Desde una perspectiva económica, esta iniciativa es crucial. La polilla de la vid no solo daña racimos, disminuyendo rendimientos en hasta un 30% en áreas infestadas, sino que también impone barreras fitosanitarias que limitan el acceso a mercados clave como Brasil para uva de mesa y ciruela. Al asistir a más de 4.000 productores en esta fase inicial, Iscamen no solo mitiga riesgos sanitarios, sino que fortalece la competitividad exportadora.
Según datos históricos, campañas similares han evitado pérdidas superiores a los 50 millones de dólares anuales en la provincia, al mantener poblaciones por debajo del umbral de daño económico. La distribución gratuita —sin canon alguno— alivia la carga financiera de pequeños y medianos productores, democratizando el acceso a tecnologías de vanguardia y fomentando equidad en un sector donde el 70% de las explotaciones son familiares.
La estrategia es multifacética y escalonada. Tras la TCS, la segunda etapa incorporará tratamientos aéreos en oasis Norte y Este, abarcando viñedos productivos, abandonados y semiabandonados para un control integral. Esto aborda externalidades económicas, como el "efecto spillover" donde parcelas descuidadas propagan la plaga, elevando costos colectivos. La tercera fase priorizará fitosanitarios en el Valle de Uco, mientras que la cuarta aplicará feromonas pulverizables en zonas críticas, optimizando recursos según monitoreo poblacional.
Este enfoque data-driven, con alertas oportunas basadas en fenología y clima, maximiza eficiencia: una hembra de Lobesia pone hasta 100 huevos, potencialmente generando 250.000 descendientes por temporada, lo que amplifica daños exponenciales si no se controla tempranamente.
Para un público experto, resalta el retorno de inversión (ROI) implícito. Inversiones en TCS y monitoreo preventivo no solo reducen aplicaciones de insecticidas —bajando costos operativos en un 20-25%—, sino que alinean con estándares globales de sostenibilidad, atrayendo premiums en mercados ecológicos.
La logística de entrega, en seis puntos estratégicos como San Martín y Tunuyán, asegura cobertura en todos los oasis, con capacitación técnica para optimizar uso. Productores deben verificar listados en www.iscamen.com.ar y presentar documentación como RENSPA y DNI.
En resumen, esta campaña trasciende el control fitosanitario: es una inversión estratégica en resiliencia económica. Al integrar biotecnología con políticas inclusivas, Mendoza no solo protege su PIB agropecuario —donde la vid representa el 15%— sino que modela un paradigma para regiones vitivinícolas globales enfrentando plagas climáticamente sensibles. El éxito dependerá de la adopción masiva, pero los indicadores iniciales sugieren un impacto transformador en productividad y comercio internacional.