El ministro del área, Guillermo Koenig, “este programa es retroactivo al primero de enero, así que en el caso de los que hayan pagado sus facturas, se les va a generar un saldo a favor para próximos consumos” y destacó la novedad de que también “incluimos a los pequeños productores”.
Además, se anunciaron líneas de crédito a través del Consejo Federal de Inversiones (CFI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por montos que superan los $4.000 millones. Estas líneas están destinadas a poda, adquisición de maquinaria agrícola y mejoras en infraestructura productiva.
Un giro necesario, pero insuficiente
La apuesta por la eficiencia energética y el financiamiento agrícola responde a un desafío estructural: Neuquén concentra gran parte de sus ingresos en la explotación de Vaca Muerta. Aunque este recurso continúa generando divisas y empleo, la volatilidad de los precios internacionales y la transición energética global plantean riesgos para la sostenibilidad fiscal a mediano plazo.
En este contexto, no sorprende que varios economistas adviertan que la diversificación productiva requiere inversiones sostenidas, innovación tecnológica y mercados estables. En este sentido, la incorporación de incentivos energéticos y créditos es un paso, pero no resuelve problemas estructurales como la concentración geográfica de la producción, la falta de infraestructura logística y la exposición a variaciones climáticas en la fruticultura.
El desafío para Neuquén será mantener el equilibrio entre los ingresos hidrocarburíferos y el desarrollo de nuevas cadenas de valor. Si bien los programas anunciados aportan señales de cambio, su impacto dependerá de la continuidad de las políticas, la capacidad de ejecución y el acceso efectivo al financiamiento por parte de pequeños y medianos productores.
Fuente: Neuquen informa