Vino de Argentina: Más producción y exportaciones, pero rentabilidad en caída libre
¿Puede un sector producir más, exportar más y aun así terminar el año en crisis? La vitivinicultura argentina cierra 2025 con números récord, pero el semáforo en rojo.
El Semáforo de Economías Regionales elaborado por Coninagro mantiene encendida la luz roja para el complejo vitivinícola al cierre de 2025. Los datos correspondientes a octubre, los últimos disponibles antes de fin de año, revelan un panorama paradójico. El sector registra mayor volumen de uva procesada, mayor elaboración de vino y mayores ingresos por exportaciones en comparación con el año anterior. Sin embargo, los productores enfrentan márgenes comprimidos y una rentabilidad en declive pronunciado.
En octubre, el precio promedio pagado por litro de vino varietal al productor alcanza los $404, lo que representa un incremento del 32% respecto de septiembre, pero solo un 17% por encima del mismo mes de 2024 ($346). Los costos operativos, que incluyen combustible, agroquímicos, salarios, envases y energía, avanzan a un ritmo significativamente superior. Esta disparidad genera la principal fuente de alerta en el componente de negocio del semáforo.
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Números paradójicos de la campaña 2025
La campaña vitivinícola 2025 presenta indicadores contradictorios. La superficie implantada con vid disminuye un 2%, hasta las 200 mil hectáreas. A pesar de esta reducción, la producción total aumenta un 4% y llega a los 19,9 millones de quintales, impulsada por rendimientos excepcionales por hectárea. En condiciones normales, un mayor volumen de oferta tendería a presionar los precios a la baja. No obstante, el consumo interno muestra una recuperación moderada, con 19 litros per cápita anuales y un crecimiento interanual del 17%. Las exportaciones, por su parte, ascienden a 957 millones de dólares, con un incremento del 17%.
Estos avances positivos no logran compensar el impacto de la inflación en los costos. El sector permanece en zona crítica, compartiendo el semáforo rojo con actividades como yerba mate, arroz, papa, hortalizas y algodón.
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El impacto crítico de las importaciones
Uno de los factores más alarmantes para los productores reside en el crecimiento explosivo de las importaciones. En los primeros diez meses de 2025, estas alcanzan los 44 millones de dólares, un 170% más que en el mismo período de 2024 y el doble del promedio histórico de la última década.
Los vinos provenientes principalmente de Chile, y en menor medida de España y Portugal, ingresan al mercado local con precios altamente competitivos. Esta competencia externa ejerce presión adicional sobre el consumo interno y agrava la compresión de márgenes para los elaboradores nacionales.
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Contexto general de las economías regionales
En el tablero agregado de Coninagro para octubre, se observan 6 actividades en verde (bovinos, porcinos, aves, ovinos, granos y apicultura), 7 en amarillo y 6 en rojo. La apicultura destaca como la gran sorpresa positiva del mes, con precios que suben un 33%, exportaciones que crecen un 32% y un incremento del 14% en el número de colmenas.
A nivel nacional, las economías regionales acumulan exportaciones por 48.420 millones de dólares entre enero y octubre, un récord que representa un 61% por encima del promedio de la década. Sin embargo, esta concentración revela desigualdades estructurales: el 78% de ese monto corresponde exclusivamente a los granos. El resto de las producciones, incluyendo la vitivinicultura, aporta apenas el 13,5%.
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Perspectivas para 2026: Un sabor agridulce
Para los viñateros y bodegueros de Mendoza y San Juan, el 2025 que concluye deja un balance ambivalente. El mundo recibe mayor volumen de vino con etiqueta argentina, pero los ingresos en el bolsillo del productor primario disminuyen. Sin ajustes rápidos en los precios internos o una desaceleración marcada en los costos, el semáforo de Coninagro amenaza con permanecer en rojo durante una porción significativa de 2026.
El sector vitivinícola enfrenta desafíos estructurales que demandan respuestas coordinadas. La recuperación del consumo interno, el control de las importaciones y la mejora en la competitividad cambiaria emergen como prioridades para revertir la tendencia actual. Mientras tanto, los productores cierran un año de esfuerzo intenso con rentabilidad en retroceso, en un contexto donde los indicadores macro positivos no se traducen en beneficios directos para la base productiva.