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Riesling en Patagonia: El tesoro de 90 años que hoy envejece bajo el mar

El Riesling en Río Negro: de viñedos de 1937 a la innovadora crianza submarina. Descubrí cómo este tesoro patagónico logra su identidad única en el suelo austral.

Originaria de Alemania, la Riesling es una uva que va ganando mercado y hectáreas cultivadas en nuestro país. En Río Negro está presente desde la década del 30 en el Alto Valle y Valle Medio. En las aguas del golfo San Matías parece haber encontrado el lugar perfecto para su añejamiento.

Aunque suele asociarse a los paisajes europeos, el Riesling encontró en la provincia de Río Negro un terruño excepcional. Es como una perla que poco a poco se va dando a conocer para deslumbrar a quienes la prueban.

Nadie sabe a ciencia cierta cómo, pero sí se sabe cuándo: 1937. Ese fue el año en el que Humberto Canale trajo —presuntamente desde Alsacia, Francia— las plantas de Riesling que aún se conservan y dan frutos de altísima calidad.

“Estoy convencido de que un viñedo no es bueno por ser viejo, sino que llega a ser viejo porque es bueno”, asegura Horacio Bibiloni, enólogo de la histórica bodega Humberto Canale, donde trabaja desde hace más de dos décadas. Este parral de casi un siglo representa un misterio técnico: fue plantado combinando filas de Riesling y Cabernet Sauvignon, “posiblemente buscando una polinización cruzada”.

Parras nevadas. Humberto Canale

Vides históricas: El parral de riesling plantado en 1937 que aún produce uvas de alta calidad. Foto: gentileza.

El despertar

En la década del 70, Humberto Canale vinificaba el Riesling como varietal único, pero luego, por décadas, se usó en cortes de vinos blancos genéricos. Sin embargo, en 2009 la bodega comenzó a buscar un perfil propio que reflejara las bondades del terruño rionegrino: la ausencia de lluvias, los vientos constantes y una amplitud térmica que permite cosechar sin que el calor apure la madurez.

En 2011, con el lanzamiento de la línea Old Vineyard, se puso finalmente en valor este patrimonio vivo. “Es un viñedo de 90 años que sigue en producción. Es uno de los que más cuidamos”, explica Bibiloni. La producción es una joya limitada: apenas unas 5.000 a 6.000 botellas anuales provenientes de una hectárea y media de vides.

Degustación. Videla Dorna

Maridaje ideal: La versatilidad del riesling para acompañar pastas, carnes blancas y picadas. Foto: gentileza.

Derrotero por los valles para descansar en el mar

La historia del Rriesling en la provincia también tiene un capítulo importante en la zona de Beltrán y Lamarque. Carlos “Carloto” Videla Dorna cuenta que en 1958 la firma Chandon realizó estudios de suelo y mercado, decidiendo implantar varios varietales en la zona del Valle Medio. Tras la partida de la empresa, esos viñedos pasaron por diversas manos hasta que Carloto e Ignacio (su hermano, con quien trabajaba en sociedad) retomaron el proyecto en 2006, recuperando parrales de 1958 que hoy producen en la zona de la isla grande de Choele Choel.

Como parte de la línea Calfulen, la bodega produce también partidas limitadas de este varietal, aunque espera poder ampliarla en las próximas temporadas.

Para Carloto, la tipicidad del Riesling local es inconfundible y compleja, marcada por un suelo franco-arenoso. “Es difícil de interpretar cuando lo estás tomando; sugiere olor a petróleo cuando lo empezás a tomar... Esa rareza para nada se traduce en la boca”, describe sobre las notas características de esta variedad.

Afirma el vitivinicultor que, a diferencia de los tintos, este blanco requiere una intervención mínima para no opacar su esencia. Es por eso que Carloto opta por embotellar rápido y no hacer vinos de reserva para evitar que se modifiquen los aromas naturales. “Con barrica invadís con madera cosas que no querés tapar”, sostiene.

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Crianza submarina: Botellas de riesling reposando en las aguas del golfo San Matías, en Las Grutas. Foto: gentileza.

El golfo que acuna nuevos tesoros

Sin embargo, una nueva experiencia, surgida de un proyecto estatal, le está dando al Riesling de Videla Dorna un nuevo producto. La cava submarina fue instalada en las profundidades de las aguas del golfo San Matías, en las proximidades de Las Grutas. Allí, una veintena de bodegas depositaron en jaulas sus vinos en el mes de diciembre y las rescataron en febrero.

Según Carloto, el resultado del añejamiento es sorprendente: “El cambio es muy interesante. El vino es rico y cambió para mejor; toda esa complejidad está en una sola cosa”.

Con la cosecha 2026 en marcha, los productores coinciden en que el Riesling está dejando de ser un desconocido. Su versatilidad para maridar con pastas, picadas o carnes blancas lo posiciona como un favorito emergente.

Lo que nació hace casi un siglo como una apuesta incierta en el norte de la Patagonia se consolida hoy como una joya con identidad regional. Entre parrales antiguos y cavas submarinas, el Riesling rionegrino demuestra que el tiempo, lejos de desgastarlo, lo perfecciona.