Para acceder a la botella gratis, de vino tinto o blanco, no alcanza con dejar el teléfono en el bolsillo del saco, del pantalón o en la cartera. Los clientes tienen que depositar sus equipos en una caja cerrada con llave, ubicada en la entrada del salón, donde lo retiran a la salida como si fuera un guardarropa.
“Los clientes pueden elegir así renunciar a la tecnología mientras aprovechan de un momento agradable y relajado”, indicó el propietario al periódico británico The Guardian.
Desafío aceptado
Considerando que los buenos vinos encarecen de manera significativa el costo de la cuenta, son muchos los comensales que aceptaron el desafío de desprenderse de sus teléfonos por un rato.
Según Lella, el 90% de sus clientes decidió tomar la promoción del vino gratis y dejar su smartphone en el ingreso al establecimiento.
Allí mismo, los clientes pueden participar de otro desafío. Cada uno puede escribir una reseña elogiosa del lugar y dejarlo en una urna a la salida. Quien escriba la mejor reseña recibirá una invitación a comer gratis, con el vino incluido.