Pablo Asens, vicepresidente de COVIAR y director de la unidad de Turismo del Vino, subrayó su impacto transformador: “Hoy el turismo del vino puede cambiarle la vida para bien a un productor o a una bodega pequeña. Por eso es tan importante seguir impulsando su desarrollo”.
Un eje estratégico para el país
El enoturismo es uno de los pilares del Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI) al 2030. Desde COVIAR, en articulación con el Gobierno Nacional y las provincias, se promueven acciones como el plan de marketing “Argentina Tierra de Vinos”, las Jornadas Nacionales de Turismo del Vino —que capacitan anualmente al sector— y la implementación de la Guía de Sostenibilidad Enoturística, enfocada en elevar la calidad de la oferta.
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Pablo Asens, vicepresidente de la Corporación Vitivinícola Argentina.
“El enoturismo es la estrella del turismo argentino y su potencial no tiene límites. Cada vez más bodegas, desde las grandes hasta los pequeños productores artesanales, ven en esta actividad una oportunidad para visibilizar sus productos, recibir visitantes, vender sus vinos y crecer de manera sostenible”, afirmó Asens. Este auge beneficia especialmente a elaboradores que, gracias al turismo, han convertido sus proyectos en pequeñas bodegas viables.
La oferta por regiones
Mendoza lidera el ranking con 232 establecimientos (47,7% del total), seguida por Córdoba con 49 (10,1%), San Juan con 35 (7%) y Salta con 32 (6,6%). Destacan también zonas extremas como Chubut, con 24 bodegas, y Jujuy, con 16, así como provincias no tradicionales para la vitivinicultura, como Buenos Aires (14) y Entre Ríos (9). Esta diversidad territorial demuestra la dimensión federal del enoturismo y su capacidad para integrar regiones dispares.
El crecimiento del turismo del vino no solo fortalece la economía local, sino que también posiciona a Argentina como un destino enológico de referencia mundial, combinando tradición, innovación y sostenibilidad en cada copa.