Esa filiación es la que conduce a una segunda singularidad. Estamos ubicados en el nuevo mundo, como se denominó a América, pero en rigor los usos y costumbres con el vino son de raíz europea, más del viejo. Dos datos de contraste para entender esta ecuación. En 1910 las bodegas elaboraban a todo vapor vinos que se vendía en el litoral y Buenos Aires, cuando otros países del nuevo mundo, como Australia o Nueva Zelanda, aún no tenían ni un ápice de este modelo de consumo. Para la década de 2000, parte de esa producción, la Argentina se vio forzada a exportar –con números de consumo de vino en torno a los 30 litros per cápita– y es cuando nuestro país entra el gran comercio del vino, del que ya participaban otros países factoría como los de Oceanía y Chile. Ahí es donde más se nota el contraste entre nuevo y viejo mundo del vino y el lugar intermedio de la Argentina.
Vino- brindis- copa
En Argentina hay 207 mil hectáreas con viñas.
Y he ahí otra singularidad que hoy se observa con mayor claridad. Si esas potencias de la exportación –Chile es hoy el cuarto a nivel mundial, Australia el quinto, liderados por Italia, España y Francia, medidos en volumen– Argentina ocupa un cómodo octavo lugar, un poco menos de la tercera parte de lo que exporta Chile. Significa esto que somos menos conocidos afuera, pero que tenemos un corazoncito capaz de sostener una producción que es en rigor la quinta a nivel mundial. Con el vaso medio lleno, ahí hay una oportunidad de éxito. Medio vacío, diríamos que hemos perdido el tiempo.
Pero esa es justamente la singularidad entre todas ellas. En Argentina hay un mercado de vinos. Se compran y venden botellas, se beben vinos en restaurantes y en las casas, se elige una copa de vino como aperitivo y se descorchan burbujas para los festejos. Eso significa que, a diferencia de otros países exitosos en la exportación, el vino en Argentina tiene su propia cantera de gustos. A comienzos de 1990, en que la pregunta era qué buscaba el mundo, la respuesta fue un estilo global de vinos que hubo que aprender a hacer. Hoy la cuenta es otra: Argentina ofrece lo que bebe y eso el mercado lo premia. Primero porque ese mercado hace sustentables los proyectos de pequeña escala hasta que adquieren momentum, segundo porque en los gustos de este mercado se pueden ver reflejados otros, con otras tendencias. Y eso hace que sea atractivo para un bebedor de Estcolmo o de Edimburgo, zambullirse en los sabores del sol de los Andes para descubrir cosas.
Y si de descubrir se trata, la quinta singularidad de este país en materia de vinos viene a dar con la llave. Con unas 207 mil hectáreas de viña repartidas entre 24 mil viñedos, y con la excepción de Santa Cruz y Tierra del Fuego, no hay provincia en la que no hay al menos un puñado de viñas para convertirlas en vino. Por supuesto, Mendoza da cuenta del ¾ partes, pero ya no alcanza con nombrar Mendoza como un todo. Están Luján y sus distritos, el Valle de Uco y sus parajes y flamantes IGs, los rincones del llano y del sur. Y lo mismo ocurre para San Juan, casi 1/3 del total nacional, donde los valles de la cordillera traen sus sabores. O los rincones del Valle Calchaquí o de la Patagonia.
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El vino argentino es menos conocido que el chileno en el exterior. Foto: Freepik
Como sexta singularidad, está el Malbec en todas ellas. Un vehículo para reconocer los estilos y los límites de los lugares, que además prácticamente no está plantado en ningún otro lugar del planeta. Si Argentina tiene unas 46 mil hectáreas de Malbec, Francia da cuenta del 10% de ellas y Chile un poco menos aún. Y nos gusta mucho el Malbec.
Si faltaba un dato para cerrar la idea de que Argentina celebrase su día del Vino Bebida Nacional, es que, de punta a punta del país, unas 280 mil personas trabajan directa o indirectamente en la producción y venta del vino, en sus eslabones de integración con otras industrias e insumos, en la logística y tal. Algo así como el 0,6% de la población tiene algo que ver con el vino como modo de vida. Eso es una séptima singularidad. De modo que hoy, 24 de noviembre, motivos no deberían faltar para brindar con una copa de vino. Si la vemos medio llena, es todo festejos. Pero si la vemos medio vacía –con un consumo anual de 18 litros, dificultades financieras y mercados por conquistar– quedan muchas más cosas por hacer aún para hacer más grande todavía a este rincón del mundo del vino.
De viaje: MW’s en Argentina
La semana del 9 al 18 de noviembre visitó los viñedos de nuestro país una delegación de Masters of Wine. Entre los 27 expertos en vinos que recorrieron las bodegas y viñedos estaban compradores, importadores y retailers del USA, Canadá, Finlandia y Reino Unido. Organizado por Wines of Argentina, durante su estadía asistieron a 9 seminarios donde pudieron apreciar el nivel en el que trabajan hoy los productores.