número acotado de colaboradores". Según informó la propia bodega, las indemnizaciones correspondientes fueron puestas a disposición dentro del marco de la legislación laboral vigente, aunque no se precisaron detalles sobre la modalidad de pago.
Este movimiento se inscribe en un proceso de "reordenamiento financiero" que la empresa inició en enero pasado, con el objetivo de evitar el concurso de acreedores. En ese camino, a principios de junio Bianchi alcanzó un acuerdo de standstill con sus acreedores, un mecanismo que implica la suspensión de acciones judiciales de cobro de deudas durante un período determinado.
Sin embargo, ese acuerdo resultó insuficiente para estabilizar la operación. Por eso la firma reconoció haber adoptado "distintas medidas destinadas a consolidar una operación más eficiente, preservar la sustentabilidad del negocio y sentar las bases para su crecimiento de largo plazo".
Motosierra
El ajuste de personal no se agotó en los despidos. Bianchi abrió además un programa de retiros voluntarios al que definió como "una alternativa adicional", en el marco de una "adecuación de la estructura y de procesos internos, con el objetivo de optimizar recursos y acompañar la evolución del negocio". Las condiciones del programa y el nivel de adhesión de los trabajadores no fueron informados públicamente. Dado que la plantilla de la bodega llegó a superar los 300 empleados en su mejor momento, la reducción podría resultar significativa.
En paralelo, la empresa emitió un comunicado en el que reafirmó que la actividad comercial y productiva continúa con normalidad y que sostiene "un compromiso con los clientes, proveedores, colaboradores y consumidores".
El directorio que dejó de existir
El ajuste no se limitó a la planta operativa. La estructura gerencial que hasta 2025 conducía a Bodegas Bianchi prácticamente desapareció. El cambio más resonante fue la salida del CEO Pablo Glogger, quien se fue en mayo y cuyo cargo quedó vacante.
Glogger había reemplazado a su vez a Rafael Calderón, el máximo responsable de la compañía durante los últimos años. A ellos se sumaron otros directores de área que también abandonaron sus funciones.
La tercera generación toma el timón
Ante el vacío de conducción, el manejo de la bodega regresó a manos de la familia Bianchi. Los que hoy llevan las riendas de la empresa son integrantes de la tercera generación: los hijos de Silvia y Raúl Bianchi —herederos del fundador don Enzo Bianchi— y de Aurelio Stradella. Los primos de esta generación asumieron el desafío de pilotear la crisis con un esquema de gestión más directo y familiar, alejado del modelo de administración profesional externa que había caracterizado a la bodega en los últimos años.
La historia de Bodegas Bianchi es la de una empresa centenaria con raíces profundas en el sur mendocino. Su capacidad para atravesar este proceso de reestructuración determinará si esa trayectoria puede proyectarse hacia el futuro.
FUENTE: Redacción +P