El vino tinto fue el principal impulsor de esta recuperación, con un aumento del 15,4% en el acumulado anual, mientras que el vino blanco registró una caída superior al 25%. En el trimestre enero-marzo, las ventas de vino tinto crecieron un 13,2%, en contraste con una baja del 10,2% en los vinos sin color.
En cuanto a los tipos de vino, los varietales lideraron el mercado, con un crecimiento superior al de los vinos sin mención varietal en todos los períodos analizados (anual, mensual y acumulado). Por formato, la botella tradicional consolidó su preferencia, incluso por encima de envases económicos como el tetra brik. Un dato curioso es el repunte de la damajuana, un formato que había perdido terreno, pero que creció un 22,2% interanual y un 8,7% en el acumulado.
¿Qué explica este repunte?
El aumento en las ventas parece responder a un equilibrio favorable entre el sabor, la calidad, el precio y la diversidad de los vinos argentinos, factores que han impulsado la demanda. Los especialistas destacan que es pronto para confirmar si esta tendencia se consolidará en el semestre, pero el panorama es alentador. Con un optimismo moderado, el sector vitivinícola confía en que 2025 será un año positivo para las ventas en el mercado interno.