Negacionismo vitivinícola: la erradicación de vides es una realidad que empezó hace años
La superficie de vid en Argentina cayó un 12,4% en la última década. Con el consumo en mínimos históricos, la industria busca alternativas frente a la crisis.
La industria vitivinícola argentina atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente, marcada por una retracción estructural de sus viñedos y un consumo interno que ha perforado pisos históricos. Según el Informe Anual de Superficie 2025 elaborado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el país registró al cierre del último año un total de 196.220 hectáreas implantadas, lo que representa una caída de 3.726 hectáreas respecto al año anterior.
Esta tendencia no es un fenómeno aislado de la última campaña. Todo parece indicar que, aunque en Argentina no termina de convencer la estrategia de erradicar vides para sobrellevar el sobrestock, el proceso comenzó hace años.
De hecho, de acuerdo al informe, en la última década (2016-2025), la superficie total de vid en la Argentina ha disminuido un 12,4%, lo que significa la pérdida neta de 27.724 hectáreas y la desaparición de más de 3.700 viñedos.
Esta crisis se ve acentuada por un consumo per cápita interno que en 2025 alcanzó el mínimo histórico de 15,7 litros, muy lejos de los 29,2 litros que se registraban apenas en 2005.
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Mendoza bajo presión: A pesar de liderar la industria, la provincia perdió más de 17.000 hectáreas en los últimos diez años.
Mendoza y San Juan, a la cabeza de las pérdidas
La mayor parte de la superficie vitivinícola argentina se concentra en siete provincias que agrupan el 99,3% del total. Sin embargo, la gran mayoría ha visto retroceder sus fronteras productivas en los últimos diez años.
Por un lado, Mendoza continúa siendo el corazón de la industria con el 71,7% de la superficie nacional. No obstante, ha perdido 17.903 hectáreas (-11,3%) desde 2016. Dentro de la provincia, solo el Valle de Uco muestra signos de expansión (Tunuyán y Tupungato), mientras que zonas tradicionales como San Martín, San Rafael y Santa Rosa han sufrido los mayores arranques.
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San Juan en retroceso: La segunda provincia productora sufrió una caída del 18,6% en su superficie de vid desde 2016. Foto: La Nación.
Por otro lado, San Juan, la segunda provincia productora, concentra el 19,7% de las vides. Su caída ha sido más pronunciada en términos relativos, perdiendo 8.830 hectáreas (-18,6%) en la última década.
Finalmente, Salta da buenas noticas. Se destaca como la única provincia entre las principales que ha logrado crecer, sumando 456 hectáreas (+14,0%) en los últimos diez años.
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Las uvas de vino se pudren en la parra en un viñedo abandonado del Valle Central en Lodi, California. Foto: AFP
El retroceso de Neuquén y Río Negro
La región patagónica, aunque representa una porción menor del volumen total, es fundamental por su perfil de alta calidad y vinos distintivos. Sin embargo, no ha sido ajena a la crisis de rentabilidad y abandono de parcelas.
Neuquén cuenta con 1.508 hectáreas (0,8% del total país). En la última década, su superficie disminuyó un 14,2%, lo que equivale a 250 hectáreas menos. Un dato característico de esta provincia es su escala productiva: posee el segundo tamaño medio de viñedo más grande del país (17,5 ha), solo superado por Salta.
Río Negro es una de las provincias que más ha sufrido la contracción en términos porcentuales. Con 1.260 hectáreas actuales, ha registrado una caída del 23,9% (-395 ha) desde 2016. La pérdida de viñedos en esta zona refleja la presión que enfrentan los productores primarios ante la falta de rentabilidad y la competencia con otros usos del suelo.
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Tendencia global de erradicación: Países como Francia y España lideran planes millonarios para arrancar viñedos ante el sobrestock mundial.
Argentina frente al mundo: ¿Diversificación o erradicación?
El panorama local se enmarca en un escenario global de crisis. Potencias como Francia han anunciado planes para eliminar hasta 100.000 hectáreas de vides hacia 2029, destinando subsidios millonarios para el arranque definitivo de cepas ante la quiebra de bodegas. En Estados Unidos, California ya registra el abandono de más de 40.000 hectáreas, mientras que en España el sector solicita ayudas para arrancar el 10% de su superficie nacional.
Frente a esta tendencia de destrucción de activos productivos, la postura de la industria argentina, liderada por COVIAR, es de resistencia. La estrategia nacional no apuesta a la erradicación masiva, sino a la diversificación. El objetivo es que la uva no se destine únicamente al vino tradicional, sino que potencie mercados alternativos como el mosto concentrado, las pasas y la uva en fresco.
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La crisis de la vitinicultura en una infografía. Gráfico: Notebooklm
Una de las piezas clave para sostener la superficie es la Ley de Edulcoración con jugos naturales. Según referentes del sector, esta norma podría generar un salto tal en la demanda de uvas blancas y comunes que, lejos de sobrar, la industria proyecta que podría empezar a faltar materia prima.
En conclusión, la vitivinicultura argentina se encuentra en un punto de inflexión. Mientras el mundo arranca vides, el país intenta reconvertirse hacia vinos más suaves, dulces y de menor graduación, apostando a la innovación y a nuevas herramientas legislativas para evitar que la pérdida de superficie se convierta en una tendencia irreversible. La meta es clara: recuperar la rentabilidad del productor primario para que el viñedo argentino siga siendo un motor productivo sostenible.