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¿Vino antes de dormir? Por qué este hábito arruina tu descanso según una neuróloga

¿Esa copa de vino te ayuda a dormir? Una neuróloga advierte el impacto real del alcohol en el descanso y revela los 3 mandamientos para un sueño reparador.

Miles de argentinos repiten cada noche el mismo ritual: una copa de vino antes de acostarse. La costumbre, que se intensifica durante el verano y las vacaciones, parece inofensiva e incluso placentera. Sin embargo, la neuróloga Stella Maris Valiensi advierte que ese hábito tiene consecuencias concretas sobre la calidad del descanso, y que entenderlas puede cambiar la forma en que dormimos para siempre.

La imagen es tentadora: el día terminó, el calor invita a relajarse y una copa de vino tinto parece el puente perfecto hacia el descanso. Pero la neuróloga desmonta esa idea con precisión clínica. "Tomar una copa de vino induce al sueño, pero puede fragmentarlo", afirmó Valiensi en diálogo con LN+. Su recomendación es contundente: "Lo mejor es no tomar todas las noches".

El mecanismo detrás del problema no es difuso. El alcohol relaja la musculatura, incluida la de la vía aérea superior. Ese efecto, que en apariencia genera somnolencia, en realidad prepara el terreno para la apnea del sueño y la fragmentación del descanso. "Tomarse esa copa de vino representa que se relaje la vía aérea, favorece la apnea y se fragmenta el sueño", enumeró la especialista. Dicho de otro modo: el cuerpo puede dormirse antes, pero no descansa mejor.

El mito de recuperar el sueño en vacaciones

Con la llegada del receso estival, muchas personas asumen que llegó la hora de saldar una deuda acumulada de semanas o meses de mal descanso. La neuróloga destruye esa expectativa con una advertencia directa: "Es importante no creer que uno va a poder recuperar todo el sueño durante las vacaciones".

Valiensi fue más específica. "Si venimos durmiendo seis horas todos los días, no vamos a recuperar todas esas horas perdidas en una semana", señaló. La única excepción parcial aplica a quienes experimentan una privación leve de sueño, segmento en el que, según la neuróloga, se ubican principalmente los jóvenes. Para el resto, las vacaciones ofrecen la posibilidad de establecer mejores rutinas, no de compensar años de déficit acumulado.

Los tres mandamientos del buen descanso

Valiensi sistematizó su experiencia clínica en tres principios fundamentales que, según ella, marcan la diferencia entre un sueño reparador y uno que deja al cuerpo a media máquina.

El primero es el horario regular. "Saber la hora en la cual nos acostamos y la que nos levantamos es clave, y mucho más si se sufre de insomnio", aseveró. La constancia horaria le da al cerebro las señales que necesita para anticipar el descanso y prepararse para él.

El segundo es la exposición solar. "Tratar de ver la luz del día, todos los días a la misma hora, es muy importante", recomendó Valiensi. La luz natural regula el ritmo circadiano, ese reloj interno que coordina los ciclos de vigilia y sueño. Ignorarlo tiene un costo silencioso pero sostenido.

El tercero es la actividad física, con una condición esencial: hacerla durante el día. "Es mucho mejor hacer deporte durante el día, ya que, de hacerlo en horarios nocturnos, se atrasa el horario del inicio del descanso", explicó la neuróloga. El ejercicio nocturno activa el sistema nervioso en el momento en que debería comenzar a calmarse.

El tiempo pasa y el sueño cambia

Uno de los aspectos menos discutidos del descanso es su transformación a lo largo de la vida. Valiensi abordó este punto con claridad: "A medida que envejecemos, el ritmo circadiano va cambiando". Las personas mayores tienden a dormirse después del almuerzo o a acostarse y despertarse más temprano, un patrón que la neuróloga encuadra dentro de la normalidad fisiológica, sin necesidad de patologizar.

El panorama se complejiza cuando aparecen enfermedades asociadas. "El sueño de corrido, cuando se agregan patologías, como por ejemplo el dolor, se fragmenta", indicó Valiensi. Pero el factor edad no actúa solo: "Estas cosas no solo las va a determinar la edad del paciente, sino también las condiciones en las que duerme", subrayó.

El dormitorio como aliado del descanso

El entorno físico tiene un peso que solemos subestimar. Valiensi fue precisa al describir las condiciones ideales para conciliar el sueño: "Lo mejor es que nuestra habitación sea un espacio oscuro, silencioso y, en el mejor de los casos, que no haya ningún tipo de pantallas". Antes de acostarse, la especialista recomienda reducir el consumo de luz y evitar los sonidos altos, dos estímulos que mantienen el cerebro en estado de alerta cuando debería comenzar su proceso de desconexión.

El mensaje de fondo es claro: el descanso no se improvisa ni se recupera de golpe. Se construye noche a noche, con hábitos concretos, entornos adecuados y decisiones informadas. La copa de vino, el horario irregular, la pantalla antes de dormir: cada elección pequeña suma o resta en un proceso que condiciona la salud física, el rendimiento cognitivo y el bienestar emocional de manera profunda y silenciosa.

FUENTE: La Nación con aportes de Redacción +P